Periodismo de datos: Facts are Sacred

También publicado en huffingtonpost.com

El 22 de diciembre pasado salió a la venta la edición Kindle del libro de Simon Rogers Facts are Sacred: The power of data. El autor está a cargo de uno de los proyectos de periodismo de datos más interesantes de la industria, el Data Store de The Guardian.

Facts are Sacred: The power of data es un aporte valioso. No es un recetario estricto ni vanidoso sobre cómo hacer periodismo de datos. Está escrito desde una cocina donde la materia prima es información dura creciente y todas las herramientas son provisorias. Y donde la misión es clara: hacer periodismo convirtiéndose en un puente entre la enormidad de la información pública y la audiencia.

El libro es casi en su totalidad descriptivo y ofrece pocos pero jugosos comentarios reflexivos sobre la mutación de la profesión. Rogers relata en detalle cómo trabajan en el Data Store de The Guardian recorriendo los trabajos más importantes que realizaron. Facts are Sacred es la cocina de los mejores platos que sirvieron en el DataBlog.

Es de algún modo, también, un conjunto de primeras crónicas de campo sobre los problemas y desafíos con los que nos enfrentamos los periodistas en la era de la abundancia informativa, donde la escala de la producción de datos y la diversidad de formatos demandan nuevos estándares y herramientas pero sobre todo una visión renovada sobre nuestro trabajo.

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Periodismo y robots: cómo superar el viejo luddismo

En su libro Hackear el periodismo, Pablo Mancini abre la polémica sobre el futuro de la profesión con su frase “que me reemplace un algoritmo”. Si la mayoría de las redacciones online tienen un plantel que se dedica a copiar y pegar cables de agencia, si no se incentiva la producción propia y la experimentación a la hora de trabajar, entonces los periodistas estamos perdidos. ¿Por qué insistir en la elaboración humana cuando las tareas que realizamos pueden ser realizadas por robots?

En todas las industrias, desde la revolución industrial en adelante, se presenta el “peligro” latente de que la automatización de los procesos productivos actúe en detrimento de la labor de las personas de carne y hueso. Por el siglo XIX, el luddismo reaccionó ante esto de forma violenta. Este movimiento obrero en Inglaterra profesaba el odio a las máquinas y, para vengarse de ellas por ser supuestamente las causantes de despidos y de las bajas en los salarios, rompían las instalaciones de las fábricas en donde trabajaban.

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Periodismo = Los Periodistas + Los Robots + La Audiencia

La portada de TN.COM.AR durante la cobertura de las elecciones presidenciales del 23 de octubre del 2011 tuvo la siguiente formulación:

Contenido Periodístico (Generado por la Redacción) + Data Pública (generada por el Estado y procesada por Robots) + Participación de la Audiencia (Generada en las redes sociales).

Esa formulación se resolvió de la siguiente manera:

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Diarios: de imprescindibles a prescindibles

Una de las grandes cruces que cargan los diarios por “culpa” de internet es que dejaron de ser imprescindibles. Ya no lo son ni para lectores ni para anunciantes.

Hubo una época en la cual la mayoría de los lectores de diarios consideraba a “su” diario imprescindible: era la ventana al mundo, la enciclopedia que explicaba los hechos de cada día y el resumen perfecto de lo que había que saber sí o sí. Quizá quedan todavía millones de lectores de esa clase, pero están en franco retroceso. Y si los lectores no necesitan los diarios, ¿para qué los van a querer los anunciantes?

Aquí vale detenerse en una simple y genial estadística dada a conocer por Hal Varian: “Un lector de diario impreso pasa 25 minutos por día promedio leyendo el diario mientras que un usuario online pasa poco más más de un minuto promedio en un sitio informativo”.

¿Acaso hace falta decir que hoy podemos reemplazar con facilidad una diario por otro con un par de clicks y que aprendimos que la mayor parte de los contenidos de los diarios son intercambiables para la mayoría de los consumidores? Lo que nos cuenta y explica un diario, también lo cuenta y explica otro. (La minoría para quienes los contenidos no son intercambiables serían aquellos obsesivos y adictos a la información, como somos los periodistas).

Ahí, en esa perdida de la “imprescindibilidad”, está una de los grandes desafíos de los diarios online, desafío que marca con claridad por qué los diarios deben mirar hacia otras latidudes, bien distantes de los medios tal cual los conocemos, para reinventarse en internet. Cada diario necesita encontrar online formas para ser tan diferente que pase a ser único y tan único como para ser imprescindible.

Las empresas informáticas (o de internet, como uno prefiera llamarlas) más exitosas crean y brindan un servicio que las haga imprescindibles para los usuarios. Son servicios que penetran los usos y las costumbres de cada usuario hasta convertirse en fundamentales para su accionar cotidiano, desde el mail que debe chequearse a primera hora hasta el servicio de chat predilecto e irreemplazable pasando por la red social preferida y el torrent de cabecera, por no hablar del sistema operativo de elección. Muchas veces lo que hacen estas empresas es crear un servicio apuntado a cubrir una necesidad que quizás nunca existió, una necesidad creada por la misma empresa a partir del momento en que brinda el servicio.

Los sitios informativos fallan en esa creación de una necesidad, no logran crear esa dependencia en sus usuarios de internet y en gran parte ésto les sucede porque se siguen viendo como creadores de contenido ante todo. El contenido está bien, es lindo y tal vez hasta necesario, solo que en la actualidad es la carnaza que atrae pero no el anzuelo que engancha. El contenido alcanza para retener por 70 segundos, pero a los creadores de contenido no les sirve tan poco consumo y a los anunciantes menos todavía. Hace falta buscar otras razones para las que los usuarios vengan y se queden.

Reconocer esta encrucijada y decidir actuar sobre ella implica producir un cambio cultural y reconocer que escribir bien, producir buena multimedia, hacer excelentes entrevistas y un largo etcetera de quehaceres periodísticos no hace gran diferencia al momento de distinguirse como medio online. Sí, las mejores notas, la información más explosiva, las fotos mas brillantes, podrán retener lectores por 75 u 80 segundos mientras otros los retienen por 50, pero no alcanza. Hay que buscar ser imprescindibles y que los usuarios ni consideren la posibilidad de hacer uso de la canilla libre de la información. Centrarse en crear información no será la solución. Sí lo sería, por ejemplo, pensar en qué puede hacer el consumidor-usuario con la información, sea jugar, socializar, trabajar o ganar dinero.

Apuntar a este objetivo implica romper estructuras, la más grande de las cuales es dejar de pensar como empresas periodísticas y reconocer que el “periodismo digital” necesita pensarse desde un nuevo lugar. Fijarse en cómo se conciben a sí mismas las empresas informáticas sería un buen punto de comienzo para esta búsqueda.

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Pd: La presentación completa de Varian aquí, en pdf.

El mundial de la simulación

Es un gran momento para los periodistas deportivos. Todo mundial de fútbol es una oportunidad para lucirse profesionalmente y ofrecer lo mejor. Crónicas, videos, infografías, entrevistas, noticias de color que nadie tiene o logró ver antes, comentarios agudos, fotografías, pueden convertirse en un antes y un después en la vida de un simple cronista de fútbol, hoy enviado especial a Sudáfrica. Lo mismo cabe decir para los sitios de noticias online.

Con más o menos talento, con mayor o menor esfuerzo, algo es seguro: ninguno puede pronosticar qué seleccionado llevará a su país el máximo galardón. Tampoco quiénes clasificarán a los cuartos de final. Hay favoritos, sí, pero qué periodista puede asegurar a ciencia cierta qué seleccionados se enfrentarán en la final.

Este es mucho más que el primer mundial de fútbol con redes sociales. Mucho más que la primera copa del mundo con Youtube y dispositivos móviles de alta gama. Este es, por sobre todas las cosas en lo que concierne al mundo periodístico, el primer mundial con Nate Silver.

El flamante periodista del New York Times está pronosticando los resultados del campeonato. Creer o reventar, está generando 10 mil simulaciones cada 24 hs que le permiten proyectar probabilidades: qué seleccionados ganarán los grupos, con cuántos puntos y goles lo lograrán y cuáles son sus chances de llevarse a casa la preciada copa, entre otros datos.

Nate Silver cuenta en este post qué está haciendo, y ofrece las proyecciones actualizadas en base a una versión más sofisticada del algoritmo que cocreó con ESPN, el Soccer Power Index (SPI).

Si acierta, como ya lo hizo en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en el 2008 (dio en clavo en 49 de 50 estados), entre otras ocasiones, este mundial habrá sido un antes y un después para el periodismo deportivo. Para el periodismo. Mientras tanto, es un ejercicio rupturista, innovador y de máximo valor agregado en un sector donde reina la inercia, el conformismo y la incapacidad.

+ > Periodismo artificial en Amphibia

Modelos productivos: por qué importan más que los de negocios

La desorientación sobre los posibles modelos de negocios para los diarios online no parece encontrar rumbos medianamente conducentes. Todos incompletos, la venta de impresiones resiste todavía a la demanda por clicks de los clientes, los micropagos son un riesgo que pocos se atreven a asumir, y hasta las propuestas más ilusas e insólitas tienen lugar.

Clay Shirky escribió en marzo un artículo brillante y demoledor al respecto: Newspapers and Thinking the Unthinkable. Shirky es uno de los mejores cirujanos del tema. Apoya el bisturí donde pocos: abre los tejidos del vínculo entre modelos de negocios y modelos productivos:

Round and round this goes, with the people committed to saving newspapers demanding to know “If the old model is broken, what will work in its place?” To which the answer is: Nothing. Nothing will work. There is no general model for newspapers to replace the one the internet just broke. With the old economics destroyed, organizational forms perfected for industrial production have to be replaced with structures optimized for digital data.

Todos los días aparecen en los blogs vinculados a la industria de los medios digitales cientos de comentarios sobre los posibles modelos de negocios para las ediciones impresas y online de los diarios. Cada quien con su teoría, especulación o intuición. Cada maestrito con su librito. Ideas, propuestas y hasta confabulaciones encuentran espacios en los debates.

¿Tiene sentido buscar modelos de negocios revolucionarios sin diseñar modelos productivos de cambios graduales? Cada vez parece más improbable el hecho de que, una mañana de éstas, alguien dé en el clavo de la monetización y todos puedan importar modelo, receta y solución.

En América Latina, y me animo a decir también en el mundo hispanoparlante, la factoría y la oferta de la industria periodística en Internet no sólo padece una profunda desactualización, también parece desconectarse cada vez más de la orientación de las interacciones y los contenidos que los usuarios están protagonizando.

Algunos se enfrascan en especulaciones sobre los posibles calendarios para la desaparición de los medios impresos. Otros se preguntan quién va a salvar al periodismo. Todos buscan modelos de negocios, pero pocos avanzan un terreno que tarde o temprano habrá que recorrer: la experimentación sobre modelos productivos sustentables. Porque ya no habrá un renovado modelo de monetización para un arcaico modelo productivo de la información.

Sin nuevos modelos productivos para la organización periodística, ni contextos interactivos para las audiencias, nada tenemos que hacer los periodistas en la Internet inmediata.

La discusión sobre los nuevos modelos de negocios todavía evade los esbozos sobre nuevos modelos productivos. Algunos están haciendo cosas realmente disruptivas, buscándole la vuelta a la reutilización de contenidos, aunque los puntos de inflexión surgen de proyectos concebidos cien por ciento online. Huffingtonpost.com, Newser.com, son sólo dos muy conocidos en cuanto a modelos organizacionales y productos sin par.

Contextos como esos son el hábitat natural de outliers como Nate Silver, el niño mimado de los medios estadounidenses durante la última campaña presidencial. Desde su FiveThirtyEight.com supo usar la matemática y la informática para simular 10 mil veces por día las elecciones y dar sentido y claridad a los sondeos electorales, materia prima que le sirvió para publicar los análisis políticos más precisos de la oferta online, generado un punto de inflexión histórico en cuanto a las columnas de opinión.

Huffingtonpost.com, Newser.com y FiveThirtyEight.com son tres casos clave sobre nuevos modelos productivos en la industria del periodismo. Claro, están en una fase absolutamente experimental y todavía no encuentran en santo grial. Merecen tiempo, al menos lo intentan.

Más temprano que tarde, la discusión sobre los modelos de negocio desembocará en la de los modelos productivos. Lo mejor está por venir: la nueva (des)organización periodística.

Hablamos con Michael Wolff, de Newser.com

Entre los pendientes y drafts de Amphibia estaba la intención de hablar con los creadores de Newser.com, el sitio de noticias que en octubre de 2007 pusieron en línea Michael Wolff, columnista de Vanity Fair y autor del libro The Man Who Owns the News (una biografía de Rupert Murdoch), y Caroline Miller, editora de New York Magazine.

Newser.com es uno de los sitios periodísticos que seguimos más de cerca. No es casual que lo hayamos incluido como caso de estudio en el Magíster Internacional en Comunicación y Periodismo Digital de la Universidad Mayor, en Chile. La contundencia informativa del sitio es la envidia de cualquier online.

Su tráfico crece a toda velocidad, desinventa permanentemente la forma de presentar las noticias y cuenta con un algoritmo que coproduce la información con los periodistas. Read less, know more es su lema y se está convirtiendo en uno de los ejemplos más cabales de los medios híbridos, y de las capas artificiales y arquitecturas postindustriales del periodismo.

En este post, algunas referencias clave sobre el sitio y el testimonio de Michael Wolff.

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Los códigos informáticos y las redacciones

La idea de programadores y desarrolladores como eje del flujo informativo que plantea el compañero en posts recientes existe y es debatida a lo ancho y largo de la red. Ejemplos abundan en Estados Unidos (¿dónde si no?).

Nate Silver fue el niño mimado de los medios estadounidenses durante la campaña presidencial porque su fiveeightysix.com supo usar la matemática y la informática para darle sentido y claridad a los sondeos electorales. Con un algoritmo le dio orden y validez a la información y con eso le alcanzó para diferenciarse del resto y ser referente en un país donde destacarse en el periodismo no es fácil por la cantidad de periodistas, comentaristas y demás que anda dando vueltas.

El New York Times andará con la brújula financiera desmagnetizada y habrá quienes no se diviertan leyéndolo, pero no hay duda que está un paso adelante en innovación y experimentación en cuanto a presentación de la información en internet. El equipo detrás de esa experimentación y esa innovación está conformada por periodistas/desarrolladores, tipos que saben tanto de código y programación como de periodismo. “Renegade cybergeeks” los llama en una semblanza New York Magazine, además de decir que son el “nuevo periodismo”.

Dice The NY Magazine que al mirar con atención y no al paso los cambios introducidos por los geeks desde la creación de su equipo de trabajo hace menos de dos años lo que se ve “no es una imitación berreta de lo impreso, sino un versión muy superior. Quizá sea la única historia ‘alegre’ en el periodismo”.

La historia podrá ser feliz dentro de la malherida prensa gráfica estadounidense, pero hasta ahí: nadie logra rentabilizar el fruto del trabajo de los geeks, al igual que sucede en tantos otros medios.

Más allá de la problemática económica, la historia aquí es el equipo de desarrolladores, encabezado por Aron Pilhofer y Matthew Erickson, quienes en agosto de 2007 le pidieron a los directivos del diario algo que parece más simple de lo que es, como sabrá cualquiera que haya trabajado en estructuras más o menos grandes: invertir rápido en periodismo experimental. El sí llegó de una y al mes Pilhofer tenía su equipo de “Interactive Newsroom Technologies”, que debía generar cosas en colaboración con diseño y con multimedia. El concepto motriz es aprender ahora, para saber qué hacer y cómo hacerlo cuando el papel como fuente de todos los ingresos sea tan solo un recuerdo.

La clave de ese equipo es que le dio a un grupo de desarrolladores/periodistas la libertad para acercarse y trabajar en todos los sectores del diario. Pasaron a ser el equipo que genera información con cualquier tema y crearon desde APIs hasta el Word Train.

En la mayoría de los medios sería imposible tener gente que combine conocimientos de programación y periodismo. Sí podría dársele más lugar al trabajo de los informáticos. Que sean más dentro de las redacciones, que participen más y que generen más en función de la información.

Una de las cosas más interesantes que dieron los medios argentinos el año pasado fue el generador de nubes de las palabras más dichas de los discursos presidenciales, creado por Matías Celani y Guada Reyes, una herramienta que ni propios ni extraños aprecian en una ínfima parte de lo que deberían. Los programadores crearon, está en los periodistas encontrar qué hacer con el producto.

Recién cuando las participaciones e ideas como las de Silver, el equipo de geeks del NYT y de Celani y Reyes sean la norma y no la excepción al momento de producir y presentar información llegará el momento en que los medios digitales aportarán algo al periodismo que vaya más allá del “último momento”, el mayor aporte a la prensa que parecen haber dado las punto.com en sus 15 años (aprox.) de vida.

> + Periodismo digital en Amphibia

Que me reemplace un algoritmo II

La idea fuerza sobre la que se sostiene el concepto de periodismo artificial es que buena parte de la oferta actual de los diarios online podría ser producida por algoritmos.

Los artículos publicados en Amphibia sobre el tema, y las escasas referencias disponibles, apuntan, siempre, a algunas capas -no a todas- de la producción y distribución de contenidos. Pepe Cervera me sintetiza mejor y más claro de lo aquí hemos podido expresarlo: “Lo que jamás vas a poder hacer es competir con la máquina en lo que mejor hace la máquina: producir mucho, homogéneo y barato. Tendrás que producir poco, diferente y de alto valor añadido”.

Ahora, lo que quiero decir en este post es lo siguiente: Esa idea no sólo se aplica a los redactores y periodistas que se desempeñan en medios digitales, sino a toda la organización. De hecho la publicidad online hace rato que está algoritmizada.

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Que me reemplace un algoritmo

Es el miedo de los periodistas digitales, incluso el de aquellos más integrados, optimistas o tecnofílicos. El fantasma del periodismo artificial, de un modelo de prensa sin humanos, atormenta a la mayoría de los hacedores de los diarios online.

¿Puede pasar? Va a pasar. ¿Y cuál es el principal argumento en favor de esa hipótesis vestida de profecía? El siguiente: buena parte de la oferta actual de los diarios online podría ser producida por algoritmos.

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