SOPA y PIPA

I
Reivindico las exageraciones. Esa desesperación de la forma. Ese barroquismo accesible prácticamente a cualquiera. Lo siguiente es un ejemplo. De poder reescribir uno de esos oscuros manuales de tortura al estilo de los elaborados por el coronel Charles Lacheroy en los años sesenta —y aplicados con alegría por el ejército regular de colonos franceses en Argelia—, el ítem submarino seco tendría la siguiente definición: «dícese de la práctica que consiste en interrumpir de manera arbitraria y azarosa cualquier conexión a la web».

II
Interrumpir la web —es importante desmontar la idea hueca de «nuevas tecnologías», que ubica a internet en una categoría semejante a la que corresponde a cualquier ocioso lujo burgués— es un evento tan miserable como interrumpir el suministro de agua corriente, cortar la electricidad o cortar el gas. El colonialismo, los nuevos terrores del capitalismo postindustrial y un lobby bien identificado de terroristas digitales se han propuesto la miserable tarea de interrumpir la web.

El objetivo —igual que en Argelia, igual que en Afganistán, igual que en todos esos lados donde todavía circulan los más clásicos manuales de tortura— es maximizar ganancias aún si eso significa proponer una batalla jurídica que se coloca como objetivo la destrucción de las nuevas coordenadas sociales y tecnológicas de la cultura contemporánea. Hay muchas formas de explicar cuáles son los motivos detrás de la Business Software Alliance. Pero adoro las exageraciones también porque apuntan al núcleo duro de cualquier concepto, entonces vamos a quedarnos con esto: la Business Software Alliance —como toda entidad miserable, ruin y estadounidense— propone una batalla jurídica que se coloca como objetivo la destrucción de las nuevas coordenadas sociales y tecnológicas de la cultura contemporánea.

¿Cómo reacciona la web ante la barbarie?
Se interrumpe a sí misma. Se barbariza.

III
Stop Online Piracy Act (SOPA) y Protect IP Act (PIPA) son los proyectos de ley a través de los cuales las industrias culturales del siglo pasado pretenden atacar, doblegar y destruir a la cultura del presente. Control extraterritorial de la libertad individual, control fascista de los consumos en internet, violación de la intimidad. La lista de miserias que proponen SOPA y PIPA es larga y una exageración pormenorizada podría hacerla aún más larga. En este caso, la exageración —cuya belleza también puede encontrarse en el poder de lo sintético— indica que SOPA y PIPA representan un único y solo conflicto —el sublime, el imperecedero, el exclusivo conflicto en la Historia de la Humanidad—, el pasado contra el futuro.

IV
SOPA y PIPA han sido rechazadas por Mozilla, Facebook, Yahoo!, eBay, American Express, Reporters Without Borders, Human Rights Watch y Wikipedia. Los fundadores de redes como LinkedIn y Twitter —Reid Hoffman y Evan Williams— se han opuesto a SOPA y PIPA. Incluso el Tea Party considera estos proyectos “malos para los consumidores”.

Repasar la lista es un acto suspicaz en sí mismo.

Facebook, Mozilla, eBay, Yahoo! no son entidades filantrópicas preocupadas por el bienestar de sus consumidores. El Tea Party, sin ir más lejos, no propone ninguna fiesta para quienes consideran que el libre albedrío y la teoría de la evolución de Charles Darwin son factores aceptables bajo los cuales guiar la existencia privada. Hasta Google, la empresa cuyo propio miserabilismo, aplicado a la segmentación minuciosa y al control de los deseos colectivos, lo ha colocado de manera resuelta en oposición ala SOPA yla PIPA, puede considerarse, por ahora, un «precio razonable» por las ventajas de la web.

¿El submarino seco de este miércoles resuelve algún capítulo trascendente de la lucha entre el pasado y el futuro? En principio —es mi última exageración—, escribo estas líneas ocho horas antes del black-out, en medio de otro oscurantismo. En la Argentina de un diecisiete de enero de dos mil doce, inundada en #findelperiodismo, donde ningún medio tradicional ha dado todavía la «noticia» del cese voluntario y azaroso de la web. ¿De qué hablan, en cambio? De un crucero a medio hundir en Italia, de un embarazo adolescente, de la tarifa de un subte urbano. Del pasado, del pasado.