En las redes, el conjunto de habilidades e interfaces configuran el territorio.
Lo que hace algunas décadas estaba atado fuertemente a la lengua y en menor medida -aunque no por eso menos importante- al nacionalismo, comienza a trasladarse en la capacidad de procesamiento de datos.
Modelar herramientas implica dar una inyección de potencia a la capacidad de operar en un contexto, pero sobre todo de intervenirlo. Lo que hasta ahora entendimos por habilidades y la ingenua fantasía del “usuario avanzado” no son más que un primer anillo hacia el diseño de contextos y el sampleo de territorios.


