Vayan a ver Trelew

La fuga que fue masacre

Vayan a ver Trelew, la película de Mariana Arruti que acaba de estrenarse en Rosario. Consiganla. Quizá ya circula por las redes P2P, o la pueden ver en algún cine de la ciudad donde vivan. ¿La tendrá el videoclub? Preguntemos, que lo vale.

La fuimos a ver este sábado, y nos encontramos con un documental que documenta, una historia que narra, con periodismo que informa, que aclara, que salta los lugares comunes haciendo de sí una bisagra periodística para el abordaje de los setenta.

Lean la sinopsis, e insistimos, vayan a verla:

En 1972, durante la dictadura militar del Gral. Lanusse, las cárceles de Argentina estaban repletas de presos políticos. Miembros de organizaciones armadas revolucionarias confinados en el penal de máxima seguridad de Rawson a 1500 km. de Buenos Aires, en medio de la Patagonia Argentina, planean una fuga masiva de presos políticos.

El objetivo era golpear y debilitar a la dictadura militar y acelerar el proceso de llamado a elecciones. Aunque 6 prisioneros logran fugar y tomar un avión que desvían al Chile socialista, otros 19 son atrapados y fusilados una semana después en las puertas de sus celdas en una Base Militar de la Marina.

Trelew es un punto de quiebre, una amenaza, un presagio de lo que luego será la represión brutal del estado durante la dictadura militar vigente en el país de 1976 a 1983.

El film de Arruti es puro testimonio de primera mano. Los protagonistas de la fuga, los compañeros de los asesinados, de Montoneros, las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ejercito Revolucionario del Pueblo, de los habitantes de Trelew, los empleados del servicio penitenciario, de un trabajador de la funeraria local ?que fue quien vio los cadáveres justo después del fusilamiento- e imágenes de archivo cuentan esta historia.

Tal como le dijo Arruti a Página/12, ?en el año 2000, Trelew era mala palabra, el horror, algo maldito, y nadie entendía que me metiera con ese tema. Era muy difícil acercarse a la gente de la zona en una cuestión tan delicada para quienes allí vivían. Pero yo quería contar esa historia. Y contarla de la manera en que a mí me había impactado. No me preocupaba hacer un film estrictamente político, sí contarla desde un lugar cinematográfico que fuera contundente: hacer un documental, pero tratar de elaborar una narración particular. Por eso trabajé muchos meses en el guión y le di mucha bola a la edición, al montaje, a la banda sonora. Quise construir un relato que fuera atractivo desde el cine para que los pibes empezaran a acercarse?.

Estas intenciones de la directora y guionista de Trelew están innegablemente evidentes en el film. El trabajo de montaje que ha hecho es digno de los más agudos análisis que estudien el cine documental. Trelew está contada en base a testimonios, y es muy difícil lograr que esto no aburra ni disperse. Sin embargo Arruti lo logra. Está claro que el contenido es harto emocionante pero la edición de las entrevistas privilegian la historia sobre los personajes, y el ritmo del documental, lejos de caer, se sostiene y no deja de avanzar. Hasta los planos de las entrevistas están invariablemente al servicio de la información y de la historia.

La música a la altura y en función del montaje. Como decía un profesor que nos daba historia de la cultura, se trata de la música puesta al servicio de la historia aquella que somos incapaces de tararear cuando salimos del cine. Porque se trata de una música que no escuchamos, que nos envuelve, el ambiente del sentido y no al revés. La música como tecnología de sentido y parte de un todo integral y articulado.

El film Trelew tiene un metamensaje, recuerda que el cine nació como documento, y que el genero documental tiene el enorme de poder de contar historias, de acercar la historia, de hacer periodismo admirable, de poner la memoria frente a los ojos para ver mejor. Para saber más quiénes somos, porque somos las historias que nos contamos.

Vayan a ver Trelew.