Perdón imposible

Esta semana leímos el libro de José Antonio Millán Perdón, imposible. Guía para una puntuación más rica y consciente, un manual de supervivencia para estos tiempos de escritura permanente.

Lejos de una pose elitista, escapándole al purismo, Millán establece un recorrido tan simple como completo por los distintos signos de puntuación, ya no como nos tenían acostumbrados los manuales académicos sino más bien en plan pragmático para poder decir lo que queremos, para que nos entiendan mejor.

Todo el tiempo estamos escribiendo. Para el trabajo, para la Universidad, para algún medio, para nuestro blog, para comunicarnos vía mensajería, para seguir viviendo y para conocernos más. Ya no (me) importa mucho el para qué. Lo único que tenemos claro es que ante la emergencia de herramientas textuales nos encontramos escribiendo cada día más…

Gracias a Perdón, imposible. Guía para una puntuación más rica y consciente nos reencontramos felizmente con la necesidad de hacer consciente la puntuación, de volver el análisis sobre la forma ahora que generamos contenidos textuales como nunca antes en la historia.

Millán le dedica un capítulo a cada signo y no se enreda en el detalle, pero no por eso deja de detenerse en la anécdota que ilustra. Así nos enteramos de las formas de escritura, de puntuación, que no conocíamos pese a estudiar en la carrera de comunicación y vagabundear los primeros años de filosofía hasta la deserción.

Me indigné por haberme enterado recién ahora que Cervantes no usaba coma, ni punto y coma ni dos puntos, porque, como nos cuenta Millán, los autores de la época confiaban la puntuación a la imprenta. Contundente, Millán escanea en Perdón, imposible el primer capítulo del Quijote. Y ahí lo vemos todo en un sólo y extenso párrafo, tan diferente a como lo leímos nosotros hace algunos años.

A veces no nos preguntamos las cosas más obvias, quizá porque muchas veces se reprime este tipo de indagación, pero a decir verdad, también podríamos haber inferido algo sobre aquello que contó Millán del Quijote. Si en la época de Cervantes la mayoría era “escuchador” de libros, “la lectura colectiva en voz alta era la forma prioritaria por la que los libros legaban a sus destinatarios”, nos recuerda Millán.

El libro, además de ser ameno, divertido, y simple, es una obra que reconoce los nuevos espacios de lectoescritura mediada por pantallas. Es por eso que Millán no escatima comentarios sobre los teclados y sistemas operativos.

Perdón, imposible. Guía para una puntuación más rica y consciente, no va a integrar nuestra biblioteca, se va a quedar en el escritorio, así lo tendremos más a mano para mejorar un poco.