Los riots de Mavrakis

Apuntes escritos antes de la presentación del libro de Mavrakis, que se realizó el miércoles 25 de julio de 2012, en la Casa de la Lectura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.


Diego Rojas, Nicolás Mavrakis, Pablo Mancini. Foto: Pablo Blanco.

Leer el libro de Nicolás Mavrakis, No Alimenten Al Troll, fue una experiencia feliz porque el autor es un amigo. No sé cuánto lo conozco pero lo siento un amigo. No sabía cómo se sentía tener un amigo que publica su primer libro. ¿Saben qué? Se siente increíble. Todo es bastante más feliz, bastante menos injusto, bastante más posible, bastante menos cruel. Todo es bastante más noble.

A Mavrakis lo leemos cada vez que publica. Pero hoy es una ocasión especial: se trata del primer libro impreso de su autoría.

Quizás estoy acá porque Mavrakis considera que soy lo humano más cercano a la tecnología que tiene a la mano. Si esa es la razón, bienvenida. Si es otra, bienvenida también. Aunque sospecho que me invitó a presentar su libro para validar algunos asuntos tecnológicos que atraviesan sus cuentos. La tecnología está presente en todo el libro. Mavrakis se tomó el trabajo de entender aspectos técnicos, me consta. Es consistente. Si estoy acá para validar eso, lo valido.


No estoy en condiciones de decir algo sobre los cuentos, excepto que me gustaron, que regalaría el libro y que Ustedes deberían comprarlo. Me declaro un ignorante en el campo de la crítica literaria. Si quieren, ignorante orgulloso. Tengo algunas lecturas… que no necesito ostentar. Leo porque me da placer. Porque me ayuda a vivir. Además, en el siglo XXI hay que estar en contra o, al menos, después, del género de la crítica. En tiempos de agregación de fragmentos, la crítica es algo tan obsoleto como la crónica. Al fin y al cabo, esos dos géneros son los accionistas mayoritarios de la aristocracia de la subjetividad.

Mavrakis tiene la fama de provocador serial. Pero yo no comparto eso. De hecho, me parece un tipo sensato en un mundo que está cambiando muy rápidamente.

Para entender el mérito de Mavrakis con No Alimenten al Troll, hay que entender el contexto en el que produce: trabaja rodeado de una generación de jóvenes escritores que tienen el sueño y los ídolos equivocados. Quieren ser Lanatas, Eloy Martinez, incluso Cortazars. Los referentes de Mavrakis son por momentos muy notorios, y yo no los voy a revelar acá. Pero lo que importa es que no quiere ser como ellos. Quiere ser como él es. Y lo está siendo. Allí radica su coraje y, seguramente, el valor de lo que escribe. A mi me cae muy bien eso porque creo que el mundo necesita más actitud e inventiva que réplica.

El ambiente de la producción cultural discute sobre la piratería, la copia y las descargas. Los hay en favor y en contra del ecosistema download. Pero la mayoría, de un bando y de otro, hacen lo mismo: se piratean el estilo y la actitud. Se piratean los ídolos y los sueños. Incluso los recorridos. Algunos llegan al punto de piratearse la melancolía de un pasado no vivido.

Mavrakis es un megauploader de contenidos y probablemente un destacado pirata. Pero tiene códigos con el futuro: no piratea ni trata de descargar lo que es ni lo que quiere ser. Eso se lo inventa. Y creo que hoy eso es lo más parecido a lo que podríamos llamar cultura.

Mavrakis está construyendo un pasado a medida para su futuro. De hecho hoy, en la presentación de No Alimenten al Troll tiene la garganta tomada y no puede hablar. Así comenzarán las anécdotas sobre él en algunas décadas.

Felicidades Mavrakis. Y seguí escribiendo.

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NdelaR: También llevé anotados algunos fragmentos que rescaté de sus cuentos:
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# Nada es pensable, todo es opinable.

# Los datos están muertos, el abono para algo que sí tiene vida.

# La toxicidad es el futuro de toda narración

# La ilusión de participar, dice Fireman, aunque sea para humillar el trabajo ajeno, resulta más fuerte que la voluntad de crear.

# Siempre hay un novato dispuesto a ofrecer gratis la misma obsecuencia por la que un cliente está obligado a pagar.

# No los culpen, son respuestas automáticas a estímulos reales.

# “Lo hice gratis y básicamente porque me provocaron”

# Imagínense un mundo informático forjado a la exacta medida de nuestro poder.

# Necesitaba a alguien dispuesto a hacer un sacrificio en nombre del futuro. No dijo ni patria, ni los argentinos, ni la nación. Dijo futuro.