La fuerza del comentario en Internet es la negatividad. No se trata de pensar esa negatividad como simple “malevolencia”, sino como una oposición ante antiguas prácticas y poderes. Frente a la dinámica esclerosada del circuito informativo clásico, donde el mensaje era emitido por una única fuente y recibido por un único receptor, el comment materializa la negatividad de lo nuevo.
Feedback diseñado para la lógica de participación horizontal que propone la Web ante la información –y siempre se trata de información–, la cohesión de nuevas comunidades germina a los pies de las noticias online a través del comment . Aunque, a veces, como ocurre en toda comunidad desjerarquizada y participativa, el feedback puede volverse tóxico y dañino. En ese sentido, el comentario también delimita un área donde las ideas se ejecutan como odios.
Más allá de su integración a favor o en contra de un discurso, el comment representa, por eso mismo, negatividad. Un modelo contemporáneo de información digital que solicita actividad, en oposición a un modelo de información analógica que solicitaba pasividad.
¿Entonces cuáles son los requisitos para añadir la voz propia a esos foros que oscilan entre lo constructivo y lo pantanoso? La pregunta se relaciona menos con las cuestiones técnicas para producir comments que con la neutralidad que garantiza la Web para que eso sea posible.
¿Tiene un usuario anónimo derecho a incluir su voz en los nuevos flujos de opinión digitales? ¿Cómo se intersectan las fuerzas jurídicas que esperan controlar el ciberespacio como si fuera una mera remodelación del viejo circuito analógico del “correo de lectores”, y los flujos de audiencias que reelaboran y disputan el sentido y la dinámica completa de la información en Internet?
Mc Cartney con su Les Paul, ayer en Liverpool, donde volvió a tocar temas de Los Beatles 



