Metrópolis, liberada

Uno de los más impresionantes films del cine mudo y del expresionismo alemán ya es parte del dominio público. Estamos hablando de Metrópolis (1927), dirigida por Fritz Lang. Está disponible para descargar en archive.org (aunque no completa por problemas técnicos, que probablemente pronto se resolverán)

Fritz Lang fue uno de los “maestros de la escuela a expresionista”, junto a F. W. Murnau. Lang había estudiado arquitectura y Bellas Artes y llevaba una vida más bien bohemia tanto en Bruselas como en París. Pero un viaje por África del Norte, China, Rusia, Indonesia y Japón lo transformó o alentó el espíritu que ya había en él, un exotismo paralizante que proponía otra forma de ver el mundo.

La Primera Guerra Mundial encontró a Lang en Viena, donde había nacido en 1890. Tras la declaración de la guerra, se alista en el ejército austriaco; en el en el frente de batalla y en los hospitales militares comenzó a escribir guiones de cine.

Sus primeras realizaciones le dieron éxito y popularidad. Die Spinnen (1919) fue su opera prima,  que impactó con sus sociedades secretas, ritos y misterios. Después filmó, en 1921, Der mude Tod, que trataba durante sus tres episodios sobre una de las preocupaciones centrales del romanticismo: la lucha del amor contra la muerte. Der mude Tod tuvo un impacto impresionante y consagró definitivamente al cine alemán. Dicen que Der mude Tod fue comparada con la importancia de Madame Du Barry de Lubitsch y con El gabinete del doctor Caligari, y que fue uno de los disparadores para que el español Luis Buñuel decidiera comenzar su producción cinematográfica.

Y si bien la historia del cine proclama a Los Nibelungos (1923) como uno de los signos de madurez de los films de Fritz Lang, película que no tuvimos la surte de ver, la mayoría hemos llegado a su universo a través de la consagrada Metrópolis (1926), en la que Lang propone una visión futurista intensa y novedosa.

Se trata de una ciudad “del mañana”, en un lejano 2026, en la que los señores y clases pudientes viven en la superficie y los esclavos-trabajadores (como infrahombres) bajo tierra en una pesadilla subterranea repleta de fierros y de maquinas. Interpretado por el actor Alfred Abel, el amo y señor de la Metropolis es es Johhan ‘Joh’ Fredersen. Tal como reseñan en la Wikipedia, “una figura carismática y pacificadora llamada María defiende la causa de los trabajadores. Pero en lugar de incitar a una revuelta, insta a los trabajadores a buscar una salida pacífica y tener paciencia, esperando por el arribo del “Mediador”, que unirá ambas mitades de la sociedad. El hijo de Fredersen, Freder (Gustav Fröhlich) conoce a María y queda prendado de ella. Al seguirla sin que ésta se de cuenta, penetra en el mundo subterráneo de los trabajadores y mira con sus propios ojos las pésimas condiciones en que éstos viven y trabajan, así como el desdén absoluto de los propietarios, que prefieren traer más trabajadores para que las máquinas no se detengan, que auxiliar a los que sufren accidentes en ellas. Asqueado por lo que ve, Freder decide unirse a la causa de María. Sin embargo Fredersen se ha dado cuenta ya de las actividades de María, y temiendo una revuelta de los obreros, decide solicitar la ayuda del científico Rotwang (Rudolf Klein-Rogge), quien a su vez le muestra un robot antropomorfo de su invención. El robot creado por Rotwang puede tomar tanto la conducta como la apariencia de una persona, así que deciden suplantar a María. El robot tiene como órdenes promover los disturbios y el descontento, para así permitir a Fredersen lanzar una represión violenta contra los trabjadores”.

En Metrópolis, que costo 6 millones de marcos oro, para Roma Gubern “tan grande fue la endeblez e ingenuidad del relato -que concluye con un candoroso abrazo reconciliador entre el Capital y el Trabajo- como grande fue la maestría imaginativa y arquitectónica de Lang, que supo jugar con espacios, volúmenes y claroscuros con habilidad de prestigiador”. Con todo, Metropolis sintetiza el apogeo y lo mejor del expresionismo arquitectónico alemán.

Más adelante el expresionismo tendría gigantes como Einsesntein, Carl Dreyer, Josef von Sternberg, el gran Orson Welles y Bergman, entre otros.


Fritz Lang recibió la propuesta de Joseph Goebbels, el ministro de propaganda de Adolf Hitler, para colaborar con el nazismo, pero Lang era contrario a las ideas nazi, así que la misma noche de la propuesta huyó hacia Francia, dejando casi todo lo que tenía y a su esposa Thea von Harbou, guionista de muchas de sus películas y más cercana a las ideas que envolvían Alemania en aquella época. En París rueda Liliom (1934) pero sigue hacia Hollywood ese mismo año contratado por la Metro-Goldwyn-Mayer.