YouTube anoche fue una fiesta

La única razón de ser que le quedaba a la televisión era el broadcast, la capacidad para transmitir en vivo aquellos acontecimientos que grabados pierden toda la magia. Un partido de fútbol, elecciones presidenciales, un show musical o a los bomberos rescatando un gatito. Todo lo demás, a esta altura ya está clarísimo, es on demand.

La transmisión en vivo y en directo del festival de YouTube tuvo a millones de espectadores de todo el mundo conectados mirando y comentado las actuaciones de los músicos y los performers convocados por Google para el show.

Con cada aparición de las celebridades de YouTube se desplomaba el arsenal simbólico de la televisión. “¡Apaguen la TV y enciendan YouTube!“, se escuchó en varias oportunidades.

Otras referencias, otros chistes y un despliegue narrativo que no sólo nada tuvo que envidiarle a la transmisión de la entrega de los Oscar, sino que además ofrecía a los usuarios tres perspectivas opcionales para ver el show: main stage, backstage y off stage. No me sorprendería que en próximas oportunidades nos encontremos con el mapa de cámaras y podamos elegir en tiempo real desde cuál queremos mirar.

Aun con la desvencijada banda ancha limeña y wifi abierto a quien quiera conectarse, la transmisión fue impecable, incluso viéndola en la mejor calidad. Fueron contadas las veces que el audio se cortó o la imagen quedó freezada.

Si fuera productor de televisión, no sé a qué le tendría más miedo: si a la caída de la publicidad que se aproxima o a éste tipo de happenings digitales, que no pretenden emular a la TV sino que la llevan a otra esfera haciéndola mucho más participativa e infinitamente menos costosa.

La televisión como medio no va a desaparecer. Pero el televisor como soporte va directo al cielo del olvido, como el “Malevo” Ferreyra.