Periodismo artificial: una prensa sin humanos

¿El modelo de una prensa sin Gutenberg es el antecedente de un modelo de organización periodística artificial? ¿Después de la sobredosis humana que prometió el llamado “periodismo ciudadano” se abre un camino posible a los medios “no human involved”?

El periodismo industrial que todavía respira en el mundo de la escasez informacional se debate el futuro del soporte, mientras el periodismo digital busca reinventarse sin mayores disrrupciones, algún rediseño y apostando todo -¿lo poco?- que tiene a la integración de redacciones y la participación de los lectores. ¿Una fórmula letal? ¿Un aliado inválido para una estrategia que se muerde la cola?

Conceptualmente, pareciera que todavía estamos más cerca de la aparición de los diarios que de la reinvención del periodismo. La arquitectura de la profesión sigue intacta y los modos de producción parecen resistir sin mayores problemas a la incorporación de nuevas herramientas y medios de publicación.

El eterno, aburrido e ingenuo debate sobre el papel vs. internet eclipsa -y se va por tangentes de suposiciones teóricas y elucubraciones sobre modelos de negocios- la aparición de modelos emergentes, menos humanos, con muchísimos menos gurúes y con mecanismos de automatización en alza.

Periodismo snow crash y algoritmos traidores

La noticia fue alimento balanceado para periodistas tecnofóbicos, pero también la compuerta privilegiada, el detalle en la historia de las noticias que reiventa los problemas de los flujos de información.

Un error de Google News, uno de los medios online más consultados y producido en forma artificial, desplomó la cotización de United Airlines, cuando indexó una noticia de hace seis años y la disponibilizó en portada, como si se tratara de información fresca. La guerra de los mundos, pero íntegramente artificial, maquinal y por error.

El algoritmo de Google News “primició” la declaración de quiebra de la compañía United Airlines, que en verdad llegaba tardísimo: la noticia indexada era del 10 de diciembre de 2002 y había sido publicada por el diario Chigago Tribune. Segundos después de que el algoritmo haya hecho de las suyas, las acciones de la empresa se desplomaron.

El caso es clave, porque expresa parte mínima pero esencial de la complejidad del periodismo artificial, la automatización de los contenidos y de los sistemas noticias coproducidos hombre-máquina, que parecen tener una tasa de error bajísima -aún con este caso- en comparación con los nidos biológicos de producción de noticias.

Algoritmos editoriales para audiencias cyborgs

Las audiencias, ya nadie lo niega, son híbridas y mutantes. Qué periodista puede creer a esta altura que sólo produce contenidos para humanos. Los robots ya son fieles lectores. Y las audiencias humanas se empalagan de redundancia y normalización periodística.

¿El diseño de algoritmos es la arquitectura editorial de los nuevos medios? ¿Los modelos periodísticos “No human involved” son más una grieta que un objetivo apurado, más un método en ciernes que un estado a alcanzar? ¿Los nutricionistas de la nueva dieta informativa son robots que sirven las ecuaciones que mejor sintetizan intereses de las audiencias?

El prototipo de periodismo algorítmico que representa de Google News debe tener decenas de variables, operaciones e instrucciones por mejorar. Si la organización periodística del futuro fuese un algoritmo, una lista bien definida, ordenada y finita de operaciones que permite hallar la solución a un problema, valor en la abundancia informativa, ¿cómo seria el mejor diseño de esa criatura?

No se trata de reemplazar periodistas por robots ni salas de redacción por algoritmos, no pongamos la discusión en esos términos. Sí, aceptemos, que un modelo minúsculo, emergente y con carácter fuerte, está asomando por las interfaces más capilares de la red y parece ostentar una eficiencia inédita para articular sentidos en flujos de información hipersensibles.

Si la nueva organización periodística es un algoritmo y la audiencia es una red cyborg mutante, el aburguesamiento del periodismo digital, escudado en la ética y los valores tradicionales de la profesión pero reclamando novedad pegando palmadas sobre el soporte, va a recibir el cimbronazo de la multiplicación, rediseño y personalización de modelos como Google News.

Un Google News gigante y exclusivamente capilar, indexando notas de medios, es “sólo” un buscador en tiempo real, una expendedora global generalista de noticias.

Justo cuando la seguidillas de rounds sobre los soportes, la integración de redacciones y los modelos de negocios se llevaban los puntos de rating del mundillo, y la “conversación” multiplica ese barullo hasta rincones insospechados, la arquitectura periodística empieza a dejar caer su traje sintético de solapas redondeadas.

Audiencias cyborgs mutantes, algoritmos periodísticos y publicaciones a la carta. ¿A qué se dedican los periodistas? No son crónicas del futuro. Es el contexto que se vuelve impresionista.

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