Redes sociales e innovación: solos no es posible ser inteligentes

Las redes sociales se expanden por todos los ámbitos y comienzan a transformarse en la forma más amplia y afianzada de la web de los últimos meses. Los experimentos colectivos que hace unos años eran incipientes redes distribuidas en la periferia de la actividad on line –pero también aproximaciones teóricas finísimas como las de Manuel Castells-, actualmente devienen el núcleo conceptual del funcionamiento de la Web.

Es notable la traducción práctica de esa idea central de redes sociales en las experiencias de aprendizaje que hacen de internet uno de sus motores más poderosos de su funcionamiento. También lo es la espontánea emergencia de nanomedios de nicho generados por las audiencias, de las que hablamos con Pablo J. Boczkowski. Los medios tradicionales de comunicación encarnan otra de las manifestaciones de la tendencia, con el modelo conversacional que están ensayando en sus ediciones digitales. Por citar un ejemplo que se dio a conocer hace unas horas, la agencia de noticias Reuters –que en marzo liberaba sus feeds RSS a todos los bloggers- decidió invertir en Global Voices Online, una plataforma de publicación gestionada de periodistas ciudadanos.

Los modelos de negocios, que luego del estallido de las puntocom ensayaron todo tipo de experimentos para reinventarse, en la mayoría de los casos cerrándose y con la no siempre eficaz estrategia de cobrar por contenidos, son acaso el más reciente emergente visible en el cúmulo de las redes sociales.

Y no nos referimos solamente a casos como el de Second Life, del que hablamos hace unas semanas: un videojuego-plataforma social de realidad virtual que, además de permitir diseñar alter egos a medida y multiplicar sus posibles usos al ritmo de los usuarios y comunidades formadas, ya cuenta con su propia moneda que luego se cambia, por dólares, en la vida fuera de la pantalla.

Las redes P2P de intercambio de archivos, que fueron -y siguen siendo- el principal enemigo para las discográficas y para la industria del cine, aunque no necesariamente para los artistas, claro está, ahora son reinventadas, resignificadas según el propósito.

Incluso ya no sólo en los debates en torno de la “propiedad” de las manifestaciones culturales, o en la compuerta que pueden abrir para la ciencia, los laboratorios y los investigadores (tema del que casi nadie se hizo eco, pese a que fue expuesto en la prestigiosa revista Nature).

Ayer, sin ir más lejos, el diario El Pais.es titulaba: “Las descargas y el P2P pueden salvar el negocio” y comentaba que “Bit Torrent, uno de los sistemas más utilizados en la red para compartir archivos y facilitar la descarga de grandes ficheros -como las películas que se distribuyen ilegalmente, pero también todo tipo de software- ha alcanzado un acuerdo con la productora Warner Brothers para que esta empiece a vender sus películas en la red a través de P2P”.

Pero hay más, y todo sin referirnos directamente a las aplicaciones Web 2.0, que serían los exponentes más recientes de la transformación de las redes sociales. Los dos últimos servicios de Google dados a conocer giran en torno a estas ideas y a la ergonomía híper compleja de sistemas que no son nada sin las relaciones entre usuarios, que diseñan esos sistemas.

Uno es Google Co-op, un servicio del buscador que permite suscribirnos a información recomendada por otros usuarios. Se trata de diseñar resultados inteligentes en forma colectiva. El espíritu del servicio es bien elocuente: “no somos siempre nosotros los expertos”.

El servicio por ahora está disponible sólo en inglés, y permite que nos suscribamos a diferentes “partners” con los que Google ha llegado a acuerdos para ofrecer contenidos, como CNNMoney.com, Fandango.com, People.com, Digg.com, entre otros. Según Google, el objetivo es combinar la potencia de la tecnología de búsqueda de Google con el conocimiento y experiencia de las personas.

Una vez suscripto a los contenidos de algunos de los proveedores que se sumaron a Google Co-op, el usuario accede desde sus búsquedas a los resultados ordinarios y a los contenidos especializados. Además, “cualquier usuario se puede convertir en una fuente de información mediante los ‘labels’ o los ‘subscribed links’”, tal como explican en forma detallada en Alianzo.

El otro servicio al que hacíamos referencias es Google Notebook, una suerte de suite personalizada –toda ella accesible vía navegador, por supuesto- con las aplicaciones Gmail + GoogleTalk + Google Reader + Google Calendar + Google Desktop. Aún no está disponible, pero la semana que viene, cuando sea presentada, permitirá a los usuarios recopilar información de toda índole, como textos, imágenes, enlaces, sin tener que salir de la ventana del navegador. Google Notebook se inscribe en lo que conocemos como el universo de la Web 2.0: permitirá compartir con otros usuarios todos los datos.

La avalancha de aplicaciones on line gestionadas entre todos revela la proyección creativa e innovadora de las redes sociales, de la cada vez más común forma de interactuar: en red.

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Publicada originalmente en educ.ar