Volviendo a la historia. Rehaciendo el porvenir. Sociedades del saber y del conocimiento

Armand Mattelart, miembro del consejo científico de ATTAC Francia, autor ?entre otros libros? de Historia de la Sociedad de la Información (2002), y que actualmente despliega su artillería de pensamiento como presidente del Observatorio de Medios de Francia (Observatoire français des médias), estuvo en la Argentina con motivo del coloquio ?Democracia y Ciudadanía en la Sociedad de la Información: desafíos y articulaciones regionales?, organizado por la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba y auspiciado por la Embajada de Francia, la Alianza Francesa y la Agencia Córdoba Ciencia.Como en el citado libro, Mattelart se refirió en la conferencia al polémico y problemático concepto de ?Sociedad de la Información?. Critica el concepto hegemónico de ?información?, contenido por la construcción geopolítica de la noción de Sociedad global de la Información que postula una perspectiva instrumental y estadística que despoja al término de toda su concepción de ?memoria? y de ?cultura? de los pueblos para polarizarse meramente en lo que tiene que ver con el ?canal?, de manera de hacer sustentable la idea de un futuro postindustrial y con ello, por supuesto, la tesis del fin de las ideologías. Esas teorías son las que Mattelart sintetizó como las ?tecnoutopías? que durante la segunda mitad de los años noventa vivieron en la imaginación de muchísimas personas y en algunos proyectos políticos que actualmente agonizan. Pero a la vez eran enarboladas como banderas o caballitos de batalla para producir una aceleración de la liberalización del mercado de las telecomunicaciones, de la mano, como podíamos prever ?y hoy ya comprobar? del G-7 y de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Pero la crisis del ?todotecnológico? ?otro concepto de Mattelart? y de la tecnoutopía no tardó en manifestarse. Con el comienzo del nuevo milenio, es decir, después de los atentados a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001, todo se complicó y la desenvoltura con la que se hablaba sobre la sociedad de la información comenzó a complejizarse y a entrar en crisis, incluso los actores mismos y los protagonistas de esa sociedad soñada y pensada para la comercialización se fueron desvaneciendo. Según Mattelart, ?lo más importante es que con lo sucedido el 11 de septiembre vuelve la cara oculta de la sociedad de la información. Es decir, la sociedad de control?.

Por si quedaba alguna duda sobre la disrupción conceptual después de los atentados del 11-S, llegó la invasión a aliada a Irak. Y Mattelart sostiene que el mito de la sociedad de la información terminó de derrumbarse por completo con ese hecho: ?El conflicto, en efecto, ha vuelto a poner de relevancia los retos geopolíticos a largo plazo vinculados al control del aprovisionamiento energético?, explicó. Según el presidente del Observatorio de Medios de Francia, esto y la guerra en Medio Oriente terminaron de refutar la tesis del ?fin de las ideologías?, a partir del surgimiento del mesianismo religioso. Además, Mattelart subrayó la inviabilidad que representa actualmente la pretensión de Estados Unidos de ?representar un polo cultural que puede irradiar a través del mundo?. ?La inercia de las fuerzas armadas frente al saqueo de los museos y la quema de bibliotecas en Bagdad, en contraste con la custodia de los pozos de petróleo, ha puesto de relieve el valor que la doctrina de la global war ?guerra contra el terrorismo / guerra permanente / guerra preventiva? atribuye a la historia, la cultura y la memoria de los pueblos?.

   Como producto de esta crisis y su consecuente transformación violenta de los espacios, han emergido nuevos actores que, poco a poco, comienzan a proponer nuevos vértices de una idea muy general de un modelo de desarrollo diferente e integrador. En última instancia, dice Mattelart en el libro Historia de la Sociedad de la Información, pensar e implementar un modelo de desarrollo diferente sigue siendo un desafío que trasciende la cuestión de la sociedad de la información. ?La noción de información ?advirtió? ha movilizado a muchos sectores en sentido crítico para plantear alternativas.? Las nuevas posturas, en general, se oponen a las propuestas de ?modernización? de los gobiernos que buscan por vías múltiples generar un ?ambiente propicio? para que las grandes empresas del capitalismo financiero inviertan y acaparen el prometedor mercado de las comunicaciones, como ocurre actualmente ?e intentan que siga ocurriendo?, amarrado por los tentáculos de la OMC. En ese sentido, Armand Mattelart subrayó los aportes que están realizando las organizaciones de la sociedad civil, sobre todo las que tienen que ver con la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, cuya segunda fase se celebrará en el 2005 en Túnez.

De todas formas, Mattelart reconoce sin tapujos ?lo cual no implica debilidad como muchos creen, sino todo lo contrario: fortaleza y capacidad de reconocer las dificultades de un panorama harto complejo? las complicaciones de ?ir más allá?, porque evidentemente con lo que se está haciendo no alcanza o; la situación incluso puede ser peor, no funcionar como esperamos. Aun en la organización ATTAC France y en el Observatorio, integrado por investigadores, periodistas y usuarios, reconoció que ?no es fácil ir más allá del análisis e incorporar en un proyecto político toda la crítica de la sociedad?, y agregó que ?la parte más interesante de la declaración de la sociedad civil organizada es la que se refiere a la diversidad, no en términos de tener medios alternativos comunitarios sino de pensar el sistema comunicativo a partir de la noción de servicio público?, idea que no sólo resulta difícil de pensar sino también de vehiculizar de manera generalizada.

Presiones políticas, gubernamentales y privadas se interponen en el camino. La pronunciada concentración de los medios pone en evidencia en cualquier parte del planeta la problemática de la diversidad cultural. Mattelart alertó en ese sentido sobre lo que ocurrió recientemente en Francia: dos empresas de armamentos adquirieron ?el 80 por ciento de los medios de prensa?. Las transacciones financieras especulativas de capitales a escala global también tienen su micromundo en los medios de comunicación. Es por ello que una de las propuestas del Observatorio que dirige Mattelart es cobrar un impuesto ?una especie de Tasa Tobin adaptada a ese terreno? a las ?inversiones? en materia de publicidad en los megamedios, una forma de hacer más viable la idea de los medios de comunicación en tanto ?servicio publico?.

Es frente a esos escenarios de concentración neoliberal donde la presión civil se resignifica y se vuelve práctica y eficiente aunque, por supuesto, con límites. De todas formas recientemente se ha ganado una pequeña batalla: el Parlamento Europeo acaba de emitir una resolución instando a la Comisión Europea y a la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información a incluir la noción de ?servicio público? y plantear ?la necesidad de luchar contra la concentración? de medios de comunicación. ?Los bienes públicos mundiales son cosas a las cuales los pueblos tienen derecho. Deben ser producidas o repartidas, o distribuidas? en condiciones de equidad y libertad, cualquiera sea el estatuto de las empresas que desarrollan esta misión. Los derechos universales humanos y ecológicos son su regla; la democracia, la exigencia permanente; y el movimiento social, la fuente?, explicó Mattelart.

Otra pequeña batalla ganada que tal vez pueda traducirse en un puñado de derechos recuperados es la reciente incorporación por la Unesco del término ?sociedades del saber y del conocimiento?. Al respecto Mattelart señaló que ?no puede haber sociedad global de la información. Es un mito. Puede haber sociedades del conocimiento porque cada país se introduce en el universo tecnológico a partir de su cultura, su historia y la especificidad de sus instituciones?. Esto implica un cambio radical respecto de la postura de la OMC, que pretende comercializar la cultura y todo lo que de ella se desprende como uno más de sus servicios.

Algo muy importante para tener en cuenta cuando pensamos en estas cosas ?las mismas y distintas, todo al mismo tiempo? es que, tal como Mattelart se encargó de recordar, son principios que están explicitados desde 1948 en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Convención Internacional sobre los Derechos Cívicos y Políticos que fue adoptada en 1967, y que han ratificado alrededor de 150 países. ?Esto quiere decir que nada es nuevo, muchas veces hay acumulaciones que se olvidan. La vuelta a la historia es también el respeto por todos aquellos que lucharon en su momento por más democracia?. La ?desenvoltura que impera en los discursos? sobre la sociedad de la información deber sometida a la más severa crítica, pues muy frecuentemente está basada en la ingenuidad política y en el desconocimiento histórico del proceso de unificación del mundo, como si hubiese nacido hace un par de décadas.

La intención de desarticular el mito de la Sociedad Global de la Información tiene evidentemente una relación directa con los procesos políticos y culturales que llevan en marcha más de un siglo y no solo unas décadas, como muchas veces se afirma, o para ser más precisos, es en sí una cuestión, una disputa política. La velocidad pretende ser presentada como ?juicio de autoridad? que funda un mundo ajeno a toda ley, en el que ?está abolida la cosa política?. El mundo tiene entonces otros protagonistas que no dejan de ser lo que eran sino que transforman su condición en sí pero no la lógica de su interrelación. Antes los winners y los losers. Ahora los ?rápidos? y los ?lentos?. Se corresponden las categorías y se hermana lo esencial de su relación: el dominio.

La dictadura del tiempo corto reconoce y pondera la novedad, la presenta como revolucionaria pero no piensa, evidentemente, porque no advierte lo estructural de esos procesos en curso desde años, años y años. De nuevo, no se explica desde las malas intenciones, ni siquiera desde la ausencia de sentido crítico; responde invariablemente a la pereza intelectual.

Comprender profundamente la dimensión política del entramado cultural que efectivamente constituye el concepto de ?información?, de ?sociedad global de la información? y el de ?sociedades del conocimiento? será un paso irrecusable para cambiar las cosas. Planteará, además, la necesidad de enmarcar esa lucha en las reivindicaciones del llamado campo popular y de los movimientos sociales y de resistencia global, aceptando que esas luchas son anteriores a las nuevas tecnologías aunque con ellas se evidencie o generalice la conciencia, y sobre todo comprendiendo que ni la resistencia ni la construcción alternativa pueden llegar a buen puerto si efectivamente no están articuladas, o si se han abandono a la fragmentación esnob que aún está latente y que en todo caso se encuentra en contradicción misma con los ideales predicados, otra forma de sostener las mercantiles esperanzas de quienes apuestan a liberar los mercados y a crearlos donde no los hay ni debería haberlos.

En este sentido, la iniciativa de organizaciones y movimientos, como ATTAC en este caso, que se apropien del tema resulta altamente eficaz para al menos pensar conjuntamente proyectos políticos integrales. El acercamiento y la articulación de las organizaciones de software libre, por ejemplo, con movimientos políticos y sociales son necesarios y urgentes. Sabemos que es difícil, porque hay que tener grandeza y humildad para poder decir ?solos no podemos?. Habrá que establecer, entonces, consensos mínimos para que muchos mundos sean posibles en el mundo, para que muchas sociedades del saber sean posibles en la sociedad del conocimiento.

Las declaraciones de Armand Mattelart fueron tomadas de www.adital.org.br