Web 2.0 Web 2.1: Qué hay de nuevo

Nos ha llevado mucho tiempo hablar de la Web 2.0 y entendernos. Mucho más tardamos en ponerle nombre y, encima, casi que no nos gusta. Pero ahí está y todo parece ser 2.0, a tal punto que resulta muy difícil pensar en la web sin esa categoría. Sin embargo, es menos rupturista de lo que nos inventamos, aunque por cierto mucho más cómoda y menos vertical que la vieja web amuralla por los webmasters.

Sucede que nada es para siempre y que sería deseable no anestesiar la sensibilidad que nos llevó a impulsar ese cambio. Porque como ha pasado hasta ahora, primero son las tecnologías e inmediatamente después la apropiación y el uso los que modelan los cambios y pueden dar soporte al alicaído server teórico académico que corre detrás de estas cuestiones. Probablemente con una exquisita excepción llamada Scott Lash y sus libros Crítica de la Información y Global Culture Industry, que comentaré en un próximo post.

Comienzan a emerger una serie de aplicaciones que superan lo que hasta ahora entendimos como Web 2.0, que ponen un link hacia el futuro y adelantan como una metáfora apurada una nueva lógica cultural alrededor de la construcción de identidad y el cliché de “agregar valor”.

Me refiero específicamente a la bisagra que están abriendo el uso de servicios/aplicaciones como JumpCut, Feevy, y Twitter, entre algunas otras, con más o menos usuarios, con tanta o tan poca apropiación.

Para decirlo en dos palabras: en la Web 2.0 no importan tanto los usuarios como la calidad de los contenidos. Aquí lo de la calidad es relativo: puede ser también lo más votado o lo más premiado, o lo más reconocido como tal… y así. De hecho muy pocos interpretaron la famosa tapa de la revista Time con el personaje del año “You” como un “Ustedes”. Ahí todos leyeron “Vos”, “Tu”. El único despierto el día de la tapa de Time fue Mariano.

La lógica de la Web 2.0, y quizá también su gran acierto, es la de compartir, la de mostrar. La Web 2.0 dice “mirá esto”. La Web 2.1 dice “Hagamos algo”. Lo que tenemos ante nosotros, lo entiendo como una lucha de metáforas. Mientras en la Web 2.0 creamos un ideal bondadoso del compartir, en la Web 2.1 nos embarramos en el la empiria del coproducir. Mientras en la Web 2.0, lo importante es compartir y ser reconocido, en la 2.1 es coproducir y diferenciarse.

Si las cosas han cambiado hasta ahora, mucho más se/nos transformarán en la próxima década. Porque lo que veo en el fondo de las procelosas aguas de la red como emergente de una nueva lógica cultural es el paso paulatino de la representación a la presentación, del valor de cambio al valor de uso, de la materialidad al diseño, de la extensión a la intensidad, de la prolongación a la inmersión. En palabras de Lash: de la manufactura a la informacionalización.

La Web 2.1 comienza a expresar un nuevo perfil de usuario que comparte, ya no como un fin en sí mismo sino como una acción sine qua non para diseñar, para editar. No comparte para que lo vean, produce para diferenciarse. No busca calidad rankista, produce diferencia. No busca pertenencia, produce disrupción. Por ejemplo, no enlaza contenidos, enlaza personas. Eso es Twitter y Feevy en acción, según los usuarios. Esta semana Eduardo lo dijo sin rodeos en su Twitter y más directa no podría ser su declaración: “Borrando más personas que usan scripts para publicar nuevos posts de sus blogs en sus Twitters. Me suscribí a la persona, no al blog!!!!”

Tenemos que (re)leer Crítica de la Información de Lash y Global Culture Industry. Ahí encontraremos algunas de las claves que pondrán links de ida y vuelta entre cosas a priori tan distantes como los mundos virtuales, los videojuegos, el fabbing y este nueva generación de usuarios. ¿Qué hay de nuevo en el fondo? Lógicas culturales que dinamitan la lógica industrial moderna, la valoración de los objetos y, sobre todo, las formas de “agregar valor” y “construir identidad”.

Algo está cambiando en el fondo y nadie sabe qué es. Pero un tipo en occidente tiene la pista. Se llama Scott Lash y de su último libro hablaré en el próximo post.