Nada es verdad. Todo está permitido. Cómo hacer periodismo en tiempos de guerra total

The Wall Street Journal publicó un artículo de James Bandler titulado ?Defensor del lector genera tensión entre editores del New York Times?. Se trata de una especie de crónica sobre el trabajo del ombudsmen de ese medio, que le paga un sueldo por defender a los lectores del medio mismo. Varios diarios en EE.UU. y de Europa cuentan con su ombudsmen y algunos, como Michael Getler, del Washington Post, son harto conocidos por criticar agudamente a sus empleadores. Pero el caso de The New York Times resulta más jugoso porque el plan de ofrecer a los lectores alguien que los defienda con el objetivo implícito de borrar aquellos malos recuerdos que son las mentiras de Jayson Blair, durante la primera etapa de la invasión norteamericana a Irak, terminó en otra exposición pública indeseable.En su momento, las ficciones del reportero Jayson Blair, que no solo le costo a él su puesto de trabajo sino también a dos editores, representó un golpe bajo para la credibilidad del diario. Así las cosas, con la imagen por el piso, The New York Times tuvo que recuperar algo casi imposible: la confianza. El contexto incluso no era el mejor. Los medios tenían que contar lo que comenzaba a ocurrir el Irak con argumentos refutables, porque no había otros, casi sin información y sobre todo, como señaló Evan Cornog, evidenciando un profundo desconocimiento sobre Medio Oriente, comunicando desde el estereotipo de lo gracioso y lo diferente pero recientemente peligroso y cercano.

Que los medios utilicen estereotipos o los creen no es nada raro. Por el contrario, el lógico y hasta esperable. Ni las mentiras son nada nuevo, mucho menos tratándose invasiones y bombas. Aquí lo nuevo fue que la mentira no solo se conoció, porque siempre se la conoce y se la atrapa, sino que fue reconocida por los mismos medios que la producían. Lo que ocurrió también con la prensa española luego de los atentados el 11 de marzo pasado. Así que la lección que pudimos aprender de esas experiencias es que la estrategia consta de diferentes pasaos bien precisados.

Tome nota, si Usted ejerce el periodismo en un megamedio o tiene una corporación comunicactiva, recuerde:

1) Intente decir la verdad o la parte de ella que no lo pone contra las cuerdas.

2) Si no puede hacerlo, mienta. Pero no sea prudente. Dedique esfuerzo y destreza en la producción de esa mentira, que sea creíble. Adjudíquele a esa mentira un sujeto, es decir, un periodista que la sostenga. Si es un ?corresponsal? (Usted me entiende), mejor aun.

3) Si efectivamente mintió no se preocupe, Usted no ha hecho nada nuevo. Solo manténgase alerta y si detecta que alguien está por revelar su patraña no lo piense ni siquiera un segundo, diga la verdad. Pero ¡Ojo!, no la Verdad. Diga solo que ha publicado algo falaz y que Usted al igual que el lector han sido engañados por un periodista mentiroso que esa misma mañana fue despedido junto al editor responsable de la sección donde trabajaba.

4) Si llega a esa instancia, al día siguiente y por unas semanas abra el debate sobre la profesión periodística, la ética y el respeto por los lectores. Publique editoriales y artículos. Procure que personalidades reconocidas y académicos hablen del malestar en la producción periodística.

5) Deje pasar el tiempo. Cuando el tema ya no este en la agenda publica contrate un ?defensor del lector?, un ombudsmen de su medio. Él defenderá al lector y a Usted de esos periodistas con aires de escritores de ficción.

Muy bien, esos serían los pasos a seguir, según nos enseño la historia, principalmente después de los atentados a las Torres Gemelas y después del reciente 11-M.

Si llegó a esa instancia la fachada ya esta montada. Ni siquiera se preocupe si un influyente medio como The Wall Street Journal publica una nota sobre su ombudsmen y las tensiones que éste genera dentro del diario con sus redactores. Solo descanse, porque todo eso es conventillo y quiere decir que Usted ganó, porque ya nadie habla de las mentiras que Usted publicó sino sobre quien es el responsable de detectarlas.

Ahh? Un último señalamiento. Si el ombudsmen que contrató es demasiado escandaloso, más de lo tolerable, no lo dude: despídalo y contrate uno mejor. A fin de cuentas hoy en día no se puede confiar en nadie, ¿no?

De regalo, les dejo a continuación la nota de The Wall Street Journal a la que hice referencia, así se ahorran los dólares que cuesta ver las ediciones anteriores.

Defensor del lector genera tensión entre editores del New York Times
July 12, 2004 6:22 p.m.
El diario debe adaptarse a que examinen con lupa su funcionamiento
Por James Bandler
The Wall Street Journal

Cuando The New York Times decidió crear el cargo de “editor público”, lo hizo con la intención de sanar a una institución dañada. El escándalo del reportero Jayson Blair, que empezó con sus informaciones falseadas y terminó con el despido de dos altos editores, representó un duro golpe para la credibilidad del diario. El director público examinaría el desempeño futuro del Times y haría las veces de defensor de los lectores.

Daniel Okrent, veterano director de revistas, ha sido durante siete meses el editor público del Times, cuya compañía matriz, New York Times Co., también publica el International Herald Tribune. Pero en vez de aplacar los ánimos, el experimento creó nuevas tensiones dentro del diario, como en el caso de su cobertura sobre el tema de las armas de destrucción masiva.

En un correo electrónico reciente, el director ejecutivo del Times, Bill Keller, se quejaba de las averiguaciones que hacía el editor público para una columna sobre un caso de presunto abuso de menores. “Tengo que decírtelo, hombre: tómate unas vacaciones”, escribió Keller. “¿No se le llama a eso reportear?”, contestó Okrent.

Esta postura de enfrentamiento se da en momentos en que la prensa estadounidense encara a menudo el acoso de los lectores, sobre todo a través de Internet. Los escándalos relacionados con diarios como USA Today, de Gannett Co., el mayor diario de Estados Unidos, han perjudicado la credibilidad de la industria entre los lectores, y la reputación de los medios ha tocado fondo ante el público.

Cuando se le pregunta a Arthur O. Sulzberger que identifique el logro más importante del editor público, el presidente del directorio de New York Times Co. responde escuetamente: “Haber sobrevivido”, dice. “Traté de advertirle”.

Okrent, de 56 años, dice que sus primeros meses en el Times fueron “muy, muy difíciles”. El diario, afirma, “tiene un sistema inmunológico muy fuerte, y yo era un anticuerpo distinto a los demás. Si hubiera habido tres editores públicos antes que yo, quizás el organismo lo habría absorbido mejor”.

A comienzos del año pasado, el Times descubrió que Blair había plagiado sistemáticamente e inventado partes de artículos sobre temas como una serie de asesinatos cometidos por un francotirador en Washington. Esta revelación aumentó el descontento que ya existía con el liderazgo del editor ejecutivo Howell Raines, quien fue obligado a renunciar junto con su número dos.

A medida que se desarrollaba el escándalo, el Times estableció comités para recomendar cambios. El diario los adoptó casi todos. Nombró editores para supervisar las normas y la búsqueda de personal; simplificó su política sobre la acreditación de los artículos a los periodistas e hizo esfuerzos por mejorar la comunicación entre departamentos.

Al principio, no hubo mucho acuerdo en el diario sobre la necesidad de contar con un ombudsman luego de no haberlo tenido durante 152 años.

El diario dio al editor público un foro regular en su edición dominical y luego reservó una sección en su página Web para las preguntas de los lectores y comentarios adicionales. El ombudsman también estaba autorizado a sostener correspondencia a discreción con los lectores.

Docenas de diarios en EE.UU. tienen sus ombudsmen y algunos, como Michael Getler, del Washington Post, son harto conocidos por criticar agudamente a sus empleadores. Otros diarios, incluso The Wall Street Journal, publicado por Dow Jones & Co., prefieren que sean sus editores quienes estén a cargo de la calidad del diario.

Cuando el Times dio a conocer su intención de contratar un ombudsman, se presentaron docenas de candidatos, entre ellos profesores de periodismo y un juez.

En el curso de un mes, Okrent tropezó con una dura resistencia.

En una ocasión, el Times pareció querer adelantarse a Okrent. En abril, el editor público le dijo a Keller que planeaba investigar viejas críticas de la cobertura del diario sobre el tema de las armas de destrucción masiva en Irak, y en particular la idea de que el Times no había puesto en tela de juicio con suficiente firmeza la postura del gobierno. Keller le dijo a Okrent que el diario ya planeaba su propio análisis de ese asunto. Un artículo de los editores en que se detallaban diversas fallas se publicó días antes que uno de Okrent.

Keller dijo que el artículo de los editores fue escrito antes de que los planes de Okrent se conocieran. Sin embargo, dijo que estaba contento de que el mea culpa del Times “se publicara antes que la nota del ombudsman, en lugar de después”.

Okrent dice que las luchas internas se han atenuado en los últimos meses y que el diario está aprendiendo a tolerar su presencia. Sulzberger dijo que está satisfecho con el proyecto y que espera que siga. “El sucesor de Okrent va a tener una labor más sencilla”,dijo el ejecutivo.

Hasta los periodistas se están acostumbrando a que un profesional externo analice todo lo que hacen. “Dios sabe que somos medio engreídos”, dijo Gardiner Harris, periodista de la sección de negocios del diario. “Tener a alguien que pueda contener nuestros egos es algo verdaderamente muy bueno”.

La labor de Okrent de contener los egos de los periodistas acabará junto con su mandato. Desde un inicio, Okrent dijo que no planeaba quedarse más de 18 meses. Cuando se le consulta, Okrent no tiene inconveniente en señalar exactamente cuándo expira su contrato. “Es como el calendario de un prisionero”, dijo la esposa de Okrent, Rebecca. “Uno va tachando los días que faltan”.