Las desorganizaciones y los fireblogs

How many times must a man look up
Before he can see the sky?

Yes, ‘n’ how many ears must one man have
Before he can hear people cry?

Yes, ‘n’ how many deaths will it take till he knows

That too many people have died?
The answer, my friend, is blowin’ in the wind,
The answer is blowin’ in the wind.

Tenemos algunas ideas de Scott Lash, publicadas en su reciente libro Crítica de la Información, que podríamos tomar para pensar algunos postulados que se pronunciaron durante estas semanas sobre las redes sociales y sobre los blogs franceses en particular, a partir de los incendios “alentados vía blog”.

En la mayoría de los análisis se trabajó sobre los conceptos de ciudadanía y de diversidad cultural, pero nada pudimos leer en tanto aproximación a las nuevas formas de organización que permite la nueva infraestructura tecnocultural. Cuando algún columnista se acercó al asunto blog la mención no pasó del detalle novedoso. Y si bien no coincidimos con la responsabilidad que se les asignó a los blogs en los incendios en Francia, las prácticas que derivaron (y derivan) de ellos merecen un rato de nuestro tiempo para ver qué podemos pensar.

Vamos a dejar de lado por un momento “lo que dijo la prensa”, porque ya lo dijo, y trataremos de pensar a partir de algunas ideas de Lash nosotros mismos. Sin duda los tres detenidos en Francia por “animar desde sus blogs” a luchar contra la policía se convierte -también- en una discusión sobre la libertad de expresión y, en un plano más profundo, en un debate en torno a los flujos de información que, como señalaron Eduardo Arcos, Antonio Delgado y Juan Varela, son demostraciones de la organización inmediata que permite la tecnología, explicadas en el libro Multitudes Inteligentes de Howard Rheingold.

Tal como lo vaticinó Rheingold, en el futuro las killer applications no serán dispositivos de hardware ni programas de software, sino prácticas sociales. Para el autor de Smart Mobs los cambios más impactantes provendrán de los tipos de relaciones que surjan con la nueva infraestructura tecnológica.

Esta idea de Rheingold es la pauta de sentido que nos conecta a Lash para pensar buena parte de lo sucedido en los últimos días, pero también y en el mejor sentido “la desorganización blog“.

El libro de Lash cuenta con un capitulo imperdible titulado Desorganizaciones.

Para Lash las organizaciones tal como las conocíamos hasta ahora, las organizaciones de la modernidad, son de alguna manera tanto como las definió el estructuralísmo como los analistas de la acción. Es decir, son al mismo tiempo “sistemas jerárquicos de reglas” y “campos de juego de agentes que interactúan”.

El argumento de Lash sostiene que las organizaciones y el poder que las acompaña, entendiéndolas al servicio de un proyecto prefijado en el sentido moderno, son “formas sociales declinantes”. Ante esa endebleza actual, Lash no ve un nuevo tipo de organización emergente sino una reconfiguración de la forma de lo social ante la emergencia tecnológica. En ese sentido, el autor afirma que “lo emergente no son tanto las organizaciones como las desorganizaciones”.

Éstas, explica el autor, son ciertas formas no tradicionales de sociación que no son organizacionales ni institucionales. Ni tampoco son la ausencia de organización sino formas particulares de sociación. No son el caos sino caóticas. No son formales ni informales. Ni tradicionales ni modernas.

Si bien la sociología se ha aproximado más de una vez a las multitudes, Lash explica este nuevo tipo de sociación escapandole al binarísmo moderno, observando una lógica más relacionada con el movimiento y el rediseño permanente de la subjetividad de los colectivos.

De todas maneras cuidado. La idea de desorganizaciones dista de la de Multitud de Antonio Negri y Michael Hardt, que sostiene que “la multitud está compuesta por innumerables diferencias internas que nunca podrán ser reducidas a una unidad o una única identidad-diferentes culturas, razas, etnias, géneros y orientaciones sexuales; diferentes formas de trabajo; diferentes modos de vivir; diferentes visiones del mundo; y diferentes deseos. La multitud es una multiplicidad de todas estas diferencias singulares” (…) “el concepto de multitud es el de una multiplicidad social que tiende a comunicarse y actuar en común, conservando las diferencias internas”.

Porque Lash trabaja en su idea de desorganizaciones los colectivos dinámicos que encuentran una forma espontánea y particular de sociación que rompe el esquema de medios y fines que de alguna forma subyace en el concepto de clase global emergente, de Multitud.

Las desorganizaciones suponen un modo particular de individualización y al mismo tiempo, muchas veces, son más colectivas que las organizaciones, define Lash. Y añade que suponen un modo no utilitario, no estratégico. Aunque sí una funcionalidad permanentemente en marcha.

Esto pone en crisis tambien el anticuado esquema de medios y fines con el que se mueven las organizaciones. Las organizaciones son medios para fines, en esa dirección son utilitarias. A diferencia de las desorganizaciones, que componen una lógica de fines más que de medios.

“Finalidades”, dice Lash, no fines clásicos. La finalidad es la de reinventarse todo el tiempo, la de rediseñarse. Es por ello que al concepto de utilidad se lo reemplaza por los de creatividad y reflexividad en la acción. Para Lash el viejo paradigma que separaba a aquellos que pensaban de quienes hacían está roto.

Las organizaciones e instituciones toman decisiones racionales que acarrean, a veces, consecuencias imprevistas, lo que conocemos como efectos colaterales. Por su parte las desorganizaciones actúan con una lógica diferente. De todos modos, Lash que incluso son o pueden ser lo imprevisto por las organizaciones, esos efectos colaterales.

Para Lash las desorganizaciones están expuestas a la interferencia del medio. Son criaturas culturales, “formas elementales de vida religiosa”. Es por eso que el autor se detiene en la diferencia entre normas y valores.

Las desorganizaciones vienen a estar coordinadas menos de manera normativa que por valores y son mas indóciles que respetuosas de las reglas. Pero cuidado, porque para Lash la lógica de las desorganizaciones no implica romper reglas sino reelaborarlas constante y colectivamente.

En ese sentido, el autor va a decir que las desorganizaciones no tienen campo de acción sino que están en el camino, y los agentes de las desorganizaciones no intervienen en actos unitarios sino en actividades… “La existencia de las desorganizaciones es la de una entidad en marcha”.

Según Lash las desorganizaciones practican una heterodoxia axiológica crónica y no reproducen los valores sino que los innovan y los producen constantemente. Las organizaciones e instituciones quieren o buscan reproducir. Pero las desorganizaciones se mueven en el terreno de la producción y están envueltas por ambientes violentos.

Esa hiperactividad que más que mucha es constante y mutante hace que la desorganización liquida la credencial, la chapa. Lash explica que su existencia no es premoderna sino preantigua. Ni tradicional ni antitradional. Su significado es más semejante al del tribalismo en tanto Era de la ilegitimación.

La información publicada originalmente en blogs muchas veces es cuestionada, criticada por su “por su falta de objetividad”, postura que en la mayoría de los casos se agarra de cuestiones menos periodísticas que estilísticas. Entonces nos encontramos con renegones del Yo y de las marcas personales en el discurso del periodismo en blog. El punto es que quizá la información de los blogs no es ni quiere ser periodismo en el sentido tradicional, quizá estamos diseñando otra forma de información en todo la escala y las gramáticas sociales a su alrededor. No lo sabemos… ni queremos ahora dar esa discusión pero la acercamos porque Lash dice algo al respecto.

Argumenta que las organizaciones suponen una economía de la elección racional del Yo. Pero las desorganizaciones actúan en medios de afecto y economía libidinal, una economía del deseo. En las desorganizaciones el Yo no está por encima de la estructura sino que se afirma como parte de una lógica caordica en la que interviene y modifica permanentemente.

Por eso, lo que algunos critican por exhibicionismo es otra cosa. Se trata menos de culto posmoderno que de una crisis de lo público y lo privado, que para nada supone una publicación de lo privado sino más bien un proceso de privatización de lo público, “la colonización de la esfera pública por lo privado”. Que para nosotros es más una apropiación y una reelaboración de lo público. Entonces, y si miramos bien, estamos ante un fenómeno distinto de la construcción del espacio público, liderado claramente por una lógica que no es la organizacional, ni la de multitud, sino desorganizacional.

Serían como subpolíticas, esferas dinámicas de individualización, formar particulares de sociación, nuevos entornos hipercomplejos diseñados por las prácticas sociales.

En A democracy of groups se aborda el tema sobre cómo en los grupos las personas pueden lograr lo que solas les es imposible. Las nuevas tecnologías sociales están permitiendo tomar decisiones y diseñar soluciones colectivamente para resolver problemas complejos. Estas tecnologías están permitiendo a grupos crear no sólo comunidades sino también generar energía y crear reglas para gobernar sus propios asuntos. En ese sentido, Beth Noveck examina grupos descentralizados en función de su capacidad para promover la acción colectiva en el terreno económico, cívico y cultural.

Imagen tomada de bastardidentro.it