Un sueño tercermundista: El Secreto de sus Ojos

La medida de un éxito cinematográfico se vuelve intrascendente –y a partir de ahí indiscutible– cuando en un país periférico como Argentina se supera el millón de espectadores. Pero el valor de El secreto de sus ojos es que su director se propuso la película como objeto de discusión. Que la película haya sido nominada al Oscar es una oportunidad para comentar su cualidad más trascendente.

(Voy a abrazar este registro pedagógico porque conozco a un chimpancé que vio la película El secreto de sus ojos y dijo que se trata “sobre una venganza”).

La venganza es exactamente el único tópico que las agrupaciones de víctimas de la represión, sobrevivientes, historiadores, ensayistas y demás fusibles de ese artefacto político-social llamado Memoria se han ocupado de mantener lejos de su campo discursivo. El secreto de sus ojos se trata sobre las instancias posibles de justicia en una tierra diezmada por la disfuncionalidad vitalicia de su aparato jurídico. ¿Cuándo el carcelero se convierte en el convicto? ¿Cuál es la frontera del lenguaje a partir de la cual consensuar un entendimiento entre partes? ¿Cuál es la naturaleza jurídica del Bien y del Mal?

Vamos a develar que la trama se desarrolla en los albores del gobierno de María Estela Martínez de Perón –la otra presidenta–, que se trata de la investigación judicial de un asesinato ordinario cometido por un custodio militar de María Estela Martínez de Perón –la otra presidenta– y que el marido de esa víctima trama un plan para ejecutar por sus propios medios una condena parametrada por el mismo aparato judicial que se ha vuelto incapaz de juzgar a sus eslabones.

Ese intersticio jurídico es un tema bien conocido para los lectores de Giorgio Agamben:

“Si los procedimientos excepcionales son fruto de los períodos de crisis política y, como tales, han de ser comprendidos no en el terreno jurídico sino en el político-constitucional, acaban por encontrarse en la situación paradójica de procedimientos jurídicos que no pueden comprenderse en el ámbito del derecho mientras que el estado de excepción se presenta como la forma legal de lo que no puede tener forma legal”.

El tema de El secreto de sus ojos son las condiciones de posibilidad de Justicia dentro de un contexto histórico-retrospectivo de reparación *.

La fluctuación y posibilidad de ese deseo de reparación y perdón también es un tema conocido para los lectores de Paul Ricouer:

“El hombre, como ser capaz, no debe ser reducido a su acción. Entonces, mientras la equivalencia se basaba en la adscripción de la acción a su agente, y proponía, por medio de la imputación, culpar y penar al sujeto en virtud de la acción cometida y reputada malvada, la nueva perspectiva abierta por la antropología nos invita a separar la acción del agente. En este desligar el sujeto de su acto se pone en juego toda la posibilidad del perdón, porque mientras el aspecto jurídico pone el acento en la acción, la nueva lógica pone el acento en el hombre más allá de su acción”.

No sé dónde estarán leyendo esto, pero en el rincón sudamericano donde yo lo estoy escribiendo, Buenos Aires, Giorgio Agamben y Paul Ricouer no suelen cruzarse productivamente con la cultura de masas.

Sabremos entender a la Academia si opta por darle su Oscar a alguna película con una temática semejante –porque la industria cinematográfica estadounidense sólo premia el cine extranjero que retrata conflictos geopolíticos idénticos– pero en algún lugar más trascendente, como Irak, Palestina, Israel o Afganistán. Y no dejaremos de ver los premios ni siquiera cuando el cine meramente imperialista y genocida de James Cameron y su Avatar arrase con todo.

* En ese sentido, la de los usos políticos de esa reparación es una discusión distinta y su foro debe ser necesariamente otro.