Niños-grandes poderosos

Cuando comenzó el conflicto de los estudiantes secundarios en Chile, me dieron ganas de contarlo. Para los argentinos es un fenómeno que sorprende: niños-grandes de más o menos 15 años tomando escuelas de forma organizada y con argumentos y discursos propios de adultos. El conflicto escaló, se sumaron universitarios, profesores, padres… y llegó a generar una presión tal que produjo un cambio de gabinete. Aún sigue, sin adivinarse el final. Con el paso de los días se me fueron las ganas de contarlo. Ahora me volvieron, en forma de reflexión-express a partir de un dato de las revueltas en Londres: más de la mitad de los detenidos por los disturbios son menores.

Las ideas que me vienen a la mente tienen que ver con la obvia relación de las redes sociales con estos movimientos. Pero como me produce urticaria esa gastada formulación, intento buscar por otro lado: Internet, la escuela, el sistema, los adultos y los adolescentes.

Parto de un dato conocido y relevante: en la escuela, los niños-grandes tienen un control sobre la tecnología y, por ende, un acceso al conocimiento de estos tiempos mayor que el de los adultos-adultos (padres, profesores, porteros y choferes de micros escolares). Estos “engendros” están creando una nueva cultura social desde hace tiempo; desde, digamos, un suponer, diez años. Y en algún momento esto tenía que salir a la superficie. Porque los muchachitos tienen poder. Y lo que es más interesante e inédito es que es un poder que los adultos (digamos, un suponer, los señores de la antigua cultura) no pueden alcanzar.

¿Qué hacemos? Por ahora contemplarlo. Quizá los pequeños nos den un lugar por dónde entrar. Está en sus manos. ¿Será tuiteada la revolución? Ja!, eso ya suena anacrónico: hay tuits y hay revolutas. ¿Y ahora?

Por cábala -y derecho- cito (de memoria) a Baricco: “estamos frente a un cambio de civilización”. #chauedadcontemporanea

Crédito de la foto sword_onemagic