Un libro super simpático de John Berger, Mirar

Si bien el primer capitulo sobre la mirada y los animales lo saltamos como una rayuela, la lectura del libro comenzó a fluir atenta. Acaso provocada por la prosa de John Berger y la simplicidad argumentativa de su discurso, la necesidad de seguir leyendo siguió el ritmo del Charlie Bird Parker que sonó en casa durante toda la tarde.

El libro llega a nuestras manos de casualidad y nos atrapa con un fantástico capitulo en el que John Berger piensa en voz alta luego de leer Sobre la fotografía, de la genial Susan Sontag. Usos de la fotografía se llama el capitulo y no hace otra cosa que inscribir en 1978 el embrión de una de las discusiones que más nos interesan sobre las narrativas actuales. Y allí están los fotologs y su onda expansiva.

Berger entra de lleno en la crisis de lo público y lo privado, la taxativa diferencia entre estrategias estéticas que no resistiría cinco clics en un directorio de fotologs.

Los usos de la fotografía que analiza son casi exclusivamente públicos o privados, ante todo, y que sus formas son en la alta modernidad contenidas en conjuntos bien distinguidos y cerrados. Aún en su variedad interna.

Nos quedamos con ese capítulo sobre los usos de la fotografía porque evidencia el abismo que se ha abierto en lo que respecta al análisis cultural de la fotografía. Aquellas instantáneas privadas y publicas, bien diferenciadas entonces, hoy son parte de la cotidianeidad más coloquial de las narrativas de los más chicos.

Y no se trata por supuesto de analizar las fotografías artísticas contemporáneas, sino las domésticas del discurso público, de la circulación social extendida por miles y miles de álbumes blandos de humedad, perdidos (o abandonados) en un cajón de una cómoda, pero también de los miles y miles dinámicos virtuales. En estos últimos ya no hay marcas de lo público, porque todo pertenece a esa condición. Tampoco hay referencias a lo privado porque, también, de alguna forma en permanente composición, todo lo es.

Los fotologs son las cuñas expresivas más territoriales que emergen de la virtualización explícita de lo publico y de lo privado. Decenas de preguntas hay para hacernos al respecto. Porque de eso se trata el libro de John Berger: de mirar, pero no tanto de saber mirar como de entender que tenemos que aprender a mirar. Se trata de un aprender constante e interminable. Se de trata de mirar, y de ver, cómo estamos mirando. Que, en definitiva, es la mejor forma de mirar.


Hay que aprovecharlo, ayer por la tarde vimos en algunas librerías reeditados algunos libros de Berger, como el famoso y largamente agotado El tamaño de una bolsa.