No hay nada que festejar

En los últimos meses, las grandes corporaciones de medios sienten una esperanza que les permite pensar que no se van a quedar sin negocio (un gran amigo me enseñó que una esperanza es una mentira puesta en el futuro *). Se les nota una sonrisa en el rostro. Lo que alienta esa esperanza son tres hechos que ya acumulan kilómetros de columnas en los diarios: el empecinamiento de Mr. Murdoch por imponer el paywall en sus medios (y ahora el proyecto daily), el lanzamiento del iPad y, en estos días, las últimas revelaciones de Wikileaks. Ven gente dispuesta a pagar por los contenidos, la posibilidad de desarrollar interfaces casi idénticas al papel y un renacer del peso de la prensa en la revelación de los secretos del poder político.

Anticipo que este post intenta demostrar que deberían cambiar la sonrisa por una mueca de preocupación.

Sobre las dos primeras esperanzas pienso:

Primero, respecto de los paywalls, que en la medida en que se trate de información original, especializada y cuyo conocimiento sirva para generar valor (negocios o poder) es probable que algunos paguen. Eso sí, el negocio se achicará en alcance (audiencia) y en escala (lo facturado será mucho menor a lo que están acostumbrados). A favor, el modelo permite mejorar mucho los márgenes de beneficios (pero insisto, de una escala menor). Nada que no sabíamos ya. Ninguna revolución.

Segundo, el lanzamiento del iPad: novedad que nunca entendí. La verdadera fiesta fue el lanzamiento del iPhone, que impuso la pantalla táctil que volvió inútil el mouse y el teclado. Quizá suponen que esa misma pantalla, ahora más grande, mejorará el negocio. Intuyen una relación directamente proporcional entre el tamaño y el negocio (je!). A lo mejor una pantalla táctil de 1200 pulgadas termina definitivamente con los temores.

Hay otra fiesta, más importante aún, que se debería haber celebrado y pasó inadvertida (por la industria de los medios impresos): el premio Nobel de Física 2010, que se otorgó a dos rusos: Andre Geim y Konstantin Novoselov por sus experimentos con el grafeno. Para ser breve: este material, el grafeno, permitiría desarrollar pantallas no sólo táctiles, también superdelgadas y flexibles. Y no es lo único: aplicado a los transistores, puede reemplazar al silicio y hacer que sean más rápidos y pequeños. Estamos a punto de que se realice una fantasía muy antigua: el e-paper. Diarios, digamos, un suponer, electrónicos, conectados, que se puedan llevar bajo el brazo o doblados en el bolsillo de una campera. Pero la industria no se alegra por esto, sino porque piensa que la combinación paywalls-iPad le permitirá vender sus contenidos y reconstruir su negocio.

¿Y el periodismo? Si pensamos que el periodismo para soportes táctiles, delgados y flexibles será una garantía de supervivencia del periodismo del papel, probablemente la estemos pifiando. ¿Dónde se está inventando el nuevo?

Vamos a Wikileaks, para estar a la moda

Con @mancini compartimos una idea (entre 10, cómo mínimo): volumen + inteligencia = calidad. Lo demuestra Google, que crece al ritmo de la red, cada vez indexa más documentos y cada vez devuelve mejores resultados. Su clave está en que esa capacidad de procesamiento está depositada en máquinas y algoritmos que mejoran en forma constante. También en miles de ingenieros que son quienes diseñan esos algoritmos. Google con pocos documentos sería pobre. Google con poca inteligencia sería tonto. Google con pocos ingenieros sería Yahoo! de los 90.

Wikileaks, al grano: ¿Se puede pensar que 250 mil documentos puedan ser materia de periodistas? Hagamos una simple cuenta: supongamos que sólo el 0,5% de los documentos tienen valor periodístico, digamos son publicables. Eso resulta en 1250, digamos, un suponer, noticias. Si un gran diario revelara una de esas noticias por semana se garantizaría una agenda de impacto por más de 24 años. Mierda!

Pero falta un pequeño detalle para el análisis de alto rigor que estamos haciendo: para encontrar ese 0,5 % con miga, siguiendo el método tradicional, es probable que sean necesarios unos cuantos años. Un detalle. Paremos ahí.

¿Cómo se puede hacer rápido esa tarea? Con algoritmos. ¿Hay periodistas capaces de diseñar algoritmos con objetivos periodísticos? Sí, pero como son frikis se hacen llamar programadores. ¿Y tiene la industria periodística esos personajes? No, sigue pensando que lo importante de su tarea es escribir, hablar por teléfono y jerarquizar. Ah, con @mancini compartimos otra idea (de 10, mínimo): las jerarquías las construyen los algoritmos.

Última de Wikileaks: a partir del escándalo y la reacción de Estado de los EUA es probable que diseñen sistemas de registro de información inexpugnables. Mala noticia: lo serán sólo por un tiempo (meses, años…). La próxima fuga será de 25 millones de documentos, digo, un suponer. Y cuando eso ocurra, los algoritmos felices, los diarios no (igual siempre conservaremos la esperanza de que las cosas van a cambiar).

Muchachos, por ahora, no hay nada que festejar.

(*) Gracias Chomy!