Las nuevas reglas de los contenidos

Hay demasiado tiempo invertido en detectar tendencias. Hay demasiado poco tiempo y esfuerzo dedicados a reflexionar sobre lo inevitable. Quizá también hay mucho temor a pensar que algunas cosas llegaron para quedarse, al menos, durante un tiempo que nos trascienda.

La crisis que Internet – o más precisamente, la conectividad intermitente – impulsa en la naturaleza de los contenidos lo expresa con la contundencia de lo inenarrable: un cambio ecológico acelerado del que es cada vez más difícil abstraerse para entenderlo en su totalidad. No hay más totalidad.

Esa ecología, ese juego de los contenidos, vuelve a tener una lógica infinita: hasta hace poco, la producción y distribución de contenidos (noticias, música, series, etc.) estaban entendidas en el marco de un conjunto de reglas finitas. Se podían romper, pero eran finitas, como las reglas de cualquier juego popular.

Los juegos finitos permiten que la experiencia tenga un comienzo, un desarrollo y un final. Un ejemplo de esto es el Poker, el Truco, el proceso de producción de noticias o el fútbol. En los juegos infinitos las reglas cambian, precisamente, para que el juego esté siempre en desarrollo. La vida de una ciudad o la evolución de la Red son juegos infinitos.

El juego de la producción de contenidos era un juego finito. La digitalización lo lleva a la categoría de juego infinito.

Buscar tendencias en el mercado es buscar a quienes rompen las reglas, o a quienes las entienden de un modo creativo. Esto es valioso, sirve. Pero es insuficiente porque desatiende la búsqueda por las nuevas reglas, los nuevos axiomas que gobiernan la dinámica del cambio de esas reglas. Eso es lo inevitable y aquello transciende al impacto del cambio.

Nadie comienza un juego infinito. La única posibilidad es sumarse a un desarrollo en progreso.

Las reglas de los contenidos siempre estuvieron diseñadas en función de la tecnología y del entorno de producción y distribución. Por ejemplo, con las reglas de la escritura, de la palabra escrita.

Las nuevas reglas de los contenidos son difíciles de encontrar porque, también, se mimetizan con la evolución de la tecnología y del entorno, pero a otra velocidad y a otra escala.

Hay muchos actores que históricamente tuvieron gran influencia sobre la naturaleza de los contenidos. Los contenidos son ahora parte de un organismo superior, de un juego infinito que llamamos la Web, o Internet, pero que en definitiva su esencia es la conectividad.

Detrás del funcionamiento de toda tecnología, hay una dimensión social. Esto muchas veces se entiende mal: como aquello que esa tecnología puede hacer por o para nosotros. La dimensión social no es qué hace, sino qué significa para nosotros.

Quizá es por eso que nos empantanamos en las discusiones sobre los contenidos, las nuevas formas de la noticia o los soportes emergentes para música, películas, libros, diarios y revistas, por ejemplo. Porque lo que está en juego es qué significan los contenidos ahora.

Y pensar eso, qué significan, es aceptar que el valor de los contenidos está íntimamente ligado al entorno y su evolución.

El entorno de los contenidos es lo que Kevin Kelly llama The Technium: un sistema de refuerzos laterales impredecibles que comienza a ejercitar cierta autonomía. Está hablando, incluso, de algo mayor que la red: del conjunto inasible de tecnología conectada. Una ecología social y técnica comparable en complejidad a la ecología de siempre, pero no comparable en términos de aceleración de la evolución histórica.

Kelly explica que una entidad es autónoma si despliega algunas o todas estas características: autoreparación, autodefensa, automantenimiento, autocontrol, autosuperación. El denominador común es, precisamente, el prefijo auto.

Todos critican en mayor o menor medida la mirada determinista de Kelly. Pero yo me animo a dar un ejemplo que lo sostiene ileso: la batalla perdida librada contra la piratería, devenida en una ingenua escalada de medidas, proyectos de ley y capturas internacionales que se pretenden ejemplificadoras, atemorizantes, morales. Es imposible detener la piratería porque la autoreparación, autodefensa, automantenimiento, autocontrol, autosuperación permite, precisamente, lo que busca cualquier sistema o entidad autónoma, cualquier organización: sobrevivir y evolucionar, reproducirse.

Las manifestaciones del entorno sí son claras: cooperación, descentralización, distribución, flexibilidad, redundancia, eficiencia.

The Technium persigue lo mismo que la vida, incrementar la eficiencia, la oportunidad, la emergencia, la complejidad, la diversidad, la especialización, la ubicuidad, la libertad, la belleza, la evolución, etc.

Buena parte de las nuevas reglas de los contenidos tiene sus raíces en ese terreno hoy impresionista, cuyos trazos de autonomía expansiva, lógica infinita, distribución incontrolable, diversidad creciente, formas líquidas, caos generativo y alianzas humano-máquinas se están desplegando, no como tendencias, sino como inevitables.