Por qué se desplomó OhmyNews Japón

Una de las filiales del, probablemente, icono máximo del periodismo ciudadano cerró sus puertas, desenchufó el portal y despidió a sus empleados. OhmyGod.

OhmyNews Japón, con dos años de vida, no tuvo más remedio. Aún con la ayuda del gigante japonés de los medios Softbank y un contrato de inversión valorizado en 1.3 billones de yenes (US$11 millones), no pudo tener la misma suerte que en Corea y se transformará en otra cosa.

Las especulaciones sobre por qué se desplomó OhmyNews Japón son variadas: van desde un contexto político algo más apático que en Corea, hasta cómo el proyecto no supo integrarse en una ecología de medios hipercompleja donde los blogs catalizan buena parte de la “participación ciudadana”.

Dicen que la diferencia salarial en la organización también sumó ineficiencia: mientras el editor jefe ganaba 30 millones de yens al año [unos US$300,000], y los editores 10 millones de yens [US$100,000], a los trabajadores se les pagaba 300 yens por artículo.

Es difícil decir algo con sustento de las cosas que pasan en la red oriental, de la que no conocemos nada y las noticias siguen llegando al tiempo de barcos y carretas, sobre todo a la red hispanoparlante.

Una cosa es segura: hacer rentable ese tipo de proyectos es algo difícil (no es casual que buena parte de los portales de periodismo ciudadano estén ¿subsidiados? ¿montados? ¿diseñados? ¿financiados? con dinero de gobiernos y partidos políticos). Resultan más interesantes como parte de una estrategia política que como negocio.

Pero mucho más difícil es que el llamado periodismo ciudadano pueda producir un estándar de calidad informativa, o al menos es lo que más está costando. Buena parte de ese tipo de proyectos nace con la ingenua consigna de darle voz a quienes no la tienen, pero en la red eso se acabó hace tiempo y, en general, la gente quiere escuchar a quienes tienen algo para decir y no sólo a quienes “recuperaron la voz”.

El modelo de “periodismo ciudadano” que levanta la bandera de la libertad de expresión pero que se resume operativamente en un “comente!”, y un “envíen sus noticias” aún no logra producir calidad ni cantidad. Quizá porque todavía se parece más a una profecía autocumplida que a un forma experimental de narrativas, diseño de la información y generación periodística.

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