Quizá haya sido un accidente creativo, una idea simple que adquirió fuerza propia. Una hija de la ingenuidad o la madre de las criaturas que vemos hoy. No se sabe. Pasó mucho tiempo y sobre todo mucho más que los 20 años de calendario.
No sé si es un walled garden, de hecho creo que “ni siquiera” es un walled garden, con todo lo que renegamos de ellos. The Well es una porción fractal de una red en ciernes, un esbozo medular de los foros en blanco y negro y un ensayo afinadísimo de comunidad.
Si hay dos términos que se usan invariablemente y sin demasiada distinción por estos días son “comunidad” y “redes sociales”. Siempre que podemos machacamos con la diferencia y sospechamos de “lo común” y lo supuestamente compartido, sobre todo cuando compartir es más un medio para lograr reconocimiento que una práctica inmanente a interacciones nativas digitales.
El punto es que The Well parece más un grupo de vecinos de San Francisco (una San Francisco electroimaginaria, a pura cibercultura, cultura popular, artes y medios), una aldea con intereses más o menos afines, una pequeña comunidad; lejos de la pompa de la colaboración.
Buena parte de la interacción entre los miembros se da sobre temas de discusión. Internamente se llama conferencias a esas instancias y de las públicas puede participar cualquier miembro, mientras que las privadas son cerradas y por invitación.
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