Sobre coronitas, avatares y el Gran Dios Flash

Hasta donde sé, tres diarios argentinos produjeron especiales multimediales para el 10 de diciembre. Los de La Nación y Perfil.com fueron por el aniversario del año de Cristina Kirchner en la presidencia y el de Clarín estuvo dedicado a los 25 años de democracia.

Pero seguramente uno solo tuvo el efecto que produjo el de Perfil.com en un redactor de la misma Perfil.com cuando lo vió. “Lo de la coronita es una boludez”, fue su opinión (o quizá dijo “pelotudez”, no recuerdo con exactitud su fina dialéctica).

La coronita era, obviamente, esa que le cae y le queda torcida en la cabeza a Cristina Kirchner en la home del especial. Es por aquello de la “Reina Cristina”…

Oído el sesudo análisis del redactor, quien además de talentoso usuario de la lengua es ferviente kirchnerista, surgió el planteo. La coronita, ¿es una pelotudez/boludez? ¿Debería estar o debería volar? ¿Para qué está? La duda, o las dudas, surge por el calificativo elegido pero sobre todo por un error de lectura de la imagen.

Esa coronita está hecha con Flash. En este caso el Flash fue usado como pocas veces se usa en los medios: como instrumento para editorializar (si lo que dice el gráfico está bueno o no, es otro tema). El Flash de la coronita editorializa a criterio de creador del gráfico. Es como cuando un dibujante hace una caricatura en papel.

El Flash debería usarse más seguido como herramienta para fijar posición editorial y seguramente lo será (o lo serán los programas que lo reemplacen). Cuando así sea, será la gente de arte y diseño quien haga uso de él para “decir cosas”. El Flash será la nueva carbonilla. ¿Los “flasheros” serán los nuevos Quinos, los nuevos Sábat, los nuevos El Roto?

Si la coronita es una pelotudez, lo es en la misma medida que pueden serlo siempre las imágenes editoriales. Podrán ser más o menos inteligentes, pero buscan decir algo que se encolumna dentro de la línea de pensamiento de la editorial. Los dibujos/caricaturas (y algún día las imágenes animadas) son como las columnas de opinión: las hay pelotudas y las hay buenísimas.

A su forma, en su especial La Nación hizo algo similar aunque más sutil con esa sección “Vestuario”, donde Cristina Kirchner queda media ridiculizada al presentársela con avatares. La diferencia entre LN y Perfil esta en que el avatar por si sólo no dice demasiado. La imagen, en el caso de LN, necesita del contenido para ganar fuerza.

A grandes rasgos, parecen existir tres tipos de especiales multimediales en los medios digitales: los que cubren un evento día a día (Juegos Olímpicos o elecciones, por ejemplo), los que sirven para explicar en detalle un evento (gráficos sobre la crisis financiera o desmenuzamiento de un discurso) y los que son homenajes, mirada atrás o repaso histórico.

Los dos primeros tipos sirven para intentar explicar mejor la noticia. Pero, además, todos los tipos de especiales tienen un gancho que les da valor agregado: su capacidad para mantener al usuario atado al sitio sin que se vaya a la competencia (porque los estrategas de los diarios quieren eso, que el usuario se quede; no se sabe bien para qué, pero tiene que estar ahí, al pedo pero ahí).

Al toparse con animaciones y con cosas que reaccionen a puro click, los usuarios tienden (tendemos) a volvernos pelotudos. Empezamos a cliquear de acá para allá una y otra vez. No sabemos para qué, pero cliqueamos como si nos lo ordenara el Gran Dios Flash. Cuando nos damos cuenta, pasamos más tiempo cliqueando de lo que nos pasamos leyendo notas.

Para que el usuario cliquee, y por lo tanto se quede, lo mejor es ofrecerle algo divertido, algo descontracturado y más aún si el especial es sobre algo que no es noticioso (como es un homenaje o un repaso). Coronitas y avatares, bah. No será periodismo de investigación, pero es una de los tantos nuevos caminos que recorrerá el periodismo de la mano de la “revolución digital”.

Para quienes se deprimen por el panorama queda la tranquilidad de que recién estamos en la pre-historia de coronas y avatares. Falta un buen trecho y hay tiempo para mejorar. Mientras tanto, los cliqueadores compulsivos pueden conformarse con los especiales más bizarros.