OLPC y la alfabetización digital: el territorio reclama lo que la institucionalidad quita

Alcanza con salir un poco a la calle, ir a las escuelas, recorrer el interior del país y pasar algunas horas en los cibercafés provinciales. La ingenuidad con la se habla de alfabetización digital en la Argentina es tan grande como los megaplanes destinados a disminuir la brecha y la incapacidad para aprovecharlos. El mito de la igualdad refuerza una insostenible necesidad normalizadora de los planes de alfabetización digital, pero las diferencias no se tapan así nomás y la territorialidad reclama acciones hiperlocales, programas de capacitación en el mediano y largo plazo y, sobre todo, presencialidad.

Hemos visto como el Estado bienintencionado convoca, en alianza con Microsoft, a docentes una vez al año, y cómo la capacitación se transforma en un “miren, esto es una computadora. Hasta el año que viene”. Aplausos y fotos. Muchas fotos.

Un plan pedagógico -reservado para “expertos” que aún nada han dicho- gesta en cualquier caso una normalización de usos y necesidades que poco tienen que ver con los usuarios finales. Una elite no puede ni sabe diseñar una síntesis de estrategias didácticas en relación a la articulación soft-hard de un dispositivo que será usado por personas en contextos tan diferentes.

A todos nos cayó como un balde de agua fría cuando Negroponte salió a explicar que las OLPC correrán Windows, máxime cuando él y su equipo habían explicado y publicitado por qué Linux es el sistema elegido para las Laptops de 100 dólares.

El mismo Estado que se jactaba de que saturaría de computadoras las aulas argentinas, salió hace unos días a “aclararlo” todo. Lean, ingenuos: “OLPC no es una campaña de promoción de software libre”. Con ese título y una argumentación burócrata no sólo se pierden todas las esperanzas de que el hardware sea en algunas de sus versiones fabricado en el país, también se explica porqué a todos los que somos críticos -no opositores- con cómo se pretende implementar el proyecto OLPC en la Argentina, se nos acuse, en público y en privado, de estar financiados por Intel y su Classmate.

Lo diremos y lo repetiremos todos las veces que hagan falta. El proyecto OLPC sin hardware ni software libres no nos sirve para nada. Porque la diversidad territorial y cultural reclama una adaptación de la tecnología involucrada que el Estado se niega a aceptar. Quizá se deba a que, como es sabido, el ministerio de Educación de la Nación y la Sociedad del Estado que es Educ.ar, ninguna relación tienen con las escuelas. En el caso del portal educativo, ni con los docentes siquiera.

Mismo hardware, mismo software y mismas estrategias pedagógicas para realidades urbanas y rurales completamente distintas son más de lo mismo. Una normalización sin sentido y pretensiosamente democrática que la centralidad del Estado y el divismo de los funcionarios involucrados son incapaces de ver.

La brecha digital se acorta con los pies en el territorio. Llevará mucho trabajo, mucho tiempo y cientos de capacitadores. Y ojalá podamos contar con una laptop por niño. Pero todo sea para que la comunidad educativa gane habilidades, libertad e independencia tecnológica.