Gratitud a los Piratas

Hasta hoy no tenía la versión final que se imprimió de mi libro Hackear el periodismo. Algunos amigos y colegas me habían pedido que les envíe el pdf. Creo que no me creyeron cuando les dije la verdad: no tengo la última versión, la que se imprimió. Cuando envié a la editorial los últimos cambios y correcciones, en un archivo sobre el que trabajamos, los editores se encargaron de incorporarlos al documento final que fue a la imprenta. De hecho la última versión que yo tengo lleva otro título. Ni siquiera pude escanearlo porque tampoco tengo un ejemplar impreso. Los que me envió gentilmente la editorial los regalé. No puedo tener mi propio libro en mi casa, me parece que no da, que no corresponde, que sería un acto de autobombo doméstico bastante patético. En mi biblioteca están los libros que leí, los que escribo deben estar en bibliotecas de otros. Y si lo hubiese tenido tampoco lo hubiera subido a internet: la “piratería” sobre la propia obra es en alguna medida un reconocimiento que uno no debe promover.

Dos años y medio después de haber escrito Hackear el periodismo, encontré unas versiones escaneadas y publicadas en la Red. Me descargué, entonces, “ilegalmente”, una copia. Quizá es porque no me gano la vida publicando libros, pero descargar el propio es una experiencia interesante, nueva para mi. No tengo idea qué pensarán en la editorial, que tan bien me han tratado siempre y a quienes estoy agradecido. Pero para ser 100% honesto, ahora también debo agradecer a los piratas. Que alguien compre tu libro, lo lea, se tome el tiempo de escanearlo y luego de subirlo a Internet para que otros lo lean es, de nuevo, en alguna medida, un reconocimiento.

Messi, el ídolo del streaming

(Los ejemplos argentinos usados pueden ser, sin duda, reemplazados por los pertinentes a cualquier otro país futbolero)

Messi es maradoniano pero no hay forma de saber cuan messiánico fue Maradona. La fútil y ridícula comparación entre ambos no tiene sentido pero si se hace, vale la pena resaltar una diferencia crucial al momento de evaluarlos: la importancia de la banda ancha.

Ahí Messi, este Messi, tiene un aditivo que lo hace más grande de lo que es porque descuella en un etapa especial para los amantes del deporte: la etapa del streaming. Es jodido eso, porque toda partido que juega lo podemos ver miles de personas que no tienen otra forma de hacerlo y en cada uno de esos partidos tiene que competir, para quienes gustan de aquella comparación entre el Diego y él, contra el recuerdo de un manojo de partidos y jugadas. Continuar leyendo

@drones

Como casi todos los artefactos que encontrarían en el universo cotidiano una ubicación estelar, los drones nacieron en laboratorios militares perfeccionando las milenarias técnicas para la aniquilación humana. Pero a diferencia del avión, la radio a transistores, el radar o internet, los drones no se limitan a la simple recopilación de datos, ni al traslado de mercancías, ni agotan sus posibilidades en las fronteras del entretenimiento. Los drones combinan esos vectores y muchos más a partir de un elemento clave del siglo XXI: la inteligencia colectiva. Elaborados a través de una red de diseño, operatividad y tecnología en expansión, el resultado es un interrogante donde nuevas formas de la guerra, la ciudadanía y la información expanden el concepto mismo de experiencia humana.

Desarrollados como naves aéreas no tripuladas, los drones –palabra que significa “abeja macho” y que alude al diseño de los primeros modelos y a la posibilidad de relegar del trabajo directo a su operador– comenzaron su vida en el extremo opuesto de la astucia. Como blancos móviles aéreos operados de manera remota, servían como objetivos bobos de práctica para los artilleros en tierra. Situación que no tardó mucho en invertirse.

Vástago directo de la revolución digital, un drone puede operarse hoy de manera remota a varios continentes de distancia y con herramientas de movilidad, ataque, control y una interfaz audiovisual no muy distintas a las de una consola de PlayStation. En la actualidad, más de 40 países están desarrollando drones y la Fuerza Aérea norteamericana cuenta con más de 7.000.

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CryptoPeriodismo

Estamos contentos con Nelson Fernández -o como él escribe su nombre: nelson fernandez- de haber publicado CryptoPeriodismo. Manual ilustrado para periodistas: se puede descargar en .pdf, .epub y .mobi y también se puede leer en línea.

El libro es gratuito y hacemos devolución expresa del contenido al dominio público, para que cada uno de Ustedes pueda usarlo del modo que considere más conveniente.

Agradecemos eternamente a Mariella Miranda que diseñó la tapa y a Andrés D´Alessandro que escribió el prólogo. Y a cada uno de nuestros colegas que durante el proceso mostraron interés y ofrecieron aliento para que sigamos adelante. También a bajalibros.com que gentilmente hizo un mirror para que esté disponible para sus usuarios. Hasta la próxima.

:: http://cryptoperiodismo.org/

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Netflix, o cómo romper con todo

Muy raro lo que pasa con Netflix. Por un lado, sale House of Cards. Por el otro, Reed Hastings se pelea con el regulador bursátil estadounidense (la SEC) por un post en Facebook. A primera vista pareciera que se plantea una contradicción desde el punto de vista del uso de la comunicación. Sólo a primera vista. La co-existencia de ambos hechos tiene lógica y se instala muy bien en esto que podría llamarse cultura de internet. Veamos.

House of Cards llegó para revolucionar la televisión y eso que ni siquiera es televisión pura. La serie de los 100 millones de dólares se instaló, desde el inicio, en la línea histórica de Twin Peaks y Oz (Twin Peaks porque fue la experimentación de un director cinematográfico “serio y respetado” por hacer televisión y Oz porque fue la primera serie de ficción de HBO, la que le abrió el camino a The Sopranos).
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Argentina: el atraso tecnológico es peor que el atraso cambiario

Hace días fui a comprar una impresora en Compumundo. Me sorprendió que sólo hubiera un modelo multifunción. Reitero: un único modelo de multifunción. Fui a otros locales y en un lugar me ofrecieron dos únicos modelos de impresora, una EPSON y una HP.

Días pasados, el gobierno argentino aumentó los aranceles a la importación de tablets y computadoras. Si bien ya Argentina ostentaba el honor de ser el país más caro en dólares para adquirir productos de última generación, ahora la diferencia se extiende.

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Der Kommentar

La fuerza del comentario en Internet es la negatividad. No se trata de pensar esa negatividad como simple “malevolencia”, sino como una oposición ante antiguas prácticas y poderes. Frente a la dinámica esclerosada del circuito informativo clásico, donde el mensaje era emitido por una única fuente y recibido por un único receptor, el comment materializa la negatividad de lo nuevo.

Feedback diseñado para la lógica de participación horizontal que propone la Web ante la información –y siempre se trata de información–, la cohesión de nuevas comunidades germina a los pies de las noticias online a través del comment . Aunque, a veces, como ocurre en toda comunidad desjerarquizada y participativa, el feedback puede volverse tóxico y dañino. En ese sentido, el comentario también delimita un área donde las ideas se ejecutan como odios.

Más allá de su integración a favor o en contra de un discurso, el comment representa, por eso mismo, negatividad. Un modelo contemporáneo de información digital que solicita actividad, en oposición a un modelo de información analógica que solicitaba pasividad.

¿Entonces cuáles son los requisitos para añadir la voz propia a esos foros que oscilan entre lo constructivo y lo pantanoso? La pregunta se relaciona menos con las cuestiones técnicas para producir comments que con la neutralidad que garantiza la Web para que eso sea posible.

¿Tiene un usuario anónimo derecho a incluir su voz en los nuevos flujos de opinión digitales? ¿Cómo se intersectan las fuerzas jurídicas que esperan controlar el ciberespacio como si fuera una mera remodelación del viejo circuito analógico del “correo de lectores”, y los flujos de audiencias que reelaboran y disputan el sentido y la dinámica completa de la información en Internet?

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El error de El País es la lección del nuevo paradigma periodístico

Fue tremendo. El País retiró de circulación su edición impresa tras comprobar a través de las redes sociales y en menos de 10 minutos que estaba ante un fiasco descomunal: una captura de pantalla de un video de YouTube había sido vendida como la foto y documento del estado de salud de Hugo Chávez.

Omitiré los detalles que cualquiera podría pensar: si la misma CIA posiblemente no pueda acceder a información sobre el verdadero estado de salud de Chávez, cómo se puede creer que una desconocida agencia accedió a una supuesta foto tomada con un teléfono celular, del hombre más protegido del impenetrable régimen cubano.

La lección no se trata sobre el error de chequear una y otra vez la veracidad de una información. La lección es que los periódicos y medios digitales deben entender que el nuevo paradigma del periodismo está 100% integrado a la colaboración de la audiencia.

Señores, los periodistas no somos tan importantes, ni sabemos tanto. Una marca de prestigio como El País es hoy una vergüenza, como consecuencia de la anacrónica soberbia que envuelve a buena parte de una profesión que todavía cree que impone agendas, que controla los flujos de la información.

El error evidencia que muchos medios todavía piensan que retener una primicia para la edición impresa es una decisión acertada. El error demuestra que cuando llegaron las imágenes, los responsables de su publicación no hicieron una búsqueda en Google y en Twitter; dos días antes, la cadena de TV Venezolana de Televisión había emitido y explicado que circulaba una falsa imagen de Hugo Chávez. Se vio en toda Venezuela en el programa de Walter Martínez.

El error evidencia que las llamadas “integraciones” de redacciones entre papel y digital no han dado frutos, porque los medios siguen publicando noticias sin prestarle la menor atención a las observaciones constantes y correcciones que las audiencias ejecutan.

Ningún medio en el mundo tiene siquiera el 1% de la inteligencia universal que se moviliza en los flujos de contenidos e información de la web.

Ahora bien, este error que El País minimiza y del que se regodean sus competidores, quedará en una anécdota; ningún medio entenderá que lo ocurrido con esa foto falsa es parte del nuevo paradigma periodístico en el que estamos inmersos, pero se resisten a aceptar.

La agenda está en manos del universo digital del que los medios son solamente una pequeña porción, porque el conocimiento se ha vuelto un valor universal cuyo propietario somos todos.

Si El País hubiera puesto la foto a consideración de la audiencia, en los mismos 10 minutos que se desmontó el pufo, el periódico hubiera quedado resguardado y en Eskup y redes sociales hubiera podido destacar el aporte de los que descubrieron la estafa.

La noticia no es el error, la noticia es que la audiencia es mucho más inteligente que los medios y si éstos contaran con los usuarios que consumen información, se haría mejor periodismo.

 

 

 

The Signal and the Noise, de Nate Silver


“Debemos frenar y admitirlo: tenemos un problema de predicción. Amamos predecir cosas, pero no somos muy buenos haciéndolo. (…) La predicción es importante porque conecta la realidad subjetiva con la objetiva”.

“Creemos desear información, cuando en realidad lo que queremos es conocimiento”.

“El volumen de información está aumentando de forma exponencial. Pero poca parte de esa información tiene utilidad. (…) Este libro está dedicado menos a lo que conocemos que a la diferencia entre lo que conocemos y lo que creemos conocer. El libro recomienda una estrategia para que podamos achicar esa diferencia.”

“(…) requiere sin embargo que acepte que sus percepciones subjetivas del mundo son aproximaciones a lo que es verdadero.”

Las frases son todas sacadas de The Signal and the Noise, el libro debut de Nate Silver, y explican bastante bien qué es el libro.

Silver recibió ya varias menciones en Amphibia porque hace y representa algo invaluable: construye formas nuevas de hacer cosas en lugares donde parecía imposible crear nuevas formas, rompe procedimientos y status quo, innova. Continuar leyendo

Muerte de un “coder”

El sábado me convertí en voyeur de una muerte en la que no me correspondía participar porque hasta ese mismo día el nombre Aaron Swartz me era indiferente, un simple sonido perdido en la memoria. Su muerte no tenía nada que ver conmigo, creí, pero internet me empujó a mirar, a seguir, a que se me pusiera la piel de gallina, a emocionarme con algunos textos y, sobre todo, a aprender, admirar e indignarme.

Aaron Swartz era un pequño prócer y uno de los inventores del New York Times del siglo XXI, esribió un amigo en Twitter. Puede ser, pero para mí lo que más sobresale de lo acontecido es como deja en evidencia, una vez más, la inmensa división entre “el mundo digital” y el “mundo real”. La muerte de Aaron Swartz nos hace ver que hay gente peleando por cosas que se nos escapan, que no entendemos o que simplemente no nos interesan pero sobre todo que no nos llegan, cosas de las que rara vez oímos hablar y debatir al menos que las busquemos. La pelea de Greenpeace la entendemos, concordemos o no con ella. La batalla por la igualdad de género también, y por los derechos de las minorías étnicas y raciales, sin duda. El derecho a la vida de las mascotas o de los subtes de madera, ni hablar. ¿Por qué entonces algunas otras batallas, tan o más trascendentes e interesantes que algunas de esas, nos son ajenas? Continuar leyendo