Qué hacer con Facebook

Entrar y ver las actualizaciones de cientos de personas que uno conoce poco o nada es parte de la euforia de la conectividad inicial, pero con el tiempo eso pierde sentido, es aburrido y conduce a la autocensura, porque al final ¿quién está viendo todo eso?

Para flujo público está Twitter y, si se acuerdan, los blogs. Para contactos profesionales, Linkedin es impresionante, genial. Entonces, ¿servirá Facebook para explorar una forma de intimidad laxa? El equivalente a la mesa de un bar con amigos, donde sí, alguien desde otra mesa puede escucharte o incluso un mozo o un amigo propagar lo que decís hacia otro entorno.

¿Sería Facebook aun más divertido y eficiente si uno acotara los contactos, si no aceptara o pediría “amistad” a “cualquiera”? ¿Qué es más atractivo: el volumen de los vínculos o su especificidad?

¿No es tentadora la opción de dejar una docena de personas, amigos muy cercanos, y disparar actualizaciones en cualquier momento sobre cualquier cosa? ¿No tendrían las actualizaciones otro valor en ese caso?

¿Facebook es valor de uso o valor de cambio? Me juego por valor de uso.

¿No tiene todo esto mucho más sentido cuando entendemos que Facebook es cada vez más para el móvil que para el navegador de la computadora? Qué hacemos con Facebook. Cómo salir del commodity time line.