Televisión Conectada Versión 2012

El otro día compré un “Smart TV” de los buenos. Conocía su funcionamiento y prestaciones, y las ventajas sobre otras marcas. Incluso el año pasado estuve involucrado en el desarrollo de una aplicación para esa plataforma.

Un “Smart TV” hoy es muy poco “smart”. Es un Led que se conecta a una Internet controlada y nada interactiva. El contraste entre la experiencia de uso y la calidad percibida frente a la retórica (futurista) de venta es notable, y es lo más parecido a una estafa, a un engaño.

La televisión conectada y sus restricciones presentan una red post neutral, en la que todo aquello que nos hizo más inteligentes, la distribución de la información y sus conexiones, ahora está limitado a una docena de iconos y un navegador impotente.

Los fabricantes de televisores no están conectando sus productos a la Red, están intentando meter la TV -como dispositivo cerrado, como modelo blindado – en la Web.

Sin embargo, es claro que no se están equivocando. Lo están haciendo porque están explorando una nueva línea de negocios. Antes vendían televisores, ahora también venden publicidad.

¿Cómo es que venden publicidad si los fabricantes no producen contenidos, sino hardware?, se preguntarán muchos. Es simple: los fabricantes de televisores están convenciendo a los medios masivos de que les regalen sus contenidos porque, ya saben, “Ustedes tienen que estar acá, esto es el futuro”. Y lo están logrando.

La televisión conectada todavía no es inteligente porque la conexión es restrictiva al diseño de la Web que cada fabricante impone. Por la misma razón tampoco es interactiva.

Lo que sí es revolucionario es la personalización del consumo: los contenidos a demanda. Aunque es cierto que eso es algo que la Web nos ofreció mucho antes que la TV. Como también es cierto que los grandes productores de contenidos audiovisuales en su mayoría no saben cómo medir ni rentabilizar ese modelo. Los fabricantes de TV están comenzando a hacerlo por ellos.

La televisión inteligente propone, por ahora, una evolución menos sustantiva que aquella que produjo la radio cuando permitió a sus oyentes llamar por teléfono a las emisoras y dejar un mensaje.

Por ahora es más “smart” una laptop conectada a un proyector.