Lo fantástico que tiene el espiral

Editor invitado (en Rosario) Andrés Galván

Lo fantástico que tiene el espiral es su capacidad de reducir la ansiedad. ¡Es más!; lo fantástico que tiene el espiral es su capacidad de reducir la ansiedad desde la temprana edad. Pues, según yo hoy lo veo, y aunque llueva a cataratas, cascadas y escupitajos, y aunque esto haga del paisaje una aplanada cacerola de aluminio, pues yo pienso que esta hoja tiene la posibilidad de desaparecer en un santiamén, gracias a la acción del espiral. Pero, por otra parte, “lo fantástico que tiene el espiral”, puede ser un buen título o, mejor aún, un concepto, y en ambos casos, lo mejor aún sería dejarlo, en el cuaderno, sin arrancarlo. Es que la capacidad que tiene el espiral de reducir la ansiedad puede ser utilizada tanto para el bien como para el mal. A veces me deshago, me deshojo, me desmigo en hojas, en cachitos de pan, y me provoco, me dejo ir absurdamente, con la inércica potencia que tienen los renglones. Pero volviendo al tema, volviendo a casa, volviendo a tierra, me repito lo mismo, una y otra vez, como ejercitando la concentración, la respiración, la relajación, me repito: volviendo, volviendo, volviendo, a la idea central, al eje temático, al nudo, al grano, al concepto. “Lo fantástico que tiene el espiral” no es el concepto. Sólo es la excusa necesaria. El concepto de este texto es “la conceptualización del concepto en el texto”. Y no “la locura no se cura ni con ruda”, que es más de lo mismo. Es decir, cualquier cosa, cualquier imagen, una que llegue visualmente o una que ya llegue digerida en una frase, lo primero que venga a la mente, ¡hombre!, Lo que te venga en gana, ¡escríbelo!, ¡escribe eso!, de la manera más auténtica que puedas, sin que te importe la captura estricta y religiosa del sentido. Alguna inconsciente razón habrán de tener esas palabras para andar apareciendo con tanta rapidez por tu cabeza. No se puede controlar la absoluta totalidad de las cosas. Hay cosas que se escapan al control de la mente, por ejemplo, la misma mente. Hay cosas que no podemos explicar. Por ejemplo, ¿qué hace que el gatito Judas se haya sentado sobre mi falda cuando comencé la escritura?, ¿por qué todavía no se fue?, ¿será porque sigo escribiendo casi sin detenerme?, ¿cuál es la verdadera relación existente entre gato y musa?. Hay días en que pienso que los gatos, en su oriental silencio filosófico, dictan a nuestras conciencias, los asuntos sobre los cuales debemos escribir.

Y lo mejor de todo es lo fantástico que tiene el espiral, que es su capacidad de reducir la ansiedad desde la temprana edad, permitiendo al niño jugar con la musicalidad instrumental del alambre enroscado que, en forma de espiral, posee en su eje (central) el cuaderno escolar.