Messi, el ídolo del streaming

(Los ejemplos argentinos usados pueden ser, sin duda, reemplazados por los pertinentes a cualquier otro país futbolero)

Messi es maradoniano pero no hay forma de saber cuan messiánico fue Maradona. La fútil y ridícula comparación entre ambos no tiene sentido pero si se hace, vale la pena resaltar una diferencia crucial al momento de evaluarlos: la importancia de la banda ancha.

Ahí Messi, este Messi, tiene un aditivo que lo hace más grande de lo que es porque descuella en un etapa especial para los amantes del deporte: la etapa del streaming. Es jodido eso, porque toda partido que juega lo podemos ver miles de personas que no tienen otra forma de hacerlo y en cada uno de esos partidos tiene que competir, para quienes gustan de aquella comparación entre el Diego y él, contra el recuerdo de un manojo de partidos y jugadas.

Porque es así. Medir la importancia de Maradona en aquellos años de Argentinos, del Boca ochentoso, del Napoli, es casi imposible porque el número de hinchas y espectadores que realmente lo vieron jugar con regularidad es relativamente pequeño. Messi es otra cosa. Sus partidos son transmitidos siempre y gracias a la televisión satelital a todas partes pero más importante aún es el streaming, porque es inacabable el número de personas que gracias a Roja Directa y sitios similares lo disfrutan aunque no tengan satelital. Ya no hace falta peregrinar al bar de turno y pagar un par de cafés para verlo, como sucedía hace algunos años nomas, en épocas de Zidane o Ronaldo, o incluso cuando él comenzó hace casi un década. Con la laptop, sea donde sea, él está. Eso lo hace diferente. Nunca hubo un atleta tan expuesto a las audiencias como él, banda ancha de por medio. Todo culpa del streaming.

Bioy Casares contó, si mal no recuerdo, la triste experiencia de oír la gran derrota de Firpo por la radio (hoy vería fragmentos al menos). Parece ser que Cortázar vivió una experiencia radial similar con la misma pelea. El mejor gol colectivo de los mundiales de fútbol fue en color; el talento de los cinco 10 brasileros juntos fijó un estándar altísimo, a apariencias inalcanzable, para todos los seleccionados futuros y la experiencia de verlos en color cambió por siempre la manera en que vemos fútbol los amantes del deporte de sillón. Sin embargo, por años espectadores siguieron viendo solo fragmentos de partidos, sujetos al ojo y antojo del programador de tv de turno. El aumento de las horas televisadas en los 80 volvió cínicos a miles de lectores de El Gráfico y oyentes radiales, que comenzaron a preguntarse qué partido veían los periodistas de esos medios, tan distinto al de las imágenes de tv y, sin embargo, con todo ese cinismo a cuestas seguían siendo lectores y oyentes cautivos. La explosión del cable en los 90 trajo el fútbol extranjero y todos se volvieron especialistas en fútbol inglés, italiano y español. Cada etapa creó un espectador más ducho, con más horas de experiencia.

Aún así, si un argentino se mudaba para Inglaterra o Europa continental hace seis, siete, 10 años, ver la fecha de fútbol de primera o la Libertadores era una odisea, con transmisiones limitadas a horarios como las 3 de la mañana del jueves (sin exagerar). Ni hablar de otras regiones. Eso cambió y hoy el fútbol y demás deportes masivos se ven cuando suceden, estés donde estés. Eso logra que todos sean especialistas en Messi, porque todos ven su minuto a minuto, su día a día. El streaming constante está fijando un estándar casi igual al que fijó la tele a color con el cuarto gol de Brasil en la final contra Italia. Messi pasa a ser así el primer ídolo construido a base de streaming, ¿o no?