Territorios medios

Hay algo que fait date, diría yo en francés, «hace época», y éste es su impacto, el impacto mismo de aquello que es, por lo menos, sentido, de manera aparentemente inmediata, como un acontecimiento que marca, un acontecimiento singular o, como se dice en inglés, unprecedented.

Jacques Derrida


I

Hay un nodo de sentidos contradictorios alrededor del #findelperiodismo respecto a qué significa el propio fin del periodismo. Recorto dos líneas.

En un plano simbólico –llamémoslo así–, el #findelperiodismo es el modo en que han emergido irreparablemente del falso piélago de la objetividad los intereses materiales –y por lo tanto ideológicos– que moldeaban las plataformas tradicionales del discurso periodístico tal como se lo ejercía –o tal como se hacía creer que era ejercido– hasta ahora. «Ahora» no es una categoría menor en este esquema, sino más bien un «valor» de forma caprichosa y dinámica.

Lo importante es que «ahora» es un «valor» que ya no está bajo el control de quienes siempre lo tuvieron. Y en tanto forma, ha muerto. La demostración del argumento sería: ¿qué produce «ahora» un anchorman que se presentara como portavoz de la objetividad periodística? Nada más que risa.

En un plano técnico –llamémoslo así–, el #findelperiodismo es el modo en cambiaron irreparablemente los soportes, los agentes, los modos de circulación, emisión y recepción de la «información», otra forma sobre la que se pueden afirmar muchas cosas, aunque la más trascendental es que se trata de otro concepto en crisis. Y en tanto concepto en crisis, es por varios motivos que el #findelperiodismo flota en aquello tenso, indescifrable, ensombrecido, que podríamos llamar un «territorio medio».

II
Un «territorio medio» es allí donde «ahora» habitan todas las ideas que antes del #findelperiodismo se tenían por certezas.

El #findelperiodismo es también la inestabilidad crítica de todo aquello de naturaleza técnica, ideológica, social y material que lo sostiene (o lo sostenía). Si la organización política depende de la estabilidad de la determinación conceptual, la organización del #findelperiodismo será entonces necesariamente des-organizada, des-determinada, des-conceptual.

III
En noviembre del 2010, incluso las experiencias estéticas colectivas se hunden en el «territorio medio» del estar y el no-estar.

Llevado a una cuestión de registros (donde lo oral se enfrenta a lo escrito y viceversa), que el recital de Paul McCartney en Buenos Aires haya llegado a la web vía YouTube mucho antes de que los periodistas tradicionales tipearan sus “impresiones personales” sobre los temas que tocó, es una cuestión, dirían los viejos periodistas de escritorio, «no menor».

Incluso la teoría del retorno de lo performativo ante lo compositivo que explica la teoría del Paréntesis de Gutenberg puede ubicarse en un «territorio medio», que reflota el viejo debate platónico alrededor de la filosofía del lenguaje. Apelo a una cita de Richard Beadsworth sobre Derrida donde se marcan los puntos relevantes de este tema en el Curso de Linguística de Saussure:

«Es el habla lo que permite esta ilusión de trascender la inscripción porque el sistema de oírse hablar a través de la sustancia fonica se presenta como el significante no-exterior, no-mundano y, por lo tanto, no-empirico o no-contingente. En otras palabras, la “intangibilidad” de la voz conduce a la creencia de que existe una diferencia cualitativa entre lo no-mundano y lo mundano».

Para el #findelperiodismo, la pregunta acerca de lo no-mundano y lo mundano hoy es tan esencial como la diferencia entre producir contenidos para un caudal potencial de consumidores o morir en la Nada del ciberespacio.

IV
La tensión oralidad-escritura es uno de esos nodos de sentidos contradictorios, donde la fase técnica del #findelperiodismo se aproxima a una pregunta imprescindible acerca de lo Real.

¿Qué será a partir del #findelperiodismo lo Real?
¿Cuál será el lenguaje del #findelperiodismo?

La pregunta acerca del lenguaje y sus registros hoy suena incluso donde la cuestión no es el #findelperiodismo sino la política misma y sus espacios de militancia.

V
Otra experiencia estética «no menor». Una película teóricamente intrascendente pero en algunos aspectos vailosa, The Social Network.

Facebook hoy es un «territorio medio». E insisto en qué quiero decir cuando hablo de esto: un «territorio medio» es allí donde «ahora» habitan todas las ideas que antes del #findelperiodismo se tenían por certezas.

El modo en que una red social se gesta como un espacio exclusivo para alumnos de Harvard y en menos de una década –durante la que la fuerza de internet se traduce en un alud expansivo que logra incapacitar el poder normativizador del proyecto– acapara también a los agentes más silvestres de la Policía Bonaerense, chocando finalmente –en menos de una década– con una película tradicional que exige a los «nativos digitales» encerrarse en una sala de cine paga para consumirla, eso, exactamente eso, ubica a todo el proyecto Facebook en un «territorio medio».

Tal vez David Fincher lo supo antes que nadie y se abocó a la representación constante de un «territorio medio» como escenario privilegiado de su relato.

El propio Zuckerberg se pasa toda la película hablando de la digitalización completa de la vida, mientras está sentado en una mesa de conciliación definiendo cifras para un arreglo extrajudicial junto a una larga serie de abogados (por eso mismo Zuckerberg no se equivoca al afirmar solamente que “lo único real de The Social Network son las camisetas”).

Otra vez, la cuestión de los registros.
La convivencia forzada y en tensión.
Ese «territorio medio» donde flota el #findelperiodismo.