The Well, una temporada en la red de los ‘80 (Parte II)

Quizá haya sido un accidente creativo, una idea simple que adquirió fuerza propia. Una hija de la ingenuidad o la madre de las criaturas que vemos hoy. No se sabe. Pasó mucho tiempo y sobre todo mucho más que los 20 años de calendario.

No sé si es un walled garden, de hecho creo que “ni siquiera” es un walled garden, con todo lo que renegamos de ellos. The Well es una porción fractal de una red en ciernes, un esbozo medular de los foros en blanco y negro y un ensayo afinadísimo de comunidad.

Si hay dos términos que se usan invariablemente y sin demasiada distinción por estos días son “comunidad” y “redes sociales”. Siempre que podemos machacamos con la diferencia y sospechamos de “lo común” y lo supuestamente compartido, sobre todo cuando compartir es más un medio para lograr reconocimiento que una práctica inmanente a interacciones nativas digitales.

El punto es que The Well parece más un grupo de vecinos de San Francisco (una San Francisco electroimaginaria, a pura cibercultura, cultura popular, artes y medios), una aldea con intereses más o menos afines, una pequeña comunidad; lejos de la pompa de la colaboración.

Buena parte de la interacción entre los miembros se da sobre temas de discusión. Internamente se llama conferencias a esas instancias y de las públicas puede participar cualquier miembro, mientras que las privadas son cerradas y por invitación.

Los temas de estos “foros” son tan variados como la comunidad se lo permite y están agrupados en grandes conjuntos. La participación es totalmente asincrónica y, no sé hace 20 años, pero ahora es hiper concisa, directa y esencial. Casi nadie se hace el lindo ni escribe para su ego. Las conferencias están naturalmente articuladas por una lógica de información aditiva e hipertextual que intenta sumar valor y contexto al asunto planteado.

Se encuentran perlas insospechadas, links tan desinteresados como desconocidos y experiencias ordinarias y domésticas, sobre el discurso de algún candidato a presidente de los Estados Unidos pero también sobre las innovaciones más sorprendentes sobre nuevos medios y digitalismos varios. También sobre tal o cual software.

El objetivo de The Well ha sido siempre promover la conversación y discusión entre personas creativas. No creo que The Well sea, actualmente, tan influyente como dice ser, o como la pintan, pero sí es una fija que quienes pululan ese contexto no son ningunos improvisados y cuentan con su extracción de influencia más allá de The Well, que no deja de ser un “pequeño” contexto sin mucha pretensión intelectual y orientado, sobre todo, a las experiencias, las lecturas y lo testimonial.

Lo rudimentario de la interfaz no quita lo valiente del emprendimiento. Sus anacronismos de usabilidad no deslucen el la épica de su gramática. The Well es mucho más que un mundo hecho con palabras, como alguna vez se dijo. Y lo que mejor expresa lo que es son sus miembros y el universo de intereses que proyectan, tanto en las conferencias como en sus propios blogs. Por eso la próxima entrada será sobre ellos. The Well Bloggers.

Y mientras yo paso las noches en los 80, las mañanas con la burocracia y las tardes en la redacción, y de a poco vuelvo a la escritura diaria porque no hay mucho que decir, ustedes que llegaron hasta acá no pueden dejar de leer estos dos textos maravillosos que tienen a The Well, sus protagonistas y algunas anécdotas exquisitas como principales protagonistas.

The Epic Saga of The Well, Wired.
The Heart of The Well, por Howard Rheingold.

> The Well en Amphibia