Una viuda embarazada

Texto leído en el I Encuentro Iberoamericano de Jóvenes, durante el IV Congreso Iberoamericano de la Cultura, Mar de Plata, Argentina 2011

I
Preguntarse por el #findelperiodismo es preguntarse –siempre– por un complejo sistema de tensiones entre lo viejo y lo nuevo. Los viejos y los nuevos modelos de gestión y negocios de la industria de la información. El viejo y el nuevo rol de esa entelequia decimonónica que todavía se llama periodista.

Preguntarse por el #findelperiodismo es –sobre todo– asumir el ocaso de un imaginario simbólico y la mutación de las plataformas de producción y circulación del periodismo. De la crisis de sus soportes tradicionales. Y en especial de sus agentes.

#findelperiodismo es que aún haya periodistas que se aferran al esquema arbóreo de un “público” al que se considera un commodity al que se le puede conceder todavía la publicación en papel de cartas de lectores, mientras una semiosis infinita y rizomática de consumidores digitales de información construyen a diario a través de sus propios comments aquello que es su propia noticia, en sus propios tiempos y bajo sus propias formas.

II
El #findelperiodismo no es una maquinaria de gestos éticos –no se trata de condenar al periodismo, como suelen creer muy ofendidos algunos periodistas– sino un cuadro definido del estado tardío de laautonomía del discurso periodístico en un contexto tecnológico que avanza –y que seguirá avanzando– a la misma velocidad que el periodismo, como se lo entendía y practicaba hasta ahora, lucha sin demasiado sentido contra su propia extinción.

El #findelperiodismo –especialmente visible en Iberoamérica– es también la emergencia inédita y desnuda de los eslabones y las cadenas del periodismo bajo la forma en que Orson Welles retrató a su Charles Foster Kane en 1941: una industria dedicada a la tarea de fabricar e imponer sentidos congruentes con sus necesidades productivas, aún mediante la intervención (directa o indirecta) en la esfera pública

¿Esto es nuevo? Absolutamente no. Pero el #findelperiodismo es su estado inédito de visibilidad.

La web por papel. Bloggers por periodistas. Agencias de noticias por Twitter. Noticias por eventos. Público cautivo por flujos de interés. La falsa profesionalización por el verdadero hobby: la res publica ya no necesita intermediarios para saberse a sí misma, ni los mecanismos tradicionales del discurso periodístico resuelven un modo de mostrarse vehículos de algo más que de sus propios intereses y de su propia agenda.

III
Hablar del #findelperiodismo es también abordar el problema de una aristocracia de la subjetividad. Un ejemplo concreto: el desastre minero de Copiapó, en Chile. La mera mención del subject implica el acto de recordar. El “evento histórico”, el “acontecimiento emocionante”, fue prácticamente diluido del imaginario mediático en sólo una semana. La lección técnica del #findelperiodismo redunda en que ya no son los medios aquellas entidades capaces de designar qué es un tema de interés –aquello “histórico”, aquello “emocionante”– sino apenas aquellas entidades obligadas a ofrecer el sostenimiento técnico –siempre fugaz– de una demanda caprichosa y errática.

A mayor construcción discursiva de una eventualidad histórica memorable y perdurable desde las maquinarias mediáticas, menor el tiempo en que el evento per se persiste como elemento relevante para los flujos de interés del público consumidor. Unas 48 horas después del histórico y emotivo rescate, el tema había quedado olvidado. Y no se sientan culpables ahora si necesitan consultar en Wikipedia exactamente en qué mes y en qué año ocurrió el rescate en Copiapó.

Esto no habla de un empobrecimiento de las posibilidades sincrónicas de considerar qué será histórico, sino del modo cada vez más acelerado en que los medios se ven impedidos de inventar de un modo sustentable y renovable sus propios eventos históricos.

¿Pero a qué me refiero con aristocracia de la subjetividad? A la fantasía de que existe una capacidad única y legítima, atribuida a sí misma por una minoría específica y definida, tal que les permite detentar no solo el monopolio simbólico de ciertas herramientas técnicas (narrativas), sino también la pertenencia VIP al dominio de una primera persona del singular adecuada para establecer y presentar, bajo una subjetividad única, un orden específico y adecuado del mundo.

La crónica tradicional, en la que un sujeto único construía una representación única del mundo a partir de una subjetividad única en contacto con un bagaje limitado de impresiones, hoy es un dispositivo textual en clara tensión con un nuevo sujeto colectivo, que construye una representación colectiva del mundo a partir de una subjetividad colectiva en contacto con un bagaje ilimitado de impresiones.

Si el desafío del eBook es comenzar a incluir links donde antes había un acotado pie de página, el desafío de la crónica en los tiempos de los flujos de información, la descentralización de las subjetividades y la construcción compuesta de sentidos —para describir un poco qué debe entenderse por era digital— debería ser desarticular el entramado añejo de lo unívoco hacia modelos cada vez más colectivos.

La versión fatalista de la misma pregunta podría ser formulada del siguiente modo: ¿qué rol le cabe a la aristocracia de la subjetividad frente al infinito e instantáneo potencial de la barbarie representada por las nuevas destrezas de los nativos digitales?

IV
#findelperiodismo es continuar creyendo que vale la pena o es posible descifrar qué es el #findelperiodismo, y no cómo funciona el #findelperiodismo.

«La muerte de las formas contemporáneas del orden social debería alegrar más que conturbar el espíritu. Lo pavoroso, sin embargo, es que el mundo que fenece no deja tras de sí un heredero sino una viuda embarazada. Entre la muerte de uno y el nacimiento del otro habrá de fluir mucha agua, habrá de discurrir una larga noche de desolación y caos», dijo Alexander Hersen.

¿Qué es hoy el periodismo, sino una viuda embarazada?