El software libre de Gabriella Coleman

Cuando aplicados al software, los términos libre y abiertos son distintivos, aunque con frecuencia se usan como sinónimos (…) el término software libre enfatiza, ante todo, el derecho a aprender y a acceder al conocimiento, mientras que el código abierto tiende a señalar beneficios prácticos.
(…)
[Los hackers] formulan la libertad como la condición necesaria de los individuos para desarrollar la capacidad de pensamiento crítico y autodesarrollo.

En febrero, América Movil (la dueña de Claro) anunció que apostaba por Firefox para incrementar sus ganancias. Que la empresa del hombre más rico del mundo elija acostarse con productos hechos sin fines de lucro por decenas de voluntarios debería parecer, a primera vista, llamativo, pero más que llamativo es indicativo de la expansión de un cambio cultural e ideológico al que no se le da suficiente lugar ni importancia.

El software libre está en todos lados y motoriza nuestra vidas. Será una verdad de perogrullo pero es una que no podemos cansarnos de repetir. El software libre puede encontrarse detrás de google.com y en Oracle o en el gobierno argentino y en Clarin. La importancia del software libre es tanta para nuestras vidas como lo es cualquiera de las ideologías más dominantes en las que podamos pensar: económicas, políticas, etc.

Sin software libre, nuestras vidas serían otras y su influencia solo irá en aumento, como demuestra la sociedad America Movil-Firefox. ¿Por qué entonces no hay más análisis, más explicaciones, más cobertura de semejante ideología y movimiento? ¿Por qué no hablamos en el día a díad el software libre como quien habla de derecha e izquierda?
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Después de Assange, antes de los cryptopunks

Para entender qué son, dónde están y cómo piensan los criptopunks, conviene recordar la advertencia de Tyler Durden en El club de la pelea (Chuck Palahniuk, 1996). “La gente que persigue es la misma gente de la que depende. Somos la gente que le lava su ropa, cocina su comida, sirve su cena. Nosotros lo cuidamos mientras duerme. Nosotros manejamos las ambulancias. Nosotros procesamos su póliza de seguros. Nosotros controlamos cada parte de su vida. Así que no joda con nosotros”.

Trasladado a un contexto virtual donde la existencia se rige por la construcción y el control de la información, en ese orden de poder subterráneo, casi burocrático y a la vez estructural donde seguros, ambulancias y comidas se mezclan con secretos militares, financieros y gubernamentales, el criptopunk es, precisamente, la clase de persona con la que uno nunca querría meterse. Y no porque su amenaza sea física.

Los criptopunks son científicos: matemáticos e ingenieros en sistemas de información especializados en criptografía que dividen su tiempo entre manuales de programación –escribiéndolos antes que leyéndolos– y el teclado a través del cual materializan su poder dando forma a ese universo plástico y omnicomprensivo que llamamos Internet.

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Guerrillas

I
Tal vez sea conveniente esperar más para escribir sobre la dinámica de una web que —como bien señala Mancini— ha demostrado que puede abandonar la neutralidad. Sin embargo, mientras SOPA y PIPA se apagan prematuramente como proyectos de ley asfixiados por su propio anacronismo, comienza a sembrar su perfume lo que —a falta de comparaciones más sutiles y porque la exageración es un barroquismo honesto— huele a una militarización de la web. La posibilidad —y también la esperanza— de una guerra permite acelerar los tiempos.

II
Zonas de exclusión. Tierras de nadie. Campos minados. Territorios aliados. Territorios enemigos. No cuesta reensamblar el campo semántico de la guerra —esa continuación de la ley fallida por otros medios— sobre Megaupload, Rapidshare, Taringa, Cuevana y Anonymous, por hacer un recorte demasiado sinuoso y deliberadamente no detallista del teatro de operaciones. En tal caso, Clint Eastwood acaba de estrenar —y el viejo Clint no es, nunca ha sido, un olfateador ingenuo— su biopic sobre J. Edgar, «the most powerful man in the world», próximamente en su plataforma «pirata» amiga.

El poder, en los tiempos de Edgar, constaba de la manipulación de la información, el chantaje y la persecución paranoica y esquizoide de enemigos invisibles y, a la vez, omnipresentes (*). No voy a describir el penoso periplo público de Kim Schmitz, un soñador otoñal del capitalismo postindustrial —categoría que es realmente la única que vale la pena pensar hoy: todo esto se trata de un capitalismo obligado a abandonar sus últimas certezas industrialistas—; no voy a proponer un recorrido a través del martirologio automotor y público al que lo sometió el FBI, como en las mejores épocas del propio J. Edgar.

Lo que me gustaría dejar en el tablero, como simple exhibición de las posibilidades inmediatas en el campo de batalla, es que «estar paranoico no implica necesariamente que no te estén persiguiendo», como sugiere cierto inglés en otra pequeña perla debidamente «pirateada», Killers Elite.

¿Y si realmente hay una guerra dirigida por los aparatos represivos del fantasma del último capitalismo industrial contra la cultura contemporánea? ¿Y si realmente la cultura contemporánea ya ha comenzado a contraatacar?

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Todo Noticias

Relanzamos el sitio de TN Todo Noticias, el canal de noticias más visto de la Argentina. Es una primera versión y hecha 100 % con software libre, html5 y microformatos para noticias. Uno de los ejes fue la integración de los procesos de consumo de noticias y de propagación de contenidos en las redes sociales de los usuarios.

El «affaire» Taringa o la viuda embarazada

I
El affaire Taringa implica repetir que la «piratería» no es una cuestión del orden de lo jurídico sino de lo hermenéutico. ¿Por qué? Porque las redes de sociabilización y libre circulación e intercambio de bienes digitales son —digámoslo en estos términos— una práctica indivisible «del estado actual y las posibilidades técnicas del mundo». Por lo tanto, desconocer esa situación —y lo que es peor, perseguirla y atacarla con una ley inicua— habla más de las limitadas competencias cognitivas de los denunciantes, que de un nuevo «debate» sobre las posibilidades de existencia de la propiedad privada en internet.

De la capacidad de readaptación e innovación comercial de las empresas que todavía insisten en declararse únicas poseedoras de ciertos capitales culturales, por supuesto, nadie espera más que la inminente invitación a su funeral.

Sin embargo…
Oh, las viudas embarazadas

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Y ahora también ¡Open Data!

La colaboración es la infraestructura más eficiente para afrontar los desafíos de los nuevos medios. Las organizaciones que trabajamos con productos y servicios online tenemos que convertirnos en agregadores de la creatividad, el talento y la participación que están distribuidos. Abrir las puertas, ventanas y enchufes de los medios, otrora una oportunidad, es ahora una obligación para mejorar. Los portales de contenido que tenemos online en el Grupo El Comercio, gestionados en su totalidad con Software Libre, ahora también abrirán sus APIs: dev.elcomercio.pe

Mirando a los hackers

En la industria de los medios digitales los grandes lanzamientos pasaron de moda. Fueron los grandes acontecimientos de la paleoprensa online. Por suerte o por aprendizaje, entendimos que la lógica productiva online se parece más a un bazar que a una catedral. Cada vez se rediseña menos, precisamente porque los cambios graduales, los desarrollos modulares y las implementaciones parciales permiten mayor flexibilidad y capacidad de corrección, estar mejor sintonizados con las interacciones de la audiencia y las necesidades de periodistas y anunciantes. Siempre que se tenga un horizonte claro y se acepten niveles de incertidumbre razonables sobre el mediano y el largo plazo.

Los medios se han vuelto programables, como le gusta decir a Lev Manovich, pero en toda dirección. El desarrollo de un diario online se parece metodológicamente cada vez más al de un software de código abierto. Las lecciones enumeradas en La catedral y el bazar (1997), de Eric S. Raymond, son cada vez más precisas. Por ejemplo, una máxima de la industria del software libre que es clave para los medios online y un antídoto contra la producción a ciegas: Libere rápido y a menudo, y escuche a sus clientes.

Comentarios sobre la cultura de trabajo de los programadores ( “Los buenos saben qué escribir. Los mejores, qué reescribir (y reutilizar)”) o diseñadores (“La perfección se alcanza no cuando ya no hay nada que agregar, sino cuando ya no hay nada que quitar”) no sólo aplican perfectamente al producción de medios digitales, sino también al trabajo concreto de los periodistas.

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Trece observaciones para una crónica sobre Richard Stallman en Buenos Aires

Trece observaciones para una crónica sobre Richard Stallman en Buenos Aires

I
Ingenieros informáticos muy correctos que inventaron una excusa durante el almuerzo para escaparse de sus empresas y escucharlo. Seguidores devotos de la tecnología -los “techies”- recién levantados pero ávidos de su filosofía libertaria. Hackers huraños y programadores privados compenetrados con la posibilidad de burlar a los “monopolios colonizadores” de la industria digital. Todos hacen la misma fila de dos cuadras de largo y se sientan en pleno mediodía del martes 25 para escuchar en persona a Richard Stallman.

II
Richard Stallman. Neoyorkino, excéntrico ingeniero formado en el MIT, padre del sistema operativo “alternativo” GNU, fundador primitivo del sistema operativo Linux -por el que después le negararían toda paternidad-, agitador del “copyleft” -némesis del copyright- y orador controvertido a favor del software libre.

III
Teatro Alvear. Doce del mediodía. Laptops encendidas. Wi-fi exclusivo para más de 500 oyentes. Descalzo, con su típica camisa de colorado anárquico y su barba de profeta herético, Stallman camina hasta el escenario y de inmediato acciona el pensamiento alternativo que lo hizo célebre en todo el mundo: en un castellano perfecto pide que las luces caigan siempre sobre el público. Inmediatamente después, dice: “A los usuarios de computadoras se les enseñan criterios prácticos de uso, pero se olvida lo ético. ¿Quién piensa en la clase de libertad que provee un programa?”

IV
No es la primera vez que Stallman y sus peregrinos a favor de volver públicas las licencias y patentes del código fuente de todos los programas de computación que rigen la vida cotidiana se congregan en Buenos Aires. Esta vez, la excusa fue “Wikimanía 2009”, el evento digital que entre el 26 y 28 de este mes trajo desde decenas de países a distintos contribuyentes de los proyectos de la Fundación Wikimedia.

V
Que la estadía de Stallman no goce de la publicidad masiva de los grandes polos empresariales tampoco es casual. Él es la clase de programador que llama “funcionalidades malévolas” a los artilugios técnicos con los que empresas como Microsoft (que el año pasado facturo 65.000 millones de dólares) “restringe y vigila a sus usuarios” una vez que compran sus productos. También es la clase de analista digital que no duda en burlarse de Amazon (19.000 millones de dólares facturados el año pasado) diciendo que “consumieron un año entero de ironía” al eliminar en forma remota de los dispositivos de sus clientes todas las copias electrónicas que habían vendido (sin pagar los derechos de autor) del libro “1984”, de George Orwell.

VI
“No se debe esperar la buena voluntad de las compañías -dice Stallman-; lo que debe sostenerse es la libertad propia”.

VII
“La programación se hace y se aprende modificando pequeñas partes de grandes programas”.

VIII
“Los que aceptan sistemas injustos siempre llaman extremistas a quienes quieren cambiar las cosas”.

IX
Para el Movimiento por el Software Libre, la batalla es entre el “software privativo” (privado) y el “software libre” (público). Quien controla el software controla las comunicaciones y el acceso a la memoria social. Por lo tanto, el control de los programas es también un asunto político. Si cada usuario pudiera mejorar por sí mismo los programas, adaptarlos a sus necesidades y distribuirlos en su comunidad, dice Stallman, entonces realmente habría una democracia. “Desde 1983 la mía es una iniciativa a favor de la libertad del ciberespacio y de todos sus habitantes contra la dictadura de los programadores”, dice Stallman. Antes pide que, por favor, descuelguen de los palcos las banderas con el logo de Linux. “Nada debe decirse ante un gran pingüino”.

X
El deber moral de un programador es rescatar a quien lo necesita. “Excepto si se trata de George W. Bush (el público ríe), o el ex vicepresidente Dick Cheney (el público ríe más) o algunos generales argentinos (el público aplaude); pero yo no sé nada”, sonríe Stallman.

XI
Para el fundador del sistema operativo libre GNU, en el mundo actual derechos humanos e informática son necesariamente compatibles. “¿Cuáles son los derechos humanos que un usuario merece al usar un programa?”, pregunta para provocar. “La mayoría de las computadoras que los ministerios de educación donan a sus escuelas primarias vienen con el sistema operativo Windows instalado por defecto: así funciona la primera dosis gratuita de lo que más tarde serán adultos adictos al software privativo de Microsoft. Si Ecuador ofrece computadoras con software libre en sus escuelas, ¿por qué el ministerio de Educación argentino no puede hacerlo?”

XII
Stallman no sólo revulsiona mentes con una retórica ideológica de trinchera virtual. También “evangeliza” con su alter ego, San iGNUcio (mezcla de “Ignacio” y “GNU”), “santo de la iglesia de Emacs” (uno de los primeros editores de texto, creado por Stallman), dispuesto a bendecir con su sotana y su aura hecha con un viejo disco las computadoras de los seguidores. Stallman recita una frase de Fe: “No hay otro sistema que GNU y Linux es uno de sus núcleos”. San iGNUcio no pide celibato sino “una vida de usuario ético” y, por las dudas, está dispuesto a “exorcizar computadoras con software privativo”.

XIII
Ingenieros, techies, hackers y programadores ríen a carcajadas y se preparan para participar de la subasta inmediata del pequeño peluche de un ñu (que suena como GNU) que llegará a los 240 pesos. ¿Qué representan Stallman y su ideología? “Representa los valores comunitarios del trabajo en equipo”, dice Sebastián (25), estudiante de ingeniería en sistemas que acepta que Stallman puede sonar a veces como un fundamentalista, “aunque su idea de la tecnología como una receta que pasa libremente de mano en mano sin el final único del lucro siempre es interesante”. Después, el mismo hombre barbudo y descalzo que enfrenta a las empresas más poderosas del mundo va a sacarse fotos y cantar: “Únete y comparte / software libre / libre serás, libre serás”.

Bibliografía sugerida:
Berry, David. Copy, Rip, Burn: The Politics of Copyleft and Open Source. Pluto Press, 2008.
Moody, Glyn. Rebel Code: Linux and the Open Source Revolution. Basic Books, 2002.
Stallman, Richard. Free Software, Free Society: Selected Essays of Richard M. Stallman. Free Software Foundation, 2002.
Williams, Sam. Free as in Freedom: Richard Stallman’s Crusade for Free Software. O’Reilly Media, 2002.

Interactivos? Magia y tecnología en Lima

Esta semana estuvimos en el taller Interactivos? Lima 09 Magia y Tecnología, alojado en las flamantes instalaciones de escuelab.org en el centro de Lima, en Perú, e impulsado por el Medialab-Prado Madrid con mi amigo Marcos García y equipo a la cabeza.

Se presentaron ocho obras sensacionales, asistieron decenas de personas y el pisco sour fue del mejor. Magia animal, sincronización de ritmos cardíacos, movimientos culinarios, arduinos para suspender el tiempo y fenómenos meteorológicos simulados.

Interactivos? Es una experiencia en red que durante los últimos años ha tenido varias apariciones físicas en New York, Madrid, México DF, y ahora Lima. Es una mezcla ecualizada que conjuga, sobre software y hardware libre, investigación y producción, arte y tecnología, educación y experimentación, talleres y exposiciones. Es una especie de burningman distribuido con menos incendios psicodélicos y con algunos propósitos artísticos y académicos subyacentes. En la web del Medialab-Prado Madrid encontrarán un video en el que algunos de sus protagonistas lo explican con lujos de detalles.

El Workshop de Lima, y la muestra sobre Magia y Tecnología abierta hasta el 13 de mayo, sintetizan parte de la experiencia con ocho obras tecnorománticas, que dejarían estupefactos a quienes todavía creen que hablar de y producir ciberculturas equivale a comentar lo lindo que sería trabajar en Google, cuántos comentarios publicados coronan un buen post, qué cantidad de followers te convierten en Twitterstar y otras preocupaciones ingenuas de aficionados a la moral 2.0.

La exposición instalada en los pisos vecinos de la escuelab.org de Lima juegan con la percepción, los criterios de verdad, las posibilidades de manipulación sensorial y la realidad virtual.

Muestra de ello son, entre otras obras, Abracadabra Pata, que –con OpenFrameworks, OpenCv, Animata; una computadora y una cámara firewire, algunos monitores; cristal reflectante, acrílico y madera- convierte las extensiones físicas de tu cuerpo en prolongaciones animales. También MASA, una instalación interactiva inspirada en el poema homónimo de César Vallejo, que sincroniza los ritmos cardíacos de los presentes para revivir un cadáver que yace en el centro del recinto. Otra de las que se llevaron los aplausos fue Tiempo Maleable, propulsada con Arduino, que permite a los usuarios, mediante leds estroboscópicos, modificar a gusto y piacere el flujo de gotas –incluso suspendiéndolas en el aire- que caen del techo a un recipiente.

Si el proyecto Interactivos? se hace lugar en la ciudad donde viven o están de paso, no se lo pierdan. En Flickr algunas fotos de la movida.