La webpolítica: ¿una nueva democracia?

Para darse a conocer y adquirir relevancia social, los políticos siempre recurrieron a herramientas de comunicación social. Por supuesto, los funcionarios son hijos de su tiempo y los medios que utilizaron fueron marcados por “signos de época”.

Franklin D. Roosevelt, dotado de una gran dicción y capacidad verbal, fue el rey de la radio. John F. Kennedy, con su apariencia refinada y carisma visual, conquistó a la TV.

En nuestro país, Raúl Alfonsín fue un lídear teatral, de grandes discursos y razonamientos anclados en el valor de la palabra pública; mientras que Carlos Saúl Menem fue la gran estrella de la televisión, y con su personalidad descontracturada y casi caricaturesca supo ser el centro de los programas de entretenimiento como Videomatch de Marcelo Tinelli y hasta se animó a bailar.

Lo mismo hizo Mauricio Macri, con sus chistes a cámara y sus versiones de Freddy Mercury ensayadas para la reproducción masiva por televisión. Ni hablar de Silvio Berlusconi, que pasó de ser conductor prime time a dueño de la TV italiana a Primer Ministro.

Cada uno, con sus propias estrategias mediáticas, procuró acercarse a su público y determinar su decisión de voto, una elección que de ningún modo es 100% racional o basada en causas objetivas. De hecho, el controvertido publicista de Macri, Jaime Durán Barba, confesó en una ocasión que las variables que más influyen a la hora de inclinarse por un candidato son las características de personalidad e imagen, más que las propuestas de acción o la mirada estratégica a futuro.

La ideología tampoco importa. Como hace unos años dijo el ministro de cultura de la ciudad, Hernán Lombardi, los políticos new age se jactan de pertenecer al PC. ¿Partido comunista? No, ni ahí. “El partido de lo concreto”.

De la vereda de enfrente, la presidenta de la nación se refugia en viejos dogmatismos que solían explicar el mundo antes de que el posmodernismo invadiera todo y destruyera, de una vez por todas, los grandes relatos totalizadores. Ajena a esta realidad, el medio predilecto de la presidenta es la prensa escrita: de allí las embestidas oficiales a papel prensa, las contestaciones a las publicaciones de los diarios y a los periodistas gráficos, la apertura de nuevos medios impresos oficialistas. La presidenta afronta el presente con medios de comunicación del pasado.

En Estados Unidos, en cambio, el presidente Barack Obama, asesorado por nada más ni nada menos que Chris Hughes (uno de los fundadores de Facebook), supo que la forma más efectiva de alcanzar a sus potenciales votantes, en esta sociedad en la que las formas de comunicarse están mutando, es la interacción social en redes.

Es de público conocimiento que su campaña presidencial de 2008 fue todo un éxito por el apoyo de la población electoral joven, que no sólo siguió los mensajes políticos online sino que además asumió un rol activo en la diseminación de la información, que es una nueva forma de producción de una masa incontenible de “eco” social.

Otra táctica que emplea de forma frecuente para estimular la participación de los ciudadanos es la llamada a la acción directa. La auto-convocatoria, las preguntas en el hashtag #askobama y la reciente iniciativa “What do you want to ask me?” en You Tube y en la página web de la Casa Blanca a pocos días de lanzar su campaña de re-elección, son algunas tácticas que el gobierno americano está ajustando para actualizar y renovar la democracia 2.0.

Además de Twitter, en donde su cuenta @BarackObama tiene más de 12 millones de seguidores, aceitó la estrategia de medios sociales en el blog Fight the Smears y en su propia red social: My.BarackObama.com. Allí, creó una red social paralela en donde los potenciales votantes subían sus perfiles de usuario, comentarios, blog personal y en donde podían estrechar lazos en su propia comunidad de amigos.

El concepto fuerte que conecta todos los aspectos de esta estrategia (porque el todo, obvio, siempre es más que la suma de las partes) es la idea de unión, de configuración de una comunidad de usuarios/votantes/ciudadanos. Twitter, por el uso que está adoptando, parecería ser la nueva (que parecía olvidada) opinión pública, y estaría re-semantizando espacios de comunicación del pasado y contribuyendo, a su modo, con las limitaciones que implica, la re-politización de muchos sectores de la población a quienes se los suponía como apáticos: los jóvenes de clase media que se apropiaron de esta herramienta y se sumaron a una propuesta globalizadota de cambio social, que no deja de estar anclada en los pequeños micro-relatos que la componen.

Otro punto fuerte de la webpolítica de Obama, que se evidenció esta semana con el discurso que pronunció el martes, es la coherencia entre el despliegue online y sus apariciones offline (que son reproducidas hasta el hartazgo en plataformas web, por lo ambas instancias se retro-alimentan). En su discurso, resalta los mismos aspectos que en sus twitts, páginas webs y blogs, la metáfora de la “unión” y el “estar juntos” es lo que brinda consistencia a sus apariciones, sea en donde sea y en las tecnologías que elija.

En su discurso de State of the Union, las palabras que más utilizó fueron las siguientes:

1 Presupuesto
2 Trabajo (job)
3 Esperanza
4 Juntos
5 Trabajo (work)
6 Bipartidismo
7 Energía
8 Economía
9 Guerra
10 Irak

El punto 4 condensa el significado de todos los otros aspectos mencionados: el retiro de las tropas en Irak, las políticas para mejorar la economía, la creación de nuevos empleos, la creencia en un futuro mejor, todas estas aristas son comparables y reducibles a la consigna de “estar juntos”. Como sociedad, como twitteros, como sujetos políticos, los logros se atribuyen al conjunto y se renueva la idea de democracia: no ya como gobierno indirecto de las mayorías, sino como representación mediatizada de la suma de individualidades que se comunican para alcanzar objetivos en común. El sentido, en este escenario, se negocia y se construye.

En nuestro país, en donde la política comunicacional del gobierno nacional se enfoca en la prensa escrita, la comunicación es unidireccional y broadcast. Es de uno a muchos. O peor: de órbitas del poder (el gobierno) a otros actores poderosos (los medios de comunicación masivos). En esta ecuación, los ciudadanos se quedan afuera. Se los interpela, pero no se los incluye.

En un artículo que escribió Beatriz Sarlo para la revista Noticias sobre los más de 600 discursos que la presidenta pronunció desde su asunción en 2007, las investigadora agrupó las palabras que más dijo Cristina Fernández de Kirchner:

1 Yo
2 Argentina
3 Quiero
4 País
5 Industria
6 Presidenta
7 Él
8 Mundo
9 Argentinos
10 Crecimiento

En esta construcción discursiva, el elemento aglutinador es el partido político gobernante, que no es el peronismo en abstracto sino una mitología kirchnerista según la cual él es un mártir idealizado, que evalúa la realidad desde el más allá (de ahí el “Que Dios, la patria y Él me lo demanden” del discurso de asunción de CFK) y la ciudadanía, una vez más, está opacada. Se la interpela como un genérico, como depositarios de la narrativa oficial, pero se los priva de un verdadero protagonismo.

La webpolítica, en este contexto, como en su momento fue la videopolítica con el auge de la televisión, está cambiando la forma de construir democracia. Los gobernantes contemporáneos no pueden regirse por sistemas de comunicación del pasado: es como si para en un entorno en el que todos usan Windows nos hablaran en el lenguaje del DOS. Los nuevos medios imponen nuevos lenguajes y nuevos sistemas, y permiten una conexión con la ciudadanía que no tiene precedentes. Saber manejar los recursos que brinda la webpolítica puede ser una posibilidad provechosa para la elite gobernante que puede, por una vez en la historia, acercarse de una forma diferente a la plebe gobernada.