Una sobre el cierre de Soitu.es

Sigo desenterrando borradores de la Mac escritos este año. Sobre el cierre de Soitu.es, en Amphibia publicamos dos artículos. Uno lo escribió Guillermo Culell, el otro Rodrigo Orihuela. El tercero es éste, habitaba en la carpeta de drafts y va sobre las repercusiones que causó en el microclima de la industria el final del sitio que fundó Gumersindo Lafuente.

Quizá es un poco brutal decirlo así, pero también es saludable: Esto es una industria, no un concurso de popularidad. Esto es el mercado, no los premios Oscar de las buenas intenciones. Los premios de la industria de los medios, nuevos y tradicionales, los entrega la audiencia y los anunciantes, no los periodistas. Cuando la industria se aplaude a sí misma mientras la audiencia mira hacia otra parte, debería sonar alguna alarma.

Para esta discusión es bueno dejar de lado los motivos sobre por qué Soitu.es tuvo que hacer arder la capilla. No importa si se ató o no a una sola fuente de financiación, si montó una redacción enorme y tradicional para hacer un medio pequeño y nuevo, si les faltó hacer periodismo, o cualquiera de las especulaciones que surgieron una vez cerrado el boliche. Acá la propuesta de discusión es otra y no está en tela de juicio la calidad de los artículos que publicaban, la capacidad y el talento de los periodistas que escribían en Soitu.es, ni la trayectoria de Lafuente. Estamos hablando de otra cosa.

Es un delirio que decenas de periodistas de la industria hispanoparlante prácticamente se hayan enojado con la audiencia y el anunciante por el cierre de Soitu.es. Qué barbaridad, qué injusticia. Periodistas devenidos en vecinas de barrio con ruleros, indignados ante el nuevo entorno. Las declaraciones de Lafuente fueron, como era de esperar, más maduras, realistas y razonables que las que pronunciaron los groupies del ciberperiodismo.

No es posible pensar en hacer periodismo en el siglo XXI sin entender y aceptar el entorno cultural y financiero. Es infantil sentirse indignado ante el cierre de un medio que no es rentable. Es ingenuo querer hacer periodismo con el espíritu del genio incomprendido. Si sos un genio haces las dos cosas: buen periodismo y rentable.

La mentira no da para más, y se ve en la industria pero comienza en las universidades, donde, en el mejor de los casos, enseñan y prometen a estudiantes de comunicación y de periodismo todos los beneficios de la Web 2.0, pero germinan el desinterés por los modelos de negocios y fomentan el periodismo ajeno a resultados medibles.

Se realizan 25 millones de seminarios por hora en América Latina y España y la industria se cuenta a sí misma que “hacen falta contenidos y periodismo de calidad”. Señoras y Señores, buen periodismo no sobra, pero hay, y en abundancia. Sería bueno aceptar que aquello que está en crisis es el relato del periodismo que le habla al periodismo. Porque lo que está ocurriendo es que, como en el caso de Soitu.es, ni con contenidos maravillosos es posible. La rentabilidad es la excepción.

Hacer rentable a los medios digitales, a los nuevos medios, es también un desafío prioritario, tanto como ofrecer los mejores contenidos y arquitecturas participativas para la audiencia.

Esperemos que la próxima década sea un poquitín más socrática y florezcan los tutoriales existencialistas para bancarse que sabemos, que aceptamos, que no sabemos. O en el mejor de los casos, que cada vez sabemos más y podemos menos.

Gran trabajo de Soitu.es. Hagamos la lista de puntos para aprender y no perdamos el tiempo y energías “combatiendo al capital”. Mucho menos, a la audiencia.