Presentación de “El recurso humano”


En octubre de este año (*), Pablo Mancini publicó en Amphibia un artículo que se llama La autoridad de los algoritmos en la “cultura”. La hipótesis es que la influencia de la crítica como parámetro para establecer valores y jerarquías está en decadencia. Pero no porque los críticos ya no tengan nada que decir, sino porque son los algoritmos los que parecen estar listos para conquistar su territorio. “La crítica como género necesita un paso evolutivo”, escribe Mancini. “Los críticos como sujetos de autoridad necesitan pensar su rol. Pero sobre todo su lugar, que ahora también habitan grupos de personas y algoritmos que saben y aprenden”.

En octubre de este año, también, Juan Terranova publicó en Informe Escaleno un artículo que se llama La pornocrítica como disciplina perdida. Lo que explica es que cada vez que se cuestiona el rol de la crítica, cito, “rápidamente, entonces, se pasa de la genuina interrogación a la desconfianza y a la pregunta retórica: ¿Tiene sentido la crítica? ¿Sirve para algo la crítica? ¿No estaríamos mejor sin la crítica? ¿Quién es usted –se le habla al crítico–, quién es usted para señalar qué debo ver, leer, cómo debo consumir o apreciar el arte, las letras, una película, un par de zapatos, quién es usted para encarnar finalmente la crítica? Pero ya en este simple recorrido se activan contradicciones y justificaciones que ponen en evidencia a los locutores. El que cuestiona ese auto adjudicado “rol de la crítica” ejerce la crítica. ¿Cómo escapar, entonces, de ese espiral?”.

Lo único que, creo, comparten Mancini y Terranova, además de que los dos están pensando qué es y cómo funciona hoy la crítica, que es nada más y nada menos que la posibilidad de establecer relaciones de valor en y ante el mundo, es que los conozco a los dos desde hace ya varios años. Y que en ese punto donde cada uno ubica en un rol de comprensible desconfianza científica a la imaginación, y en un rol de comprensible desconfianza humanística a la ciencia; en ese punto donde la libertad para desear parece transformarse en algo nuevo otra vez, en ese punto difuso que los dos me ayudaron a pensar desde perspectivas opuestas, hay una pregunta sobre la que quise ubicar a los personajes de este libro y por la cual les agradezco.

Quiero agradecerles también a las personas que ayudaron a construir este libro. Desde afuera hacia adentro, le agradezco a Florencia Valdés el diseño de la tapa y a Federico Kukso sus palabras en la contratapa. Le agradezco a Meli Wortman el trabajo de corrección y diseño, el trabajo de impresión a Matías Reck, y muy en especial agradezco la lectura, los comentarios y la paciencia durante la edición a Sofía Balbu.

Este libro está construido también encima o por debajo de una cierta cantidad de información tecnológica real. No habría tenido esa información sin César Soplín Sánchez, José Kusunoki y el ingeniero Sebastián Valdés. Y si no fuera por mis intercambios diarios y constantes con Patricio Erb, Mariano Canal, Diego Vecino, Javier Alcácer, Francisco Marzioni, Carlos Godoy, Facundo Falduto, Hernán Vanoli y Sebastián Robles, la forma en que esa información intenta sonar más narrativa sería mucho peor. Les agradezco mucho a todos

(*) Presentación de El recurso humano, noviembre de 2014