Twitter habla del futuro (No es un streaming del presente)

¿De qué se trata Twitter, Mugshot y Jaiku? La blogósfera no para hablar de estos servicios pero su impacto será mucho más profundo de lo que podemos pensar.

Lejos de las interpretaciones en las líneas del exhibicionismo, el microblogging de moda o los SMS vía web, la compuerta abierta por Twitter y las grietas filtradas por Mugshot y Jaiku están estrechamente relacionadas a los nuevos modos de organización social emergentes, que anticipó Rheingold pero que analizó mucho mejor Scott Lash con sus “desorganizaciones” en Crítica de la información. No lo hizo porque no existían, pero Reinaldo Laddaga podría estudiar estos sistemas emergentes en una segunda Estética de la emergencia.

Ante la convergencia de canales de Feeds RSS que agrupan imágenes, blogs, videos, mensajes, música en vivo, folksonomías, entre otras señales semióticas, algunos comienzan a hablar de LifeStream, una forma más tangible de entender cómo cada persona puede “ser un medio”, enviando destellos multilineales de sentido a su red.

Si con Jaiku, por ejemplo, podemos hacer un constante streaming de las fotos que subimos, los posts que escribimos, los SMS que enviamos, los contenidos que catalogamos en cualquier sistema colectivo de reputación –como Last.fm- o incluso las folksonomías que producimos en del.icio.us, es un primer paso concluir que estamos haciendo un streaming de nuestra vida, de nuestras relaciones y, sobre todo, de nuestro pensamiento.

Pero el concepto de LifeStream se queda cortísimo porque la compuerta que abren Twitter, Mugshot y Jaiku se acerca mucho más una posibilidad en formato software de la extensión del sistema nervioso central que tanto le hubiera gustado ver en acción a McLuhan.

En cualquier caso, todas estas anotaciones son súper acotadas porque estamos midiendo estas aplicaciones -como siempre nos equivocamos en la llamada Web 2.0- en el plano del individuo que se “conecta”, que “interactúa” y que “comparte”.

El fenómeno que materializan esos tres servicios toman otras dimensiones cuando pensamos las aplicaciones como herramientas colectivas, (des)organizacionales y sobre redes. Y no sólo porque ya sabemos que el futuro es móvil e inalámbrico o porque las herramientas de geoposicionamiento serán inmanentes a todo software social, sino porque tienden el puente entre compartir y coproducir, entre consumo par a par y producción par a par, entre sujetos colectivos y redes sociales. Ni siquiera acerquémonos al swarming, ¿alguien se atreve a desconfiar de que aplicaciones como Twitter, Mugshot y Jaiku tendrán tanto impacto como los blogs, que serán parte clave de la nueva ecología? Sin duda.

Si gracias a David y su libro El Poder de las Redes (pdf) sabemos que un blog no es un medio, que la blogósfera es el medio, tenemos que prestarle especial atención a las twitter-apps porque complejizan la red y porque sus usos pueden dar con una nueva versión de los nuevos medios, pueden configurar una nueva lógica par a par, que puede llamarse Web 2.1 o de otra forma, pero sin duda tendrá un impacto significativo -que tenemos que estudiar- en la arquitectura de la red, en su política.

Algo sí ya está claro: la influencia unidireccional se ha ido para siempre y la lógica de los nuevos medios y su lenguaje encuentra un engranaje mucho más poderoso en las redes distribuidas. Hablemos de medios, de periodismo (ciudadano también), de publicidad, de marketing, de acciones sociales, del nuevo cine y hasta de mundos virtuales. Hablemos de lo que decidamos. Pero antes comprendamos que las twitter-apps se llevan mejor con el futuro de las redes que con el presente fastuoso de la blogósfera.

Individualmente serán un LifeStream, pero el individuo moderno ya no existe.

Cómo rediseñar este tipo de aplicaciones para redes de periodistas ciudadanos, para microcomunidades educativas, para activistas culturales, para, en cualquier caso, nuevas organizaciones, son los desafíos que más me interesan. Quizá porque nos sacan de la comodidad bloguera y sus lugares comunes y del entusiasmo fatuo propio de la endogamia 2.0.