Soitu y el Ford T

Soitu nació con propósito original: ser un medio periodístico (no un diario digital, como tituló Clarín.com) sin ningún vínculo con una corporación mediática. Y más: entregar a la audiencia buena parte del control del sitio. Pero, quizá forzado por las circunstancias, cometió una ingenuidad y construyó un fuerte vínculo con otra corporación: un banco. Fueron socios. Es seguro que esa relación no condicionaba sus contenidos, pero sí imponía otras condiciones (en acto o en potencia -como siempre que se establece una relación con una corporación- a los humores de los funcionarios de turno). Así de azarosas son esas relaciones.

En el mundo de los medios tradicionales existen muchos proyectos que no generan beneficios económicos (quizás Público en España o Crítica en Argentina sirvan de ejemplo) pero producen beneficios de otro tipo. ¿Políticos? Puede ser. Y eso las corporaciones lo valoran.

Pensar que un proyecto puro de Internet pueda sobrevivir con el aliento cercano de una corporación es, por el momento, utópico. No importa a qué industria pertenezca, todas son de otro siglo -lentas para aprender todo aquello que no esté enmarcado en la lógica de la competencia y en modelos probados- y miden el éxito o el fracaso con el único patrón que conocen: el ebitda en un casillero de una planilla Excel.

Hay algunas que ya funcionan distinto. Google, por ejemplo. Fueron proyectos de riesgo o de inconciencia y se convirtieron en corporaciones que se parecen mucho más a redes o plataformas (como le gusta decir a Jeff Jarvis) que a líneas de montaje. El sueño de Soitu, intuyo, era ser plataforma; el del BBVA, línea de montaje, como aquel invento tan revolucionario donde Ford producía su modelo T. En los tiempos que nos toca correr el que está condenado a cambiar es el BBVA, no Soitu.