Hackear la Noticia

La forma mínima del periodismo, la noticia, es una bomba de tiempo.

Tal cual la conocemos y producimos, la forma de la noticia restringe el renacimiento de la profesión ante el nuevo ecosistema mediático y el caos de información en red. Estamos otra vez, como decía Marshall McLuhan, en un coche yendo hacia el futuro utilizando sólo nuestro espejo retrovisor.

¿Es posible el periodismo con futuro con una forma de la noticia inmune al cambio?

La industria del cine se permitió durante los últimos cien años transformar sensiblemente lo que es una película. Es más, lo que es una escena, el montaje y los procesos de edición, entre muchas otras cosas. La televisión también: hoy un programa es algo bien diferente en su forma a lo que era hace 20 o 30 años, ya sea un noticiero o una serie de ficción. La industria de los videojuegos se ha permitido una evolución radical durante la última década en las instancias de interacción que propone a los usuarios.

La industria discográfica se encaprichó con el formato disco y así le fue. Se ató al soporte y al formato- y no a la conectividad- y ahora los players que distribuyen música -ya no discos, sino canciones- son una plaga y su desgracia.

Sin experimentación sobre la forma de la noticia, nos dirigimos a toda velocidad hacia la discografización del periodismo. Las primeras grietas ya están abiertas por redes sociales como Twitter y Facebook.

La audiencia puede -y lo hace cada vez más- informarse en esas redes sin que nadie le ofrezca información estructurada en la forma tradicional de la noticia, es decir, volantas, títulos, bajadas, desarrollo, etc.

Quizá en los medios estamos lidiando con una forma arcaica que por alguna razón creemos que puede acompañarnos en los desafíos que enfrentamos. Quizá el primer desafío, postergado, es repensar la forma de la noticia, su diseño y reinvención.

A veces estamos enfrascados en discusiones demasiado ambiciosas: salvar a la prensa, reiventar los modelos de negocios de los diarios o proyectar el futuro de la televisión con audiencias conectadas.

Tengo la costumbre de preguntarle a varias personas por día -que no son periodistas- cuándo fue la última vez que leyeron una noticia completa -sin importar el soporte: papel, digital, etc.-, sobre qué tema trataba y qué decía. Nadie puede responder.

Necesitamos una nueva forma para la noticia. El desafío genera incertidumbre y desconcierto. Pero hay que enfrentarlo.

Continuará.