Los Simpsons: meta-TV hiperconectada

Algo especial tiene que tener la serie liderada por Homero y sobre esto hablamos con Joel Kuwahara, el dueño de Bento Box (el estudio que realiza la animación de Los Simpsons).

No sólo fue un éxito sostenido por los últimos 25 años, en los que ocupó el prime time televisivo y fue repetida hasta el hartazgo en las pantallas de todo el mundo, sino que además supo condensar críticas muy fuertes a la familia, y a la televisión misma (no es casual que en la presentación misma del show esté la familia sentada en un sillón mirando la TV).

Pero no fue sólo su reproducción infinita en el aire el motivo de su repercusión, sino una serie de estrategias para-discursivas que conectan con el texto mismo para darle más vida, y definitivamente más vuelo internacional a la historia.

Se puede decir que Los Simpsons son los precursores de un modelo de TV que no se agota en el discurso autoreferencial hiper ácido. Como dice Jonathan Gray en Show Sold Separately los productos de los medios masivos de comunicación significan más por lo que son en comparación con sus paratextos que con sus contenidos propios, intrínsecos.

En una entrevista exclusiva, Kuwahara contó por qué el programa está tan íntimamente ligado con criterios de producción para-audiovisual y con muchas estrategias de conexión de contenidos en múltiples plataformas.

La película, por ejemplo, fue un resultado de la serie animada. Pero no es el único caso. Los Simpsons se representaron en obras de arte, sitios web, juguetes, videojuegos, DVDs, libros y objetos coleccionables. En la presentación del primer capítulo de la temporada 2010, realizada por el enigmático artista visual Bansky, se bromea con este aspecto del negocio porque se puede ver el “detrás de escena” de Los Simpsons — encerrados en una jaula, destinados a vivir en las sombras, cientos de empleados asiáticos dibujan mientras niños hacen remeras con la cara de Bart. Hay incluso animales que son convocados al trabajo: un unicornio, por ejemplo, ayuda a agujerear Cds y un oso panda traslada muñecas.

“Es muy loco. Los Simpsons desataron una industria increíble. Un equipo especializado vende licencias desde juguetes a remeras a aparatos médicos, ¡aunque es de no creer! No hay ningún producto que no haya tenido la marca Simpsons. El área encargada de estos arreglos es Productos al Consumidor, la parte de la compañía que se encarga de todo el merchandising. Desde la producción de Los Simpsons, generamos las historias y el trabajo artístico. Es increíble cómo la gente de lugares muy diversos reconoce a los personajes, es algo universal.”

El rol de su team es el de proponer los modelos que serán recreados en otros ámbitos. “Los Simpsons fue mi primer trabajo, estoy con la serie desde hace ya 16 años. Después me especializé en Storyboard y en dar conferencias sobre cómo realizar ficción prime time, como Los Simpsons, por supuesto, y además también King of the Hill or Neighbours from Hell. Aunque me alejé un tiempo, volví a trabajar para la película.”

The Simpsons Movie fue tal vez el spinoff más difundido de la serie. A diferencia del programa — que se caracteriza por los comentarios sarcásticos sobre la hipocresía de la realidad y la institución familiar — la película fue más light, con un guión menos valiente. Homero, más tonto que nunca antes, contamina la fuente de agua principal de Springfield entonces los funcionarios instalan un domo enorme y la familia se exilia. La escena que sintetiza mejor la esencia del film es la típica de Homero cuando se martilla el dedo una y otra vez al arreglar el techo. O la de cerdito araña o cerdito Potter. Cero comentarios críticos a celebridades o políticos.

Para Kuwahara, este aspecto fue un resultado esperable e inevitable del proceso de producción. “Re-escribimos el guión muchas veces. Había chistes que eran más irreverentes, y otros más inocentes. Hicimos muchos focus groups para testear cuáles funcionaban mejor. Los escritores fueron muy inteligentes, no querían cruzar una línea, porque queríamos producir un texto que tenga resonancia masiva, por eso tenía que ser lo más amplio posible.”

Antes de filmar la película, emprendieron un arduo proceso de investigación. “Durante los primeros siete meses de pre-producción, creamos un borrador de la historia y la chequeamos con audiencias de diferentes regiones de Estados Unidos para ver si les gustaba, y qué les producía. Si no les cerraba una escena determinada, los escritores la re-escribían y la volvían a probar hasta que era finalmente aceptada por la mayoría. Entonces después se la mostraba a otro grupo y el procedimiento se repetía.”

La “dictadura de las mayorías” parece haber sido un ritual de lo masivo. Si las películas, y la televisión misma, tienen que conquistar a un público general, entonces se supone que los contenidos tienen que ser lo más homogéneos posibles. Pero Los Simpsons mismo (la serie) mantuvo una toma de posición, y, sin embargo, no renunció al éxito global. Puede que una de las razones fuertes del boom, además de la originalidad del enfoque, haya sido la política de la hiperconexión de lo que se supone el texto principal (el programa de TV) y muchísimos otros subtextos que le dan sentido al todo.