Las Clases de Link: Literatura y disidencia

Si algo tenemos claro es que Daniel Link sabe cómo decir lo quiere decir. Y en su libro Clases (Literatura y disidencia) lo prueban hasta en la carne de la palabra.

Página/12 se refirió al libro de Link, y hace unos días La Nación también publicó algo al respecto. La verdad es que no tiene sentido reseñar el último libro de Link porque no tiene desperdicio, si es que los libros alguna vez lo tienen.

Clases es un libro que se niega a ser categorizado como crítica literaria, y así es mejor. En todo caso, Clases (Literatura y disidencia) es un libro que acerca, que conecta, que da sentido a un montón de textos que los veinteañeros hemos leído justo sobre el fin del siglo pasado, cuando llegábamos a los dos décadas de vida con un país agonizante, el 2001 por delante y el nacimiento en medio de la dictadura militar y la guerra de Malvinas.

Teníamos veinte en pleno año 2000, y algunos libros favoritos: las obras completas y mal traducidas de Kafka (que conseguimos a 35 pesos en la calle Corrientes)  En el camino, de Kerouac, Almuerzo desnudo y la trilogía Nova de Burroughs, Un mundo Feliz y Las puertas de la Percepción de Huxley, El lobo estepario de Herman Hesse, La montaña mágica y Muerte en Venecia de Mann, mucho Hemingway y Mailer, claro,  algo de Bukowsky y MillerLa conjura de los necios de Kennedy Tool, y todo el tiempo releyendo la obra casi completa de Cortazar ?menos el anelado Autonautas de la cosmopista que nunca pudimos comprar- y Arlt. De alguna forma llegábamos tarde a la batalla en torno a lo formal que se había dado durante el siglo XX, pero no nos importaba porque nuestros fluctuantes bolsillos nos llevaban directo a las librerías de usados de la avenida Corrientes de Buenos Aires, el Parque Rivadavia, y algunos hallazgos en barrios porteños. Nuestra predilecta librería Romano de la calle Ayacucho ahora pero cuando abría en Lavalle también.
Lecturas casuales conectadas más por bolsillos desvencijados de estudiante que trabajaba en negro para la AFIP que por inquietud guiada o asesorada. Pero para qué renegar de eso si fue precisamente lo que me permitió tomar los libros sin miedo, en plan temerario para aniquilar horas de burocracia maldita.

Sin saberlo por supuesto, comprendimos o nos dimos cuanta, que sé yo, naturalizamos y juntamos como pudimos la forma-vida con la forma-lectura, sin separación posible. Entonces la vida misma nos permitía leer, nos reclamaba leer, bien a contrapelo de lo que frecuentemente sucede y de los discursos del tiempo escaso para la lectura.

?No tenemos tiempo?, dice Link, y dice bien. Y por eso tenemos tiempo. Porque cuando ya no hay tiempo es cuando nos permitimos permitirnos, cuando no tenemos tiempo lo pensamos todo de nuevo ?o ya no lo pensamos más- y nos convertimos en lo impensable.

Decimos todo esto porque Link desde sus Clases delineó un contorno invisible para nosotros hace unos años, de hecho no veíamos que no veíamos. Pero cuando leemos Clases pactamos un recorrido por las historias que nos contamos durante el siglo pasado, y ese recorrido tiene algo de nosotros, quizá porque Link es un tipo joven.

Entonces, con Clases, esas lecturas que mencionamos más arriba, Burroughs, Kerouac, Huxley y otros tantos más se vuelven acercar, ya no como unidades, ni como habitantes de una biblioteca diseñada por la economía sino como un fragmento de un tejido, como zona estructuras recombinatorias de sentido, con relatos que se relacionan en lo estético pero también ?y ahora más que nunca- en lo político.

Lean el libro de Daniel Link…