Rediseño VS Cuerpo

Los rediseños de sitios de alto tráfico tienen una parte desconocida, incluso contraintuitiva. Rediseñar un sitio todavía es un trabajo difícil y muy artesanal. Algunos lo sufren, otros lo disfrutan. Los cuerpos de todos quedan hechos pedazos.

Puede ser una experiencia infausta o una experiencia emocionante. No hay nada intrínseco en el proceso que pueda determinar de qué lado del péndulo vamos a quedar. Eso depende de la mente de cada uno.

Los quince o veinte días anteriores a la salida a producción son muy duros. El cuerpo, literalmente, duele. Hacer las cosas bien, trabajar en los detalles que hacen la diferencia, implican mucho esfuerzo y una inversión de tiempo personal que no todos pueden o quieren hacer. Esos días son una carrera de fondo full life que termina con un sprint poco usual.

Pero el proceso lejos de terminar allí, recién comienza. Una vez en producción los bugs son como los zombis: matás uno y vienen dos. Allí comienza entonces otro sprint de 72 horas para lograr que el grueso de errores, imperfecciones y averías queden resueltas. ¿Por qué? Es muy sencillo: nada es más difícil de revertir que una primera mala impresión. Es por eso, también, que las salidas a producción se hacen frecuentemente a la madrugada.

El esfuerzo físico y mental puede o no tener los resultados esperados. Puede o no ser cool. Puede o no ser reconocido. En última instancia, los rediseños de sitios de alto tráfico siempre dan que hablar. Son las reglas del juego: el público opina sobre el cambio y la valoración del público es inapelable. Trabajamos en esas circunstancias y el objetivo siempre es el mismo: el cambio debe tener un buen impacto en la marca, mejorar la experiencia de las personas, agregar valor comercial y ser una mejor herramienta para el equipo de redacción. Hay mucho en juego.

El punto en cuestión es el proceso. Personalmente lo disfruto, mucho. En todos los equipos en los que me ha tocado trabajar he visto de todo: desde aquellos que disfrutan incluso más, hasta los que caen de cansancio físico o mental en el camino.

Un rediseño tiene, ya no en los equipos, sino específicamente en sus miembros, tres desafíos clave: El primero y básico es la aptitud, es decir, la pericia para hacer lo que debe hacerse en tiempo y forma. En segundo lugar, la actitud. El mejor profesional se vuelve inservible en un proceso así si no cuenta con una actitud proclive a abrazar el desafío que tiene ante sí.

El tercer desafío es quizás el menos comentado entre los profesionales de la industria. Este es el impacto físico de un proceso de tanto trabajo y stress en el que tanto hay en juego. Lo artesanal y, si me permiten la expresión, lo rudimentario que es todavía en el 2014 rediseñar sitios con cierto nivel lleva a que el esfuerzo físico sea un aspecto nada menor.

Se duerme muy poco, y a veces mal. La ansiedad es una fuente de stress, para algunos incluso de inseguridad. Más allá de la cantidad de horas, la carga de trabajo es mayor a la usual. La demanda de foco y atención exclusiva a lo que se está haciendo es muy desgastante. También es muy difícil alimentarse bien. El desorden en las comidas conforme pasan los días es notable y, después, pasa factura. La frustración para muchos es difícil de administrar: los problemas no se resuelven rápido y la cuenta regresiva del deploy no tiene misericordia. Durante ese mes, la vida social se reduce a cero. El proyecto es todo.

Si sirve la experiencia, yo soy de los que disfruta mucho el desafío. El proceso es complicado, todavía muy artesanal y el impacto no deja indiferente al público. Pero esa presión, lejos de retraerme o de sufrirla, la disfruto. Eso así, una o dos semanas después, cuando bajo ese ritmo de hiperproductividad y de obsesión inflexible, el cuerpo me pasa factura. Es algo que solo puede hacerse, como máximo, una vez cada 6 o 7 meses. Por eso caigo en cama con fiebre una vez por año. Por eso se me parte de dolor la espalda también una vez por año. Este año todavía no me resfrié. Pero la espalda, desde ayer, casi no me deja caminar. Nada grave: reposo y nuevos desafíos, y todo vuelve a la normalidad.

#SinLLorar