¿Los presidentes deben “ser” tecnología?

Lee Gomes sale a la carga en el WSJ con un artículo provocador que barre tecnófilos y tecnófobos a un lado y otro de esas líneas. El punto es el siguiente: ¿Deben los presidentes usar o no computadoras, ser usuarios más o menos avanzados poniendo como piso administrar sus propios mails?

Una biblioteca sostiene que no, que las personas (y le pongo comillas porque no sé qué quiere decir) “verdaderamente importantes” no pueden ocuparse de trivialidades como leer blogs, responder mails y/o hurgar walled gardens y navegar. Asunto terminado.

Sin embargo, lo más interesante y hasta ridículo podría ser la perspectiva 2.0, que casi siempre va a estar a favor de usar cualquier servicio Web como si se tratara de un diferencial en sí mismo.

También es cierto que el planteo de Lee Gomes es exclusivo de esta época. A nadie le cabe duda: dentro de 30 años, todos los presidentes van a haber nacido en contextos informacionalizados, digitalizados y diseñados en una infraestructura cultural algo distinta a la actual, obvio. Lo mismo que sucede con la brecha digital en la educación.

Sea como fuere, si un alto funcionario de gobierno, presidente sí, pero ministros y segundas líneas de gabinete también, viven en ciberculturas mediatizadas, digeridas por los diarios y la TV, probablemente puedan afrontar menos desafíos de la infraestructura social actual, que se juega buena parte en el mundo de los intangibles y el capital de habilidades y capacidades cognitivas. Un ministro de cultura que baja música o un ministro de educación que tiene idea sobre como funciona la Wikipedia y hasta la usa, por poner dos ejemplos burdos, probablemente puedan diseñar planes de gestión mucho más cercanos a los contextos en los que, se supone, deberían operar. De los Estados de valores y consensos, a los Estados de habilidades y subjetividades, hubiera sido un buen título.