Preguntas

Hemos hablado de la audiencia. Muchísimo de lo soportes, y lo seguimos haciendo. De las redes sociales, de las de moda y de aquellas que tienen cierta continuidad. De métricas tranquilizadoras. También del mercado, de modelos de negocios, de paywalls y formas publicidad. Hemos caído en toda clase de tecnicismos que nutren la desconexión y la endogamia. Incluso, a veces, hablamos del periodismo y de los periodistas, hasta que alguien dice Twitter y toda la conversación termina en cualquier parte. Eso sí, siempre nos las arreglamos para no hablar de lo que hacemos, del producto y servicio que ofrecemos. Del sentido que tienen. Es decir: de lo que significan, pero de lo que significan en serio, en contexto, para los públicos y anunciantes, no solamente para nosotros. Nos decimos que en el nuevo orden reina la incertidumbre, que todas las respuestas son provisorias. Pero todos sabemos que tenemos preguntas postergadas. Quizá las posponemos porque sabemos que serían implacables con la tranquilidad que supone pensar que la incertidumbre es global y crónica, que en la inercia hay probabilidad de paraíso. La incertidumbre sin riesgo es la agonía de la inacción. Algo sustancial en el periodismo son las preguntas.