La fábrica en casa


Escribí una nota sobre Fabbing para Noticias de esta semana. Sale esta noche.


La fábrica en casa

Cuesta 300 euros, puede imprimir cualquier objeto en tres dimensiones y se autorreplica.

Haga el esfuerzo: Imagine que está frente a su computadora trabajando con un programa de edición en tres dimensiones. Está, por ejemplo, diseñando una pelota de fútbol, aquella que siempre quiso y que no encuentra en los comercios. Ahora imagine que ya la tiene ahí en su pantalla, perfectamente acabada según sus preferencias y que, conectada a su computadora, tiene una impresora de Fabbing. Si así fuera, podría imprimir esa pelota y regalársela a su hijo.

Así será una escena cotidiana del futuro según imagina la comunidad de desarrolladores en torno al Fabbing, el método emergente de producción personal de objetos tridimensionales impulsado por instituciones científicas de gran prestigio como el Massachusetts Institute of Technology y Cornell University.

La forma más sencilla de entender de qué se trata el Fabbing es pensar en una impresora doméstica, aseguran sus desarrolladores, pero que ya no imprime letras e imágenes sobre un papel plano, sino objetos tridimensionales, como un vaso, una maqueta, un reloj, una cuchara o el prototipo de un teléfono celular.

Las grandes empresas utilizan este tipo de tecnología desde hace años como un método de prototipado rápido de productos en sus laboratorios de diseño. Pero esas 3D Printers, como la Zprinter 450 de Z Corporation, cuestan más de 30 mil euros, precio inalcanzable para presupuestos domésticos. El Fabbing busca romper precisamente esa brecha: bajar al máximo posible el costo de las impresoras 3D.

Un proyecto global. La reina bibliográfica del Fabbing por ahora es “FAB: The Coming Revolution on Your Desktop. From Personal Computers to Personal Fabrication”, de Neil Gershenfeld, el director de The Center for Bits and Atoms del MIT. Y el trabajo diario de desarrollo lo llevan adelante dos comunidades, una llamada [email protected] y otra RepRap.

Las impresoras Fabbing, que actualmente pueden producir objetos en varios materiales –sobre todo plástico, papel, metal y cerámica- aún no están a la venta porque todavía no son lo suficientemente estables, pero como se trata de proyectos abiertos, en Internet está toda la información disponible sobre cómo armarlas y comenzar a utilizarlas.

El objetivo de la colaboración entre los proyectos [email protected] y RepRap es perfeccionar la máquina, garantizar que sea autoreplicable (sí, autoreplicable: que una impresora pueda imprimir una impresora), bajar aún más su actual costo de producción, que es de unos 300 euros, y reducir el tiempo de impresión. Para ellos, la penetración doméstica de esta tecnología será un proceso tan revolucionario como la aparición de las computadoras personales.

Publicaciones como The Economist, The Guardian y Wired se han encargado recientemente del tema y coinciden en que, de masificarse, estas máquinas transformarán los modelos de negocios en decenas de industrias.

Futuro hoy. Si el Fabbing logra saltar el muro geek que actualmente cerca la incubación de semejante tecnología, algunos se animan profetizar una nueva revolución industrial ligada a esta posibilidad inédita de producción doméstica: desde juguetes a la carta a antenas para zonas rurales caídas en la brecha digital, desde diseños de indumentaria a nuevas formas de consumo y producción de marcas.

Hace doce años lo imaginó el escritor Neal Stephenson en “La era del diamante: Manual ilustrado para jovencitas”, una novela sobre el futuro de la nanotecnología en la que se habla de la “matter compiler” (compiladora de materia). Pero dejó de ser un delirio de la ciencia ficción y ya está aquí, a punto de entrar en la vida doméstica.

Más información y videos para ver la impresora en funcionamiento en www.fabathome.org y www.reprap.org.