Parte de inteligencia

I
Tuve la tentación de escribir que se trata de nuevo parte de guerra. Pero no es una exageración: es un nuevo parte de guerra en la web, algo que, por razones del glosario de la «informatización», también podría llamarse partes de inteligencia.

Por el poder que me confiere el #findelperiodismo, me autoproclamo corresponsal de la Primera Guerra Digital. (Propongo que se me imagine con un pequeño casco espartano, un cigarrillo circunstancial, el gesto de la necesidad de reflejar importancia y la fantasía de que, rodeado del caos y la desolación ajenas, mi existencia cobra algún tipo de trascendencia que particulariza mi especial «capacidad de percepción y coraje» por sobre la de cualquier otro sujeto con la misma potencialidad para describir el mundo. Propongo que se me imagine, también, orgulloso de lucir este abanico de sensibles discapacidades simbólicas).

La novedad de los dos deportados por el Ejército Invasor de los Lobbies Estadounidenses sobre el Territorio de la Cultura Digital es el primer paso —tal vez el segundo, si consideramos la detención real de Kim Schmitz, El Mártir— del giro biopolítico de la Primera Guerra Digital. Y un breve repaso por la historia antigua y reciente demostrará que la deportación ha sido siempre el primer paso en los procesos de exterminio.

II
¿Pero qué es aquello que, esta vez, las fuerzas invasoras se proponen exterminar? En principio, algo importante: la capacidad de los usuarios para confiar la preservación de su información a la empresa Twitter, la misma que se negó a la implementación de los proyectos de ley de SOPA y PIPA, mientras negociaba protocolos de censura previa con el gobierno chino.

(Si algún disidente oriental lee estas valientes líneas, ya sabe a qué atenerse en caso de la intercepción de sus DM. La mera deportación de los disidentes no es un ejercicio común del gobierno chino).

La red de servicios de información digital de la misma fuerza que pretende arrasar la libertad en la web experimentó, esta vez, el viejo gusto moderno —en un gesto de exquisitez foucaltiana— del encarcelamiento y la expulsión. Una serie de bromas sobre Hollywood, Marilyn Monroe y la destrucción de América bastaron para la detención, interrogatorio y expulsión de dos inglesas que ni siquiera habían pisado todavía el venerable territorio del enemigo.

«Apenas llegaron al aeropuerto de Los Ángeles, Leigh Van Biran, de 26 años, y su amiga Emily Bunting, de 24, fueron retenidos por las autoridades estadounidenses e interrogados durante cinco horas sobre sus planes para destruir el país

III
A entender de este corresponsal, el mensaje del Ejército Invasor de los Lobbies Estadounidenses es claro: las pretensiones de control de la circulación y producción de contenidos en la web, cuya primera tentativa a través de SOPA y PIPA ha fallado, solo debe entenderse como la ampliación del campo de batalla del control y la represión sobre la libertad de los individuos reales.

Una actividad —el control y represión de las libertades de los individuos— en la que empresas como Twitter  han decidido colaborar impiadosamente.