Los blogs en la punta de iceberg

Esta semana The Economist comparó la ecología de medios con el mercado cervecero. La idea no está mal: funciona como una metáfora de las relaciones entre productores y la configuración de audiencias. Las grandes cerveceras desarrollan productos estandarizados para un público masivo, pero las microbreweries innovan y detectan nichos con gustos particulares. Entonces emerge todo tipo de sabores de cervezas, algunos más gustosos que otros, claro.

A una semana de la Jornada de Periodismo Digital que organizó Clarín.com en el MALBA, tenemos el escritorio lleno de preguntas y dudas, de sombras de reflexiones imposibles. Estamos en un entorno lleno de grietas que cuando hacés foco parecen signos de interrogación.

Porque de alguna forma esa fue la impresión que a muchos nos dejó el gran Dan Gillmor, hablando la semana pasada sobre un periodismo 3.0 como hace algunos años. Nada nuevo: celulares y videos espontáneos, digg.com y sus clones, Ohmy News y hasta la Wikipedia (!)… Y tanto que había para decir sobre Bayosphere.com y la trastienda en San Jose de Silicon Valley…

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Las ponencias de Jean-François Fogel y Pablo Boczkowski fueron harto más ricas porque la alianza entre pensamiento y oficio que arriesgó Fogel y la sistematización de Pablo dieron un panorama mucho más claro para pensar medios tradicionales en el ciberespacio.

De todo eso no vamos a hablar acá porque están las ponencias online. El punto es que las ganas de más que dejó la Jornada de Clarín tiene que ver con el resquebrajamiento de la categoría de Periodismo Digital.

Hace diez años -cuando los sitios de Clarín y La Nación eran un proyecto y los primeros pasos en la Argentina en el periodismo electrónico los daba el Interlink Headline News-, esa categoría nos servía. Todo el mundo entendía a qué nos referíamos cuando la usábamos, pero ahora el panorama es más complejo y “periodismo digital” se utiliza ambiguamente, tanto para medios tradicionales como para nuevos medios. También porque la idea de 3.0 prendió fuerte para denominar a los nuevos medios, a los nanomedios y a lo que conocemos como periodismo ciudadano.

En ese sentido, la desilusión que causó Gillmor -que no es tal- responde a que la jornada de Clarín desde la idea de periodismo ciudadano fue paupérrima, pero si la pensamos en montar redacciones digitales y proyectos en el ciberespacio para medios tradicionales fue de gran valor.

Hasta ahora, las innovaciones digitales del periodismo eran llevadas adelante por los usuarios de la red, y por proyectos-rarezas como el caso Ohmy News en Corea o Scoop.co.il en Israel, por ejemplo. Sin olvidarnos, por supuesto, de la pionera experiencia de Indymedia.org, que nació con otra lógica pero que fue una experiencia innovadora de información.

Desde hace dos años aproximadamente, los medios tradicionales comenzaron a comprender que si no se piensan de nuevo van a perder y no poco. Casos recientes son, por citar algunos, el diario económico belga Tidj que lazará una edición en papel electrónico; el Washington Post y el tagging con del.icio.us y el Congreso al instante; la nueva plataforma abierta y conversacional de The Guardian -que ya tenia blogs – Los wikitorials de Los Angeles Times, vandalizados y finalmente clausurados; el primer podcast de The Sun.

Lo que está cada vez más claro es que, como ocurre con la industria cervecera, los nanomedios no van a reemplazar a los medios tradicionales -pero estos en ninguna medida van a salir ilesos; se da una convivencia cada vez más explicita en la que unos referencian a otros. (¿Contaron, por ejemplo, la cantidad de notas sobre nuevos medios que publican los diarios cada semana?)

Lo particular de esta instancia se da en dos niveles: en las audiencias y en las formas discursivas.

Con los nanomedios como emergentes de la web participativa, se transforman las audiencias. Cuidado, no sólo se generan nanoaudiencias, sino también se transforman las audiencias de los medios tradicionales. La revolución blogging cambió tanto a la web como a los medios tradicionales. Con los blogs como punta de iceberg del software social, las nuevas tecnologías nos han reeducado como público de los medios tradicionales.

Ya no leemos como antes. Ya no miramos la tele como antes. Los modelos mentales fluyeron a través de la compuerta evolutiva que abrió la red y ya nada es igual. La necesidad hipertextual y multimedia deja obsoleta la página sin links ni interacción. No sé cómo decirlo pero se me ocurre que la lectura se funde con la escritura, y ya casi no hay lectura sin escritura. Naturalmente, debemos entender a la lectura y la escritura con otros conceptos, lejos de los de la modernidad: ahora leemos videojuegos, escribimos videos, etc…

Por otra parte y en con la expansión virtual a todas las esquinas de barrio -los cibercafés como metáfora de ello- lo que hasta ahora conocíamos como público se transformó en redes de nanoaudiencias que, por supuesto, ya no son pasivas, sino que han modificado su sustancia encarnando un híbrido fascinante que piensa-hace, lee-escribe, consume-produce. La lectura se funde con la escritura y nace un híbrido de producción cultural colectiva de sentido.

Si hemos de hacer una lista con qué es lo que recupera la web -en el registro propuesto por McLuhan en sus Leyes de los medios- debemos incluir sin duda en esa tétrada a la sorpresa, la capacidad de sorprenderse.

Porque si algo se preguntaron los artistas de la segunda mitad del siglo pasado fue “cómo interpelar a un público que actúa conscientemente como público”. Allí estaban el pop art, los happenings, el arte de los medios y el conceptualismo, lidiando con esa incógnita.

Con la web, la categoría de audiencia se atomiza como las audiencias mismas y el público es algo que nada se parece a lo que llamábamos público durante el siglo pasado. Ahora se trata de comunidades que interactúan. Ya no sólo ofician como público sino también como sujetos colectivos productores de sentido social. Y, algo más: están conscientes de eso y se mueven en tanto comunidad, ya no en tanto público-audiencia.

Y esas comunidades no responden a lo que las teorías de la publicidad nos enseñaron hasta ahora, porque esos colectivos, esas multitudes inteligentes, son desorganizaciones en el sentido que Scott Lash trabaja en Crítica de la información.

Lo que está en juego -lo que hace de este momento una bisagra- es que emergen nuevas formas discursivas y nuevos géneros narrativos que caóticamente ensayan nuevas formas de periodismo, tal como también ocurre con las blognovelas.

Quizá es por eso que después de quedarnos insatisfechos con la conferencia de Gillmor en el MALBA tendríamos que rescatar algo a lo que se refirió al pasar, pero que según creo es el corazón de las nuevas formas de acciones comunicativas. Periodísticas, si prefieren, que claramente son hasta ahora la excepción, pero pensarlas a escala acaso no nos permita predecir el futuro como sí entender que algo está cambiando.

Dan Gillmor mostró un video clave: el archiconocido Bush and Blair Love Song:

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Las construcciones discursivas multimedia en la web hasta ahora eran patrimonio de la publicidad y la manifestación política pero con la masificación de tecnologías multimedia, como los celulares y las cámaras digitales, las narrativas están en mutación y son, por definición práctica, multiformes. Lo que ocurre es que se trata de tecnologías que están siendo apropiadas sin dirección académica. En el uso se construye el sentido y no hay manual a seguir.

La experimentación es la constante. Contamos con tendencias pero no hay canon. Y las producciones del periodismo ciudadano son un emergente de esas transformaciones discursivas que están posibilitando aquellas tecnologías textuales. Aunque casi siempre, claro, se tiende al discurso documental e informativo heredado, como por ejemplo el caso de:

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Pero otras formas de informar están emergiendo. Vean este ejemplo de un grupo de ecologistas sobre la carne y los productos de animales que consumimos a diario.

Las producciones multimedia no profesionales empiezan a multiplicarse. Sitios como video.google.com, youtube.com, veoh.com, revver.com, ifilm.com, videobomb.com, kolablog.com dan cuenta de ello. Aun no alcanzan la masificación veloz que tuvieron los flogs durante los últimos dos años pero tiende a un mismo crecimiento.

Cuando más arriba hablábamos del resquebrajamiento de la categoría de periodismo digital estamos diciendo que las producciones han dado cuenta de que no podemos agruparlas como antes porque precisamente lo que está pasando es que están naciendo nuevas producciones, que no se insertan en una audiencia sino que emergen de nuevas formas de comunidad.

Los nuevos medios están menos definidos por los contenidos que por los usos colectivos -virales- del software social. Es poco probable que los medios tradicionales se conviertan en medios 2.0, y que la Web 2.0 se convierta en los medios 2.0, tal como señaló Piscitelli. Pero lo insoslayable es que nuevos géneros discursivos están emergiendo de esos usos, y que el periodismo ciudadano los está incorporando. Acaso es el momento de estar más atentos a las nuevas narrativas y a las nanoaudiencias que a la digitalización de los conceptos de la modernidad.

Porque, cómo ya sabemos, con las nuevas tecnologías el mundo cambió -nosotros cambiamos- mucho más de lo que a veces estamos dispuestos a aceptar. El email iba a funcionar como el correo acelerado, casi instantáneo y funcionó (también) como otra cosa: reconfiguró los canales de las organizaciones sociales, el trabajo, la jornada laboral, el ocio, la política, el marketing; posibilitó nuevas formas de pensar las relaciones y hasta nos tiene pendientes cual las instrucciones para dar cuerda a un reloj de Julio Cortazar. Con el comercio electrónico y las ventas online se abrieron sistemas de reputación y ampliación de intereses que jamás se habían imaginado para las transacciones. Con la Educación a distancia no se reemplazó al maestro sino que se inventó una nueva forma de aprender y de enseñar: se reinventa al maestro y a los alumnos.

Entonces, ¿por qué decimos que algunos categorías se han resquebrajado? Porque cuando se trata de las tecnologías del conocimiento es necesario no perder algo de vista: la velocidad y la digitalización no cuentan tanto como las nuevas formas discursivas y las transformaciones mentales que emergen con esas tecnologías.

Lo asombroso no es que el periodismo sea digital, sino que lo digital abra nuevos caminos al periodismo. La información en tiempo real no importa tanto como las nuevas posibilidades informativas emergentes. La información en tiempo real es la pata tecnológica de este asunto pero las nuevas narrativas son la posibilidad de otras formas de conocimiento.

Ha explotado la relación bicentenaria que la opinión pública siempre mantuvo con las tecnologías periodísticas y con los entornos mediáticos.

Tal como comentábamos ayer en la academia, los blogs están en la punta del iceberg pero lo que vendrá despúes lo cambiará todo: las tecnologías móviles masivas nos obligan a pensarlo todo de nuevo. Tranquilos, esto recién comienza.