Un banco suizo, la NBA y un cerco que se achica

Lewis Ranieri entró a Salomon Brothers en los 60s como empleado de la sección de correos. Con los años ascendió hasta convertirse en uno de los traders más exitosos de la empresa y jefe del departamento de deuda hipotecaria. Fue, en palabras de Businessweek, un innovador. Ni siquiera había estudiado economía ni nada parecido y llegó a sentarse entre la elite financiera. Su historia es uno de los pilares de Liar’s Poker, el libro seminal de Michael Lewis (quien, dicho sea de paso, trabajó en Salomon en épocas de Ranieri). No fue un caso atípico: hubo, hasta principios de los 80s, muchos otros parecidos a él, líderes del mundo de las finanzas que nunca necesitaron estudios afines.

El mundo evolucionó. En los 90s, los traders (o casi todos) tenían títulos en economía o similares. El cambio de un tipo de trader a otro está bien relatado, desde el ejemplo de los argentinos, por Hernan Iglesias Illa en Golden Boys. Iglesias Illa también cuenta, de pasada, como los licenciados y maestrados en economía y afines comenzaban a ser reemplazados por cráneos matemáticos. Si no me equivoco, él no los llama así pero eran los quants, a los que varios medios les han dedicado bastantes caracteres (por ejemplo: aquí, aquí, aquí y aquí).

El mes pasado, UBS, uno de los mayores bancos suizos, despidió a un ejecutivo encargado de trading de índeces de CDSs. No será reemplazado por otro ejecutivo. No, parece que es mucho mejor entregarle el puesto a un algoritmo. Antes, varios bancos tomaron decisiones similares.

Del éxito del instinto brutal de Rainieri al algoritmo pasaron menos de 40 años (de hecho, Rainieri sigue trabajando en Wall Street). No es mucho. En ese lapso, ¿cuántos habrán sido aquellos que creyeron que su habilidad y conocimiento eran lo cúlmine, el “no hay más evolucion”? Que se lo digan a Daryl Morey, el director general de los Houston Rockets. De él varios piensan que es un bicho raro, un “loco” similar al personaje interpretado por Jonah Hill en Moneyball (que, vale señalar, es otra historia relatada por Michael Lewis). Poco importan los ejemplos como el de Shane Battier para respaldar su trabajo. Lo escépticos siguen rondando mientras él sale a buscar empleados en Wall Street para armar un equipo de NBA.

Creer que un evolución similar no puede suceder en otras disciplinas no parece muy inteligente. Incluso pareciera bastante miope. Asterión no es un invento de Bradbury. De hecho, los drones ya están. Hay que mirar hacia los costados para ver que pasó con otras disciplinas, aceptar y prepararse. El cerco se achica.