Real y virtual: discusión absurda

Hace algunos días, uno de los argentinos que más sabe sobre producción de contenidos para la web publicó un post donde explicaba por qué decidió borrar todo vestigio en internet de un sitio al cerrarlo tras varios años. Ya el hecho de borrar el sitio era llamativo, pero el eje de su explicación para hacerlo resultaba más llamativo todavía: criticó que busquemos preservar todo lo que producimos en internet, incluso después de abandonar o completar nuestros projectos, porque, dijo, actuamos como si lo virtual fuese lo real y no diferenciamos entre lo que sucede en la pantalla y fuera de ella, en el mundo de verdad. (No nombro ni linkeo a la persona ni su post porque al toque lo borró y sólo lo encontré en un caché tuiteado por otra persona. El sitio sigue abierto a lectores, aunque ya no se actualice).

El post me dejó pasmado. El discurso que argumenta la existencia de un mundo real y otro virtual es bastante popular, mucho más de lo que la lógica indicaría. Se repite al hartazgo con Facebook (con cosas como que en Facebook no están lo amigos en serio, esos están en el café o son los que van a casa a tomar mate) y en Twitter (“no te calentés, es solo Twitter”, “No es serio, es solo Twitter”). Cuando ese discurso es emitido por no-usuarios, es bien tolerable e incluso entendible, pero muchas veces viene de usuarios y ahí sí que anonada. Cuando el planteo llega de personas que están produciendo sitios y contenidos desde el siglo pasado llega el momento de plantear que hay un concepción muy errada sobre el tema virtual-real.

No es un problema sólo de internet, en el cine también existe. Lo explicó Martin Scorsesse en un bello y minucioso ensayo sobre la preservación histórica de la producción fílmica, donde dice que cuando “escucho personas menospreciar a las películas como ‘fantasía’ y trazar un rígida distinción entre el cine y la vida, me digo que es simplemente una manera de evitar reconocer el poder del cine. Por supuesto que no es la vida — es una invocación de la vida, es un diálogo continuo con la vida’’.

Leer la idea de Scorsesse me remitió de inmediato a la discusión sobre las dos vidas, una virtual y una real, porque está claro que su planteo puede adaptarse al análisis de esa falsa dicotomía producida por internet. Donde él ve un diálogo entre cine y vida, nosotros podemos ver que lo virtual y lo real, lo que hacemos “en internet” a través de una pantalla y lo que hacemos “fuera de internet” en el cara-a-cara, es todo parte de un mismo diálogo, todo parte de un mismo sistema. Negarlo y convencerse que existe una pared entre ambos va más allá del absurdo porque implica colocar una pátina de pseudo-sensibilidad humana y profundidad emocional sobre el análisis para poder negar los hechos de una evolución que cambió y cambia nuestro comportamiento, nuestras formas de comunicación y los modos de relacionarnos con nosotros mismos y con terceros.