Los códigos informáticos y las redacciones

La idea de programadores y desarrolladores como eje del flujo informativo que plantea el compañero en posts recientes existe y es debatida a lo ancho y largo de la red. Ejemplos abundan en Estados Unidos (¿dónde si no?).

Nate Silver fue el niño mimado de los medios estadounidenses durante la campaña presidencial porque su fiveeightysix.com supo usar la matemática y la informática para darle sentido y claridad a los sondeos electorales. Con un algoritmo le dio orden y validez a la información y con eso le alcanzó para diferenciarse del resto y ser referente en un país donde destacarse en el periodismo no es fácil por la cantidad de periodistas, comentaristas y demás que anda dando vueltas.

El New York Times andará con la brújula financiera desmagnetizada y habrá quienes no se diviertan leyéndolo, pero no hay duda que está un paso adelante en innovación y experimentación en cuanto a presentación de la información en internet. El equipo detrás de esa experimentación y esa innovación está conformada por periodistas/desarrolladores, tipos que saben tanto de código y programación como de periodismo. “Renegade cybergeeks” los llama en una semblanza New York Magazine, además de decir que son el “nuevo periodismo”.

Dice The NY Magazine que al mirar con atención y no al paso los cambios introducidos por los geeks desde la creación de su equipo de trabajo hace menos de dos años lo que se ve “no es una imitación berreta de lo impreso, sino un versión muy superior. Quizá sea la única historia ‘alegre’ en el periodismo”.

La historia podrá ser feliz dentro de la malherida prensa gráfica estadounidense, pero hasta ahí: nadie logra rentabilizar el fruto del trabajo de los geeks, al igual que sucede en tantos otros medios.

Más allá de la problemática económica, la historia aquí es el equipo de desarrolladores, encabezado por Aron Pilhofer y Matthew Erickson, quienes en agosto de 2007 le pidieron a los directivos del diario algo que parece más simple de lo que es, como sabrá cualquiera que haya trabajado en estructuras más o menos grandes: invertir rápido en periodismo experimental. El sí llegó de una y al mes Pilhofer tenía su equipo de “Interactive Newsroom Technologies”, que debía generar cosas en colaboración con diseño y con multimedia. El concepto motriz es aprender ahora, para saber qué hacer y cómo hacerlo cuando el papel como fuente de todos los ingresos sea tan solo un recuerdo.

La clave de ese equipo es que le dio a un grupo de desarrolladores/periodistas la libertad para acercarse y trabajar en todos los sectores del diario. Pasaron a ser el equipo que genera información con cualquier tema y crearon desde APIs hasta el Word Train.

En la mayoría de los medios sería imposible tener gente que combine conocimientos de programación y periodismo. Sí podría dársele más lugar al trabajo de los informáticos. Que sean más dentro de las redacciones, que participen más y que generen más en función de la información.

Una de las cosas más interesantes que dieron los medios argentinos el año pasado fue el generador de nubes de las palabras más dichas de los discursos presidenciales, creado por Matías Celani y Guada Reyes, una herramienta que ni propios ni extraños aprecian en una ínfima parte de lo que deberían. Los programadores crearon, está en los periodistas encontrar qué hacer con el producto.

Recién cuando las participaciones e ideas como las de Silver, el equipo de geeks del NYT y de Celani y Reyes sean la norma y no la excepción al momento de producir y presentar información llegará el momento en que los medios digitales aportarán algo al periodismo que vaya más allá del “último momento”, el mayor aporte a la prensa que parecen haber dado las punto.com en sus 15 años (aprox.) de vida.

> + Periodismo digital en Amphibia